El regreso de Lex

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Capítulo 5 La caja

- ¡Agh! – gimo cuando me tropiezo por segunda vez.

- ¿Todo bien allí abajo? – escucho la voz de la señora Miller desde el inicio de la escalera.

- ¡SI! – le gritó para que me escuche.

A la señora de la casa se le ha ocurrido que quería ver las fotos familiares, por lo tanto, quiere todos y cada uno de los álbumes de fotos, incluso los que están en el sótano.

- Ten cuidado – me dice la señora Miller.

Por supuesto que he sido la elegida para bajar al sótano a esta pequeña excursión.

Amanda se ha quedado arriba para atender a los señores mientras la señora Miller ha venido a instruirme y a “ayudarme” mientras consigo la caja adecuada.

Este lugar está lleno de cajas y de mucho pero mucho polvo.

Es imposible saber lo que estoy buscando.

- Todas las cajas están identificadas – escucho decir a la señora Miller desde el inicio de la escalera – solo debes de leer las etiquetas.

Leer las etiquetas dice, leer las etiquetas.

Como si fuese algo tan fácil de hacer entre tantas cosas.

El bombillo que me alumbra empieza a fallar y eso me hace sentir nerviosa. No entiendo como una casa tan bien cuidada como está puede tener un sótano tan tenebroso y descuidado.

Da algo de miedo estar aquí abajo.

No sé cuánto tiempo estoy aquí hasta que una caja solitaria llama mi atención.

No está apilada con otras cajas ni tiene objetos encima así que me dirijo hacia ella y bum, es mi día de suerte.

- ¡CREO QUE YA LA CONSEGUI! – grito desde donde estoy para que la señora Miller pueda escucharme. Nada más hablar una ráfaga de estornudos sale de mi haciendo que mis ojos lloren un poco.

Estúpido polvo – pienso tomando un pañuelo de mi delantal para poder limpiarme la nariz.

- ¿Conseguir que? – dice una voz detrás de mí cuando me detengo.

- ¡AAGH! – grito asustada.

Me giro rápidamente dispuesta a correr solo para encontrarme al joven Alexander detrás de mí.

- ¿Todo bien? – me pregunta apoyado sobre una hilera de cajas.

- Usted… - digo en un susurro – usted… - mi voz apenas sale en un hijo de voz.

- ¿Yo que? – pregunta él divertido.

- Me ha asustado – le digo con una mano sobre mi corazón.

Lo veo reírse. Él parece estar pasándolo muy bien con todo esto.

En silencio me quedo de pie recobrando la compostura cuando lo veo caminar hasta donde estoy.

- ¿Ah, sí? – pregunta sonriendo.

Nerviosa doy un paso a un lado quitándome de su camino solo para verlo caminar directo hasta la caja que se supone ya debería de estar llevando yo escaleras arriba.

- Creo que esto es lo que mi madre pidió – dice inclinándose para leer la etiqueta.

- Si, señor – le respondo con la respiración aún agitada por el susto que me ha dado.

Me quedo de pie a un lado y veo como toma la caja entre sus manos y eso me hace recordar que debería ser yo quien esté haciendo eso.

- ¡Oh, no! – le digo apresuradamente – déjeme hacer eso a mí – le digo nerviosa.

No quiero problemas con nadie.

No quiero que piensen que yo no estoy haciendo mi trabajo correctamente.

- ¿Pensabas llevar tú esto hasta arriba? – me pregunta con una ceja alzada.

- Pues… si – le respondo confundida.

Para eso estoy aquí … ¿o no?

Él parece asombrado por mi respuesta.

- Es algo pesada – dice como si eso significará algo.

- No importa señor, su madre los necesita – le digo ahora más tranquila.

Además, no es como si nunca hubiese cargado una caja.

- Mi madre – repite él sacudiendo su cabeza lo que hace que los mechones de su cabello salgan disparados en todas las direcciones – esto será nuestro secreto ¿sí? – me dice ya caminando hasta la escalera – yo lo llevo hasta arriba y ninguno de los dos dirá quien lo ha hecho – guiña.

Su actitud me asombra.

Por algún motivo pensé que sería más como su hermana.

- E-e-está bien – le digo ya caminando detrás de él.

Desde hace un par de días que me asusto mientras limpiaba los vidrios en la sala y unos cuantos más cuando llego a la casa y su hermana me corrió de la cocina bastante molesta realmente no lo he visto más ni he interactuado con él.

Raramente está en la casa y cuando lo esta está con su novia o rodeado de sus amigos por lo cuál es Amanda quien va a servirlo.

El joven Alexander es… extraño.

- Aquí tienes – dice dejando la caja en el piso una vez subimos las escaleras.

- Gracias – respondo agradecida viéndolo sacudir sus manos del polvo.

- De nada Olivia – dice guiñándome un ojo para desaparecer por la puerta y dejarme sola nuevamente.

Que extraño.

Su actitud es extraña.

Él realmente parece jovial y amable, algo diferente de lo que me dijo Amanda que él era.

Por lo que le he escuchado decir a ella y a la señora Miller durante esta última semana, él es el más altivo de los tres hermanos, el más difícil de tratar y con mayor temperamento. Según ellas él es incluso peor que su hermana Charlotte quién ante él es vista como una persona muy educada y cariñosa.

Buh.

No entiendo por qué dicen esas cosas de él, pues a mí me ha parecido muy amable al haberme ayudado a subir esa caja. Ni siquiera Benjamín se ofrece a ayudarme con mis tareas.

Es extraño.

Sin pensar más en ello me agachó para tomar la caja en mis manos y dirigirme a la cocina donde posiblemente me esté esperando la señora Miller.

- Dios – gimo cuando levanto la caja en mis manos.

Esto realmente pesa – pienso mientras camino con la caja hacia la cocina.

Es una suerte que el joven Alexander se hubiese ofrecido a ayudarme. Yo suelo estar acostumbrada a cargar cosas pesadas, pero está caja parece que estuviese llenas de piedras en vez de unos simples álbumes de fotos.

Estornudando y con la nariz irritada por el polvo me dirijo hacia la cocina donde espero poder tener tiempo de limpiarme el uniforme. Estoy llena de telarañas por todos lados.

Definitivamente ya quiero que este día acabe.

No es que odie este empleo, ningún emple

o es malo si no se hace daño a nadie, pero no me siento cómoda.

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