Embarazada del tío de mi ex

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Capítulo 5 La rabia de mi ex

POV ADDISON

La mirada de Nicolás fluctuó entre su tío y yo, transformándose en una mueca de incredulidad y asco. El silencio que cayó sobre la mesa era tan denso que casi se podía escuchar el chirrido de sus dientes. La chica rubia que venía con él, al notar la tensión violenta que irradiaba su cuerpo, dio un paso atrás, soltándole el brazo de inmediato.

—Repíteme qué carajos haces aquí, Addison —escupió Nicolás, dando un paso hacia el frente. La arrogancia que traía al entrar al restaurante se había convertido en una furia ciega, de esa que le ponía las venas del cuello a punto de estallar.

Yo me quedé helada, aferrando la servilleta de tela bajo la mesa hasta que los nudillos se me pusieron blancos. El aire se me atoró en la garganta. La culpa y el miedo me golpearon primero, pero ver su rostro, el mismo rostro del hombre que me había engañado en nuestra propia cama, encendió una chispa de rabia defensiva en mi pecho.

—Cuida tu tono, Nicolás —la voz de Liam cortó el aire como una cuchilla de hielo. No se movió ni un milímetro, ni siquiera dejó de sostener su copa de agua, pero su tono barítono barrió con toda la autoridad que mi ex pretendía tener—. Estás interrumpiendo mi cena.

—¿Tu cena? ¿Con ella? —Nicolás soltó una risa histérica, seca, señalándome con un dedo tembloroso. Se inclinó sobre la mesa, ignorando por completo la advertencia de su tío, con los ojos inyectados en sangre fijos en mí—. ¡Esta muerta de hambre estuvo rogándome cuatro años! ¿Y ahora resulta que se mete contigo? ¡Por favor! Si supieras lo patética que es...

—Nicolás, lárgate —susurré, intentando que mi voz no delatara el temblor de mis manos.

—¡No me voy a largar un carajo! —rugió, llamando la atención de las mesas cercanas. El maître comenzó a caminar hacia nosotros con pasos apresurados, pero una sola mirada de Liam lo detuvo en seco—. ¿Sabe qué es lo más gracioso de todo esto, tío? Que te está viendo la cara. Esta puritana no se dejó tocar ni una sola vez en cuatro años. ¡Cuatro malditos años jugando a la santa, diciendo que quería esperar, que no estaba lista, que nuestro amor era "puro"!

Las palabras me golpearon como bofetadas físicas. Sentí que las mejillas me ardían de la humillación. Era verdad. Mi educación tradicional y mis propias inseguridades me habían llevado a frenar esa parte de la relación, queriendo estar segura de que él era el indicado. Y el colmo del destino, la ironía más sucia y humana de mi vida, era que la misma noche que descubrí su engaño, me entregué por completo al hombre que ahora estaba sentado a mi lado. El cuerpo me temblaba de impotencia.

—Me tuviste como un idiota esperando, Addison —continuó Nicolás, con una sonrisa enferma, destilando veneno puro—. ¿Y ahora te le abres de piernas al viejo de la familia en cuanto te dejo? ¿Qué pasa? ¿El dinero de su billetera sí te encendió la santidad? ¿Cuánto te costó el chiste, tío Liam? Porque te aseguro que te estás llevando una mercancía que no sabe hacer nada en la cama.

—Suficiente —la voz de Liam no se alzó, pero el peso de su autoridad golpeó la mesa con la fuerza de un mazo.

Liam dejó la copa de agua con una lentitud calculada, se puso de pie y, con sus más de un metro ochenta y cinco de estatura, eclipsó por completo a su sobrino. La frialdad de su mirada oscura era aterradora. Había un carisma peligroso en la forma en que caminó esos dos pasos hasta quedar frente a Nicolás, obligándolo a dar un paso atrás por puro instinto de supervivencia.

—No voy a tolerar que le faltes el respeto a la mujer que va a llevar mi apellido —sentenció Liam, cada palabra pronunciada con una precisión matemática—. Lo que Addison haya decidido hacer con su cuerpo antes de mí, no es de tu incumbencia. Pero lo que hace ahora, me pertenece. Y te sugiero que midas tus próximas palabras, porque cada insulto que salga de tu boca es un millón de dólares menos en el fideicomiso que estás tan desesperado por recibir.

Nicolás palideció. La mención del dinero lo golpeó justo donde más le dolía. Miró a su tío, luego me miró a mí con una mezcla de odio puro y una realización horrorosa que empezó a cruzarle el rostro. Sus ojos bajaron de mi cara hacia mis manos, y luego hacia mi postura defensiva.

—¿Tu apellido? —la voz de Nicolás bajó a un susurro roto, incrédulo—. ¿Te vas a casar con ella? Estás loco... Esto es una trampa. Ella solo quiere tu dinero, tío. ¡Te está usando para vengarse de mí!

—La decisión está tomada, Nicolás. Y a partir de mañana, le debes el respeto que se le tiene a la matriarca de esta familia —Liam dio media vuelta, regresando a su asiento sin darle la menor importancia a la rabieta de su sobrino. Miró al maître que esperaba a unos metros—. Saquen a este hombre de mi vista. Y asegúrense de que no vuelva a entrar a este establecimiento.

Dos hombres de seguridad aparecieron de la nada, tomando a Nicolás por los brazos. Mi ex intentó zafarse, pero era inútil. Mientras lo arrastraban hacia la salida, me clavó una última mirada cargada de una promesa de destrucción.

—¡Esto no se va a quedar así, Addison! —gritó antes de que las puertas dobles se cerraran—. ¡Voy a averiguar qué estás tramando y te voy a hundir!

Cuando el restaurante volvió a la normalidad, me tapé la cara con las manos, sintiendo que las lágrimas finalmente ganaban la batalla. Mi peor secreto estaba a punto de convertirse en una guerra pública, y yo estaba atrapada en medio del fuego cruzado de los Heisenberg.

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