Ella, es mi Reyna

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Capítulo 3 3

KAYLEE

Salgo del baño envuelta en una toalla. Miro la hora y son las 6:37 a.m camino un poco apurada busco mi vestuario necesito ir rápido a la empresa.

Me pongo un conjunto una falda negra ajustada a mi cadera hasta la rodilla una camisa blanca un poco escotada até mi cabello con una liga. Tome mi móvil y mi cartera me pongo mis botas altas y bajo las escaleras mire la ventana que había en mi habitación.

Hoy el clima está lluvioso, busco mi gabardina negra y me la pongo, meto mis manos en los bolsillos laterales de la gabardina dios hace un frío.

— Bueno días abuela — saludé para sentarme en el comedor y esperar a que me traiga mi desayuno.

— Buenos días cariño — susurró para dejar la bandeja en el centro de la mesa, volvió a entrar a la cosina para traer otra bandeja donde traía café, jugo y leche.

Mi abuela se sentó al lado mío por suerte el comedero era solo para cuatro personas. Tome unos Waffles recién hechos le coloque miel en el centro mientras sirvo el café.

— Hoy estaré todo el día en la joyería cariño — me comentó.

— Está bien — susurré para morder mi waffle.

— Cuando vas a ir a la joyería no has ido desde que empezaste a trabajar en esa empresa — me reprochó para beber de su café.

Eso es verdad no he ido a la joyería por varias razones, estoy cansada, mucho trabajo.

Comemos en silencio.

— Ayer en la noche cuando estaba por cerrar la joyería mire al bastardo de tu padre — dejé los cubiertos en la mesa.

— Abuela — reproché mientras negaba con la cabeza. Cada vez que hablamos de mi padre lo insulta.

— Es verdad es un bastardo, soy su madre y ni siquiera me ha venido a ver — renegó para beber de su café.

Me reí al oír eso y seguí comiendo.

— Me voy abuela — me despedí para besar su mejilla y caminar hacia afuera. Una ráfaga de viento golpeó mi cuerpo haciéndome temblar. Una brisa golpeaba mi rostro haciéndome temblar de frío.

Dios que frío.

Me monte en mi auto y maneje a una velocidad moderada mientras oía música de Hailee Steinfeld mientras miraba a los niños y adolescentes correr para subirse al autobús para ir a la escuela..

Mi padre antes de la muerte de mi madre siempre me llevaba a la parada del autobús para despedirse de mi con un gran abrazo y un beso en mi frente me decía te amo. Pero después de la muerte de mi madre se volvió un monstruo, mi padre Jayden Anderson un hombre ejemplar que luego se volvió un monstruo. Jamás pensé que el me hubiera tratado así tan mal.

Pero la vida sigue y todo se paga, como el lo está pagando muy cruel el haberse casado con Hazel una mujer tan mala.

Sentí mis lágrimas caer por mis ojos, ¿Por qué tenía que sufrir tanto? Sí apenas era una niña de diez años pero todo en la vida se paga.

Me detengo en el estacionamiento mirando a mi alrededor no había muchos autos saque de la guantera de mi auto una pintura labial rosa y me pinté salí del auto y camina con mis manos metida en los bolsillos laterales de mi gabardina. Soy una persona profesional gracias a mi abuela por su apoyo y esfuerzo soy lo que soy una profesional .

Estaba por entrar a la empresa voy demaciado tarde.

— ¡Kaylee! — me volteo y miró a mi jefe que correr hacia mi.

— Dígame señor — el me miro mal y negó con la cabeza.

Mire la hora 7:35 a.m, y joder es muy tarde.

Lo miro de pies a cabeza llena una gabardina azul que le hace juego con su traje azul petróleo sus zapatillas muy bien lustrada.

— Veo que llegamos tarde — asentí y me tense cuando rodeo su brazos con el mío. Parecíamos pareja — vine tarde por el maldito tráfico, ¿Y tú?.

— Me quedé dormida y estuve platicando con mi abuela — asintió.

Caminamos hacia adentro con las miradas. Me sentía incómoda.

— Se siente raro venir agarrada de mi jefe — murmuré cuando entramos al elevador.

— No deberías sentirte rara más bien afortunada ya que un hombre guapo como yo esta caminando con una chica tan hermosa — vaya que alto tiene su ego.

Me reí y nos adentramos al elevador y apreté el botón derecho que decía: piso treinta.

— ¿Y dime hoy tienes planes? — asentí no quiero salir con el.


Miro enojada a Kaelyn que se ríe de mí a carcajadas.

— ¿Quién lo diría? — dice para secar sus lágrimas.

— Deja de burlarte Kaelyn — murmuré sería y ella no dejaba de reírse.

— Es que... Tu y el señor Ryder con los brazos entrelazados y tu cara de incomodidad era muy gracioso.

La fulminó con la mirada y ella se ríe.

Desgraciada.

— Ya basta, ¿Y tú dime cómo fue tu noche de pasión? — susurró mirándola con picardía.

Ella miro a otro lado.

Ambas trabajamos en el mismo piso solo que ella se encarga de sacar copias.

— Oh vamos cuéntame cómo que no se lo que hacen tu y el señor Caden Otis — dije para mirar mi ordenador.

El señor Caden Otis es un congresista de la empresa tiene Veinticinco y Kaelyn tiene mi edad.

— Bueno está bien, fuimos a cenar al restaurante el más caro de California, y luego fuimos a un bar bailamos y... Ya — dice mirando a otro lado.

— Oh sé que eso no es todo, hay algo más vamos cuenta ya.

Ella se mordió el labio.

— Cuando estábamos en el bar llegó una chica llamada Cora y el se puso hablar con ella — dice molesta — ¡Ignorando me! — grito para maldecir lo más de mil veces.

El señor Caden se conoce como un hombre que juega con las mujeres, no ha tenido novia.

— No te pongas así las demás secretaria te lo habían advertido cuando el se interesa en otra mujer ignora a sus acompañantes — asintió molesta — ¿Oh no es así?.

— Si es verdad, siempre me digo a mi misma porque salgo con idiotas, estúpidos, para nada buenos a la hora del sexo — hablo para jugar con su bolígrafo — ¿Por qué a mí?, ¡¿Siempre me digo a mi misma por qué salgo con hombres estúpidos por qué?!.

Me río negando. Cuando se habré la puerta de la oficina del señor Ryder.

— Perdón si interrumpí — adjunto para mirarnos.

— No, no se preocupe no hablamos de nada interesante, adiós Kaylee.

Se despidió de mi para desaparecer de mi vista. Me gire y mire directo a Ryder.

— ¿Se le ofrece algo? — pregunté para mirarlo.

— ¿Puedes venir un momento a mi oficina? — asentí y apague el ordenador para seguirlo a el.

— ¿Sucede algo?, ¿Hice algo malo? — pregunté.

— No, no hiciste nada malo — argumento para mirar su ordenador y suspiro — Necesito que vengas conmigo a Grecia.

Me quedé estática, ¿Ir a Grecia?.

Jamás he ido en sus viajes de negocios siempre me quedaba aquí, jamás he viajo a otra ciudad o país.

— Ryder tú... Nunca me has llevado a ningún viaje de negocios, ¿Por qué ahora? — hablé mirándolo fijamente, estrujé mis manos.

— Lo sé y sé que te parece raro, pero necesito que vayas conmigo.

— ¿Por qué tanta insistencia?.

— ¿Por qué si? — me dijo — Este viaje es de negocios necesito ir a Grecia porque compraré unos hoteles allí y no podré hacer todo junto — asentí dudosa — Piénsalo tienes hasta la noche.

— Lo discutiré con mi abuela — el asintió — ¿Por cuántos días?.

— Por tres días.

Salí de allí y me senté en mi silla.

— ¿Ir a Grecia? — me dije a mi misma — ¿Tres días no puede pasar nada malo verdad?.

Jamás me he alejado de mi abuela.


Abro la puerta principal de la casa. ¿Cómo carajo se lo diré?.

Entro y me quitó la gabardina.

— ¿Abuela? — la llame porque no hay ningún rastro de ella.

— ¡Aquí cariño en el ático! — grito subí las escaleras hasta llegar al pasillo y mire la escalera del ático a bajo. Subí la escalera y mire adentro.

Busque con la mirada a mi abuela por todo el ático.

— Mira Kaylee.

Me adentré al ático y mire que sacaba unas figuras de barro muy bonitas. Camine hacia un montón de cosas en el suelo. Y allí estaba.

Me agache a su lado.

— ¿Por qué tienes esto aquí? — pregunté para agarrar un sombrero de los años antiguos.

— Los tengo porque son recuerdos de mi juventud y la juventud de tu abuelo — asentí y agarre una cosa que parecía correa. ¿Para que se ocupa está correa?.

Debe ser lindo guardar cosas de tu juventud y enseñárselas a tus hijos.

— ¿Qué es esto? — pregunté para levantarlo y ella se ríe y se sonroja.

— Eso la usaba con tu abuelo para hacer... Ya sabes cositas sucias — dijo riendo y tire la correa.

— ¡Ay qué asco! — grité para limpiarme las manos — ¡¿Por qué tienes eso allí?! — pregunté sería.

Ella me ignoro.

— Abuela me iré a Grecia — dije y a ella se le cayó un figura de barro.

— ¡¿Qué?! — grito y para tomarme de los hombros — ¡¿Por qué te querés ir?! — me preguntó para mirarme con dolor.

— Abuela tranquilízate — dije y ella negó — No me iré para siempre solo serán tres días tranquila.

Ella suspira para luego golpearme la cabeza suavemente.

— ¡¿Me quieres matar de un susto?! — me reí y negué — ¡Mira mi figura de barro! — me grito para tomar los pequeños trozos de barro.

Me reí divertida.

— Es por negocio no te quejes — ella asintió no tan convencida.

Y me abalanzó hacia ella para abrazarla.

— Está bien ve y me llamas todos los días.

Asentí, pensé que sería difícil pero veo que no.

Salgo del ático y camino hacia mi habitación saco un equipaje y guardo mi ropa cuando mi móvil empezó a sonar.

— Hola Kaylee ¿Lo pensaste? — me preguntó Ryder.

— Si Ryder hablé con mi abuela y iré — dije.

— Entonces te espero en el aeropuerto mañana — afirmó.

— Claro allí estaré.

Colgué la llamada.

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