Capítulo 6 Te amo, parte 2
—Keidys, mi nombre es Mateo, yo estudio contigo, pero tal vez no lo sepas, me acompañaste el primer día que llegaste al colegio a la cafetería, —silencio incómodo—. Bueno, yo solo quiero decirte que toda mi vida he estado enamorado de ti; no he querido tener ni una sola novia porque siempre estuve esperando este momento, yo... te amo.
—¿Tan bajo vas a caer? —preguntó Alejandra cruzada de brazos, sentada en su pupitre.
—¿Por qué? —preguntó Mateo mientras la sangre subía hasta sus mejillas.
Estaban solos en el salón de clases y al joven se le había metido la loca idea de declararle su amor a Keidys.
—Ella tiene toda una gran fila de pretendientes en los cuales hay grandes modelos —explicaba Alejandra con tono aburrido— y si te declaras no creo que consigas otra cosa que no sea un rotundo rechazo. Además, lo único que la hace ver a ella tan "diosa" es su carrera de modelo, si no lo fuera, sería una chica mimada; que en realidad lo es, pero como es modelo eso la hace ver cool —Alejandra arrugó su rostro y después se levantó de su puesto y miró fijamente a su primo—. Antes de confesarte debes aprender a conquistarla.
—¿Y cómo hago eso?
—Eres hombre, debes saberlo —replicó la joven, aunque, a decir verdad, ella tampoco sabía cómo.
—Debes ser un chico malo, —escuchó detrás de él—, que la ignore y que no fantasee con ella: lo peor que puede haber para una mujer es eso, que la ignoren, que la rechacen; y si tú lo haces con ella, la vas a traer a ti y será Keidys quien se declare.
—Josef —soltó el joven, volviendo su rostro atrás.
—Es simple, así de fácil —concluyó Josef.
Se sentó al lado de Mateo.
—Eso era lo que le iba a decir —dijo Alejandra mientras soltaba una pequeña carcajada.
—Yo no sería capaz de ignorarla, ella es tan preciosa que... yo... no lo sé, se me haría imposible, cada vez que la veo, mi corazón se quiere salir de mi pecho, nunca en mi vida he sentido tanto amor por alguien —confesó Mateo.
Josef se cruzó de brazos mientras analizaba las palabras del joven embriagado de amor.
—Pero tú nunca has tratado con ella, ¿cómo puedes enamorarte tanto de alguien así? —reprochó la joven muy enfadada, no soportaba el ver a su primo en aquellas condiciones. — ¡No la conoces en realidad!, puede ser una mala persona.
—¡Claro que la conozco! —Se fastidió Mateo—. Su color favorito es el rosado claro, tiene un hermano mayor, le encanta salir a trotar las tardes de los viernes y le gusta escuchar música antes de dormir mientras limpia su rostro; a ella le gusta tener conversaciones largas y ama ir a la playa para broncearse, tiene una buena relación con su hermano mayor y quiere ser actriz, pero antes quiere terminar sus estudios.
Al joven terminar de hablar, se hizo un gran silencio en el salón de clase.
—¿Estás seguro que la conoces bien? —preguntó Josef con su típica voz un tanto neutral.
—Acabo de decir que sí —respondió Mateo muy seguro de sus palabras.
—Es lo que has investigado o lo que ella ha dicho en televisión, pero ¿será cierto? —cuestionó Alejandra.
—¡Claro que es verdad! A ella no le gusta mentir.
—Habla con ella, —recomendó Josef—, así podrás saber si lo que tienes por Keidys es un encanto o en realidad es amor.
Josef se levantó del pupitre y salió del salón. Tenía otro concepto de Keidys, otros gustos: sus verdaderos gustos, la personalidad complicada y explosiva que tenía en realidad. “Es caprichosa, engreída, no canta para nada bien, tiene pesadillas cuando llueve con relámpagos, odia a los payasos y come chocolate a escondidas de todos. Llora cuando alguien la trata mal y tiene un pasado que quiere olvidar y del cual yo soy el culpable; su verdadero color favorito es el rojo fuego; no conoce nada de literatura pero su libro favorito es Mujercitas, un libro del cual no recuerda el nombre de la escritora, aunque amó la película. Quiere ser actriz, pero odia tener que hacer ejercicio y no le gusta su segundo nombre” pensó Josef mientras se sentaba en una banca de un parque dentro del colegio.
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Mateo estaba bastante pensativo por la recomendación que le había dado Josef, hace dos semanas que Keidys llegó a estudiar al colegio y cada vez que la observaba de lejos pensaba que era perfecta, en su mente no entraba la idea de que ella fuese una niña mimada o arrogante como creía su prima Alejandra.
Su hermana mayor vivía cerca de la casa de los padres de Keidys y por esa misma razón fue a visitarla para ver si tenía suerte de verla, aunque sabía que la joven siempre estaba ocupada, pero ese día había pensado en declarar sus sentimientos a la chica.
—Mateo, ¿me podrías hacer un favor? —Preguntó su hermana entrando a la sala, él dejó de leer un libro y la observó detenidamente—, debo ir al trabajo por unos papeles que se me quedaron, ¿podrías llevar a Lucas a sus entrenamientos de natación?
—Claro, claro —Mateo se levantó del mueble y le mostró una sonrisa. Escuchó en el fondo unos pequeños gritos alegres que al poco tiempo llegaron a la sala.
Después de llevar a su sobrino a sus clases de natación, decidió caminar un poco por un parque que había cerca de allí. Quería pensar en las palabras que debía utilizar para confesarse, sabía que no era tan feo, así que tal vez ella le podría dar una oportunidad. Observó que al fondo del lugar se estaba haciendo una sesión de fotos, ahí estaba Keidys, sentada con bastante delicadeza en una banca, era la nueva colección de verano. Se veía tierna y llena de mucha frescura.
Mateo, anonado se quedó observando de lejos a la joven, aunque le sorprendió ver que de la nada Keidys empezó a gritarle a una chica que le estaba retocando el maquillaje.
—¡Eres tan torpe!, ¡lárgate!, ¡te dije que te largaras! ¿Aparte de torpe eres sorda? —Se levantó de la banca y se retiró dando un golpe al pecho de la chica—, ¡terminamos por hoy! —ordenó.
Mateo quedó pasmado por aquel comportamiento, aunque pensó que tal vez ella no había tenido un buen día; había explotado, cualquier persona tiene momentos de cólera, aunque aquella parte de Keidys le había disgustado un poco.
A la mañana siguiente, había decidido hablar con ella en el colegio, aunque siempre estaba rodeada de estudiantes.
—Sí, mi hermano me los compró en Francia y me los dio en mi cumpleaños —mostraba sus aretes a sus amigas y después soltó una pequeña carcajada.
—¡Son muy costosos! —se sorprendían sus amigas.
—Eso no es nada, bueno, al menos para mi familia —dijo la joven con un tono bastante engreído.
Mateo se encontraba sentado en la banca de al lado donde estaba el grupo de chicas en el parque, la tarde era algo soleada y se podía escuchar un pequeño grupo de grillos cantando. El joven no sabía qué pensar, cada vez que estaba cerca de ella para analizar su comportamiento sin introducir sus sentimientos... se daba cuenta que ella no compaginaba con la Keidys que hace años atrás lo había enamorado con su linda personalidad.
Una noche veía una publicidad en una pantalla gigante que había en el centro de la ciudad, aquella foto dulce de Keidys presentando la nueva línea de ropa de verano juvenil, era de esa vez que le gritó a la joven sin consideración alguna. Al mirar la foto de ella recordó las palabras que le dijo aquella mañana a una chica "no estorbes" y la empujó y siguió caminando como si nada.
Comenzaba a pensar que se había ilusionado con una imagen falsa de Keidys, era alguien hipócrita que solo actuaba para verse perfecta frente a un lente y así cautivar a los espectadores. Simplemente… aquella chica… era una más del montón.
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—¿Quién te crees que eres? —preguntó Mateo a Keidys mirándola fijamente a los ojos—, eres arrogante y malcriada, pero eso no quiere decir que tengas el derecho de pisotear a las personas, ¿entendiste?
Keidys lo miró de pies a cabeza mientras mostraba un gesto de desagrado, pero Mateo no apartaba su mirada de ella, deseaba que al menos una persona la pusiera en su lugar por una vez en su vida. Y ese iba a ser él.
