Capítulo 4 La identidad de Josef parte 2
Keidys se estaba escondiendo de un grupo de fans que no la dejaban ni siquiera ir al baño: necesitaba uno urgente, aunque se había perdido en el camino.
—Este edificio no estaba antes aquí —dijo para sí mientras veía por el balcón del tercer piso. Era bastante tranquilo y muy pocos estudiantes se veían cerca.
La lluvia se escuchaba caer en las hojas de los árboles de mango y hacía que la chica se llenara de tranquilidad, “tengo bastante tiempo que no estoy en un espacio tan tranquilo” pensó. Aunque su vejiga pidiendo urgente un baño hacía que su tranquilidad se fuera “¿dónde hay un baño?” pensó.
Siguió caminando por el pasillo, vio que la puerta de un salón estaba abierta, entró y su mirada recorrió el lugar que era iluminado por una luz blanca artificial y un gran ventilador giraba lentamente, era un espacio vacío con piso de madera.
En una esquina estaba Josef sentado en el piso, leyendo un libro bastante gordo con una cubierta marrón de cuero.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Keidys, recostándose a una pared blanca en el interior del salón.
—Lo mismo te pregunto —Josef cerró su libro y acomodó sus lentes, subiendo la mirada a ella.
—Apareces en todos los lugares a los que voy. ¿Acaso me estás siguiendo? —soltó Keidys. Después se arrepintió de haberlo dicho: ya imaginaba cual sería la respuesta del muchacho.
—¿Por qué te seguiría? Si quisiera verte solo tendría que esperar a que comiencen las clases, te sientas a mi lado. Además, eres tú quien vino a interrumpirme —se levantó del piso y se acercó a Keidys con su personalidad que lo hacía ver imponente frente a ella—. No te agrado en lo absoluto, ya me di cuenta de eso, ¿pero, por qué aun así me hablas?
Keidys lo observó fijamente: él no era un nerd, solo le gustaba estudiar, pudo ver que seguía siendo serio y bastante seguro de lo que quería. No había cambiado en lo absoluto y tampoco lo hizo en la forma de tratarla.
En ese momento un gran dolor se clavó en el pecho de la joven, a Josef no le importaba cuan linda Keidys estaba, su forma de tratarla era seca, se notaba que le fastidiaba el tenerla a su lado.
—Yo tampoco te agrado, parece que ya es mutuo —dijo Keidys.
—No estoy diciendo que me desagrades, no te conozco aun; —explicó Josef— por eso no puedo sacar una conclusión con respecto a tu personalidad. Pero si sigues molestándome, habrás logrado que tenga una imagen bastante terrible de ti.
—La imagen que tengas de mí no me importa en lo absoluto, Josef. Solo eres otro estudiante más sin importancia alguna para mí —Keidys desplegó una sonrisa retorcida y salió del salón de clases.
Caminó rápidamente por el pasillo, casi corriendo: su vejiga quería explotar.
“¡Necesito un baño urgente!” pensó.
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—…Y entonces yo caí a ese charco y Tomás se burló de mí, siempre que estoy frente a él, yo, yo, yo... termino así, ¡eso me enoja tanto! —Decía Alejandra mientras daba vueltas por todo el cuarto de Josef.
El joven solo lo que hacía era ver a su vieja amiga llorar mientras se desahogaba. Ella limpió su nariz con un pañuelo.
—Después mi primo me ayudó y Tomás no hizo nada, no sé cómo puede un tipo así ser mejor amigo tuyo, en serio, es horrible.
—Pero así te gusta —soltó Josef de la nada y Alejandra sintió que su espina dorsal se erizó por completo. Después soltó nuevamente el llanto y se tiró de espalda en la cama.
—Eso es lo peor —esbozó—, pero yo a él no, su tipo de mujer es una de cuerpo perfecto: así, como Keidys; ella sí que tiene el cuerpo perfecto. La odio.
—Pero tú tienes mejor personalidad que ella —dijo Josef con tristeza y recogió sus piernas, abrazándolas con sus brazos mientras los dedos de sus pies sentían el calor de las sábanas azules.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Alejandra.
A la mente de Josef llegó el recuerdo doloroso de la última conversación con Keidys. Nunca creyó que ella llegara a ser tan mala persona. Dejó reposar su barbilla en la manga larga de su abrigo que cubría sus brazos.
—¿No lo has notado? Keidys es bastante engreída y un tanto molesta —explicó Josef.
—Es cierto, te toca compartir puesto con ella, ¿te ha molestado? —dijo Alejandra gateando hasta donde estaba sentado Josef en la cama.
—Digamos que no me ha molestado, solo conversamos un par de veces y no fueron las mejores conversaciones que he tenido —explicó Josef.
No quería contarle a su amiga sobre temas tan delicados como el de Keidys. Menos explicarle el por qué ella era así con él.
—Vaya, así que entonces a esa tipa sí se le ha subido la fama a la cabeza, es una engreída total —criticó Alejandra.
Josef se arrepintió de haberle dicho aquellas cosas a Alejandra, no quería que tuviera una idea equivocada sobre ella. Al final, Keidys era la chica que le gustaba desde que era un niño y solo tenía rabia por la primera impresión que tuvo de la joven ese día.
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Keidys estaba en el patio de su casa haciendo cardio en una elíptica que se encontraba en el enorme patio de su casa, a unos metros de la piscina. Su hermano supuestamente leía un libro en una mesa blanca de vidrio circular que se encontraba en un quiosco de madera cerca de las máquinas, aunque, en realidad miraba a su hermana hacer sus ejercicios.
—¿Cómo te fue en el colegio? —preguntó Santiago (su hermano).
—Bien, aunque un poco molesto el que todos me miraran —dijo ella, terminando sus ejercicios y caminando a donde estaba su hermano.
— ¿Viste a Josef?
—Sí, el muy desgraciado está en mi clase. ¿Por qué no me dijiste que eran amigos? —se cruzó de brazos.
—Porque reaccionarías como lo estás haciendo ahora mismo —respondió sonriente.
—Sabes que él me hizo mucho daño, Santiago; por su culpa me he vuelto en lo que soy ahora —Keidys puso sus manos en sus caderas y trataba de calmar su respiración.
—Eso fue hace años Keidys, y pues ese cambio te ha ayudado mucho, —alegó Santiago— ahora tienes un cuerpo perfecto, eres famosa, tienes toda una carrera de modelo por delante, además, gracias a eso nuestra familia ha salido adelante, ¿qué tiene de malo?, Josef no es una mala persona.
—¡Mentira! —protestó Keidys con el rostro rojísimo de la furia—. Por su culpa yo he sufrido mucho: no quiero que vuelva a poner un pie en esta casa ¿entiendes? No lo voy a permitir.
