Embarazada del tío de mi ex

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Capítulo 4 Una cena con el enemigo

POV ADDISON

El viaje en el asiento trasero del auto de Liam se sintió como un descenso lento hacia mi propia ejecución. El olor a cuero nuevo y su perfume de maderas caras inundaban el espacio, asfixiándome. A mi lado, él revisaba unos informes en su tableta, con la mandíbula rígida y una indiferencia que me hacía dudar de si la noche que compartimos había existido de verdad. Para él, esto era una transacción; para mí, era el abismo.

El chofer se detuvo frente a un restaurante exclusivo en el centro de la ciudad, de esos donde no entras si tu apellido no tiene peso histórico. Cuando Liam me ofreció su brazo para entrar, dudé un segundo antes de apoyar mis dedos temblorosos sobre la tela de su saco gris. Su calor me recorrió la piel, un recordatorio sutil de la fuerza que poseía.

—Pondrás tu mejor cara, Addison —susurró cerca de mi oído mientras el maître nos guiaba a una mesa privada al fondo—. No me gustan los cabos sueltos, y menos ante los ojos de quienes nos rodean.

Nos sentamos y el aire se me escapó de los pulmones al ver el menú. Pero mi verdadera tortura no era el protocolo, sino la bomba de tiempo que llevaba en el bolso: mi teléfono. Tenía tres llamadas perdidas de mi madre. ¿Cómo se supone que le dices a unos padres tradicionales de clase media que estás embarazada a los veinticuatro años, sin un empleo estable, y que el padre es el tío millonario del novio que acaban de conocer hace unos meses? "Mamá, papá, no me voy a casar con Nicolás. Me voy a casar con su tío porque pasé una noche de copas en su cama". Me repudiarían. Se morirían de la vergüenza.

Un camarero interrumpió mis pensamientos catastróficos sirviendo agua en mi copa. Liam me observaba fijamente sobre el borde de su vaso, analizando cada microexpresión de mi rostro.

—Estás extrañamente silenciosa —comentó con su voz barítona, dejando el cristal sobre la mesa—. ¿Arrepentida antes de firmar?

—Estoy pensando en mis padres, Liam —solté, sin filtros, dejando que la vulnerabilidad humana ganara por una vez—. No son parte de tu mundo. No entienden de contratos de co-paternidad ni de matrimonios por conveniencia. Si se enteran de esto por la prensa o por un abogado, los voy a destrozar. No sé cómo mirarlos a la cara y decirles que el bebé que espero es tuyo.

Liam se reclinó en su silla, entrelazando sus dedos largos sobre el regazo. No hubo burla en sus ojos oscuros, solo esa fría y calculadora eficiencia que lo caracterizaba.

—Les diremos la verdad a medias, que es la única verdad que la gente necesita saber —respondió con calma—. Les diremos que nos conocimos antes de que terminaras con Nicolás, que lo nuestro fue un flechazo inevitable y que nos casamos por amor. El embarazo simplemente aceleró los planes.

—¿Amor? —solté una risa amarga, frotándome las sienes porque la cabeza me volvía a latir—. Nadie va a creer eso. Nicolás sabe perfectamente que yo lo amaba... o que creía hacerlo. Va a atar cabos. Va a gritarle a todo el mundo que soy una cualquiera que se metió en la cama de su tío para escalonarse en tu maldito imperio.

—Que intente gritar lo que quiera. Una sola orden mía y Nicolás se queda sin herencia, sin apellido y sin un centavo en las cuentas que le mantengo —la voz de Liam se volvió un susurro gélido, peligroso y cargado de un carisma que me dio escalofríos—. En este juego, Addison, el que tiene el dinero dicta la narrativa. Mañana mismo enviaré un auto por tus padres para cenar con ellos en mi mansión. Yo me encargaré de convencerlos.

Antes de que pudiera replicar, el sonido de unos pasos firmes y una risa insoportablemente familiar nos interrumpió. Mi corazón se detuvo.

—¿Tío Liam? No sabía que cenabas aquí esta noche...

Giré la cabeza despacio, sintiendo el estómago revolverse por completo. Nicolás estaba de pie a un lado de nuestra mesa, vistiendo un traje llamativo y con esa sonrisa arrogante que ahora me causaba un asco visceral. Detrás de él, una chica rubia de vestido ajustado se aferraba a su brazo. Mi ex abrió los ojos de par en par al reconocerme, y la sonrisa se le borró del rostro, reemplazada por una mueca de pura confusión y desprecio.

—¿Addison? ¿Qué demonios haces tú sentada con mi tío?

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