Ella era fea 2

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Capítulo 4 ¿Y si nos queremos para siempre? Parte 2

Keidys soltó el llanto cuando estuvo acostada en su cama, después escuchó el sonido de la puerta abriéndose, Alejandra pasó y se sentó al lado de su amiga, una de sus manos le hizo masajes circulares en su espalda:

—Ay, amiga, creo que tal vez estás exagerando las cosas, yo pienso que Josef, aunque es un completo idiota él… te ama, deberías de hablar con él, no armes una película antes de tiempo; él no está aquí para defenderse de todas las cosas que estamos diciendo de —dijo Alejandra. Keidys se sentó en la cama y limpió las lágrimas de sus ojos. 

—Es que todo lo que he visto por ahora me dice que Josef ya no me quiere, se va a casar con esa tal Carolina y solo para poder ganar más dinero —Keidys volvió a soltar las lágrimas y un pequeño grito. 

—¿Y tú vas a dejar que esa tipa te lo quite?, recuerda que eres quien lleva con él más de seis años y ahora le vas a dar un hijo, debes de demostrarle a Josef que se está equivocando al dejarte a un lado solo por su maldito trabajo. Debes de darle un susto, yo no sé… Puedes ponerle una prueba —las dos quedaron en silencio mientras pensaban en algo. 

—¿Cómo así?, ¿ponerle una prueba? —Keidys reparó a Alejandra. Pero no era porque estaba pensando en “la prueba”, sus ojos se enfocaron en la barriga de la joven—. Oye, estás gorda, te salió un rollito. 

—¿Qué? —Alejandra inclinó la mirada, era cierto, tenía buche— Este… Estamos hablando de Josef, no de mi peso, Keidys. 

—Es que te reparé y me di cuenta que estás gorda. 

—Es por mi trabajo, tengo que pasar mucho tiempo sentada escribiendo los libros, son más de ocho libros que tiene la saga, ese es el costo de mi fama —las mejillas de Alejandra se ruborizaron por completo. 

—Me imagino, pero bueno, eso no es importante, tú no te preocupas por esas cosas —Keidys dejó salir un suspiro mientras recogía sus piernas y las abrazaba. 

—Claro que no, eso es una tontería, Gabriel me quiere tal cual como soy —dijo Alejandra no muy convencida y tragó en seco. 

Alejandra salió de la casa de Keidys y vio en una esquina a sus amigos conversando, parecía que Gabriel trataba de explicarle algo a Tomás, quería acercarse para preguntar, pero por algún motivo decidió irse a su apartamento. “Debería de esperar a Gabriel, pero no quiero verlo por ahora” pensó Alejandra. 

Cuando llegó al apartamento empezó a recoger los vasos que había dejado sobre su escritorio, encontró muchas botellas de gaseosas en la cocina y un gran arrume de platos sucios “¿Gabriel llegó al apartamento y vio todo esto sucio?” pensó, tragó en seco y respiró hondo. 

Entró al cuarto y en una mesita de noche había un portarretratos de ellos dos con una gran sonrisa desplegada. 

—¿Quién es él? —recordó lo que le dijo una amiga. 

—Es mi novio —contestó ella. 

—¡No te creo!, qué hermoso, mira esos ojos tan lindos que tiene, te fajaste Alejandra —dijo la chica emocionada. 

Alejandra tomó el portarretratos entre sus manos, después lo dejó acostado en la mesita, ¿por qué de repente se sentía tan insegura? 

—Basta Alejandra, no puedes comenzar con lo mismo, tú también eres muy hermosa, él fue quien se ganó la lotería contigo —caminó hasta el espejo y se quitó la camisa para verse mejor, se puso de perfil, después se acercó para mirarse más de cerca su rostro— ¡ay, me salió una espinilla! —gritó—, es cierto, me está saliendo pansa —se puso las manos en su rostro—. ¿Cuándo me puse tan fea? 

Se tiró en la cama meditando sobre su situación:

—Gabriel no le importa el físico, me lo ha dicho. Tenemos tres años de relación y ahora vivimos juntos… Eso es, Gabriel está loco por mí desde hace muchos años y yo también lo amo mucho —se sentó en la cama, se asustó al ver que Gabriel la estaba observando. 

—¿Estabas hablando sola? —le preguntó un poco confundido. 

—Ah… Solo estaba pensando en el final del libro, se está acercando la fecha de entrega y no lo he terminado aún, estoy un poco atrasada —explicó. 

—Entiendo. Oye, el departamento es un desastre, está muy sucio, solo estoy una semana por fuera y esto parece un basural —Gabriel se veía bastante molesto. 

—Lo siento, es que no he tenido tiempo para limpiar —se excusó mientras se levantaba de la cama. 

—Estás todo el día aquí, ¿cómo es posible que no puedas limpiar lo que tú misma ensucias? —Gabriel caminó hasta la cocina y Alejandra lo seguía—. Mira esta cocina, no hay espacio si quiera para poder prepararse un café. Llego cansado, quiero dormir, pero no puedo hacerlo porque tengo que limpiar —Gabriel se remangó la camisa negra que tenía puesta y empezó a lavar los platos. 

Alejandra salió de la cocina hacia la sala y empezó a recoger el desorden que había allí, encontró el computador portátil de Gabriel, “no debería revisarlo, solo hay cosas de su trabajo” pensó. Siguió limpiando todo, había pasado dos horas, su novio se encontraba durmiendo tranquilamente en su cuarto. Alejandra trataba de escribir el final de su historia, pero la curiosidad le ganó y tomó el computador de su novio, se sentó en un sofá de la sala, abrió la galería de fotos y encontró una carpeta “personal”, todo estaba muy organizado con nombres o fechas, el joven le gustaba tener todo en completo orden, por eso se enojaba al verse rodeado de suciedad. 

Alejandra empezó a ver fotos, algunas eran paisajes, él, Keidys, algunos amigos comiendo tranquilamente o…

—¿Haciendo ejercicio? —Alejandra le sorprendió, ¿desde cuándo Gabriel se ejercitaba?, se suponía que a él no le gustaban esas cosas. Él viajaba mucho, su trabajo lo obligaba a irse por un mes, o más, por eso su grupo de amigos les había recomendado no irse a vivir juntos ya que notarían mucho la ausencia del otro, tal vez en todo ese tiempo Gabriel cambió y comenzó a hacer ejercicio y ella nunca lo notó. 

Alejandra siguió revisando las fotos, aparecía mucho el rostro de una muchacha, sabía que era una modelo, llegó a verla en las sesiones de fotos en las que pudo acompañarlo. Al parecer Gabriel y ella eran bastante unidos.

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