Capítulo 5 5
Danisa:
Sabía lo que haber perdido una carrera de autos significaba para mi amigo. Sam siempre fue una persona bastante orgullosa, algo presumido en ciertos momentos. De todo el tiempo en el que veníamos aquí y el corría, jamás había perdido contra nadie. Ni siquiera los mejores le habían podido ganar una carrera a él, y hoy llegaba ese tiempo al que nunca había visto en mi vida y le ganó rápidamente a Sam.
Fue una carrera impresionante, tengo que admitir, y me daba curiosidad y sorpresa saber más de ese chico que venció a mi amigo. La forma en la que me observó fue profunda y directa. No me llamaba la atención por lo guapo que era, sino que por lo bueno que era conduciendo. Eso despertó un ligero interés en mí, una pequeña atracción sin sentido. Si mi mejor amigo se enteraba de mis pensamientos, era obvio que no me hablaría por semanas.
—Sam —lo llamé, sin levantar mucho la voz, pues había gente y no quería que llamáramos mucho la atención. Pero Sam no me escuchó, así que me vi obligada a levantar un poco más la voz—. ¡Sam! Espérame.
—No quiero hablar ahora, Danisa.
Siempre que él se molestaba por algo que realmente le causara un sentimiento fuerte, se cerraba y decía lo mismo. Pero, también, siempre que le insistía un par de veces en que hablara conmigo, Sam me contaba cómo se sentía.
—Ven aquí, o al menos espera a que te alcance.
Sam me hizo caso y se detuvo en el camino, esperándome, pero sin darse la vuelta para verme. Llegué a su lado y entrelacé mi brazo con el de él. La multitud de gente quedó atrás, pues todos se acercaban a ver al nuevo ganador. Los gritos del hombre de Chase ponían más nervioso a mi amigo. Me imaginaba que era feo perder luego de estar tan acostumbrado a ganar todo el tiempo.
—Ni se te ocurra burlarte de lo que ha pasado —me advirtió.
—¿Por qué me iría a burlar? Tú me conoces. Yo no soy así contigo.
—Deberías de haberme dejado romperle la cara a ese tramposo.
En esto no estaba de acuerdo con él. Romperle la cara al chico no iba a solucionar nada y mucho menos iba a hacerlo ganar una carrera que ya perdió. Además, yo vi la carrera y, por más que a mi amigo no le gustara, no creo que ese chico haya hecho trampa para ganar. Creo que ganó justamente, por suerte o por habilidad. Creo que ambas, puesto que los dos eran muy bien. O eso parecía serlo Chase.
—Bueno, algo de la cara sí le rompiste. Le pegaste y no debiste de haber hecho eso frente a toda esa gente. Se te quedaron viendo y quedaste como un mal perdedor, Sam. No, de hecho, tú no deberías de haberle pegado directamente. ¿Qué ocurre contigo?
—¿Qué ocurre conmigo? ¡Él ha hecho trampa!
—¿Por qué estás tan seguro de eso? ¿Qué te hace pensar eso? Dijeron que recién llegó a la pista.
—No lo sé, tal vez mandó a alguien a hacerle algo a mi auto o fue planeado con el organizador. Parecen ser amigos, así que eso pudo ser.
Sus conclusiones eran solo eso. SUS conclusiones. Entendía que le dañara a su ego el haber perdido, pero tampoco era para tanto. Digo, sí que era importante por el dinero, y Sam hoy había perdido el dinero que apostó. Sin embargo, ese no era un problema para él, pues el dinero le sobraba por todos lados. Nunca le faltaba.
—Sam, en serio, creo que estás pensando cualquier cosa. No se notó que tu auto tuviera alguna complicación. Corriste rápido, muy, muy rápido, pero él te ganó. Listo. Fin de la historia. Vayamos a tomar algo para distraernos —propuse—. ¿Qué te parece? Así te relajarás más.
—No quiero tomar nada, Danisa. Y me duele que no te pongas de mi lado.
—No has perdido nada en sí —respondí—. Y claro que me pongo de tu lado. Y como me pongo de tu lado, te digo que lo olvides y no pienses más en ello. No es la gran cosa, Sam. Estamos aquí para divertirnos.
—Y por el dinero.
—Tú no necesitas el dinero —corregí—. Eres multimillonario. ¿Por qué necesitarías ese dinero? ¿Para qué?
Rodó los ojos, molesto.
—Yo solo quería ganar —admitió, contradiciendo sus palabras.
Llegamos a mi auto y él abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto. Buscó su caja de cigarrillos, tomó uno, lo encendió en su boca y le dio una calada, cerrando los ojos, como si fumar lo relajara. Sí, a él lo relajaba, siempre lo había dicho y siempre que se sentía estresado lo hacía.
—Perder esta carrera, no te hace menos increíble en conducir. Eres muy bueno.
—Olvídalo, ya no quiero tocar el tema.
Suspiré.
A pesar de que Sam estaba exagerando con esto, no me gustaba verlo decaído. Me senté en sus piernas para hablar con él. El auto era espacioso, así que no había problema. Capté la atención de Sam de inmediato.
Observé su bello rostro, notando el golpe que el otro chico le dio a cambio. Acaricié su rostro con una leve sonrisa de apoyo.
—No quiero que armes peleas en estos lugares. La gente de aquí puede ser peligrosa y tú no sabes lo que ellos pueden llegar a hacerte, así que no te arriesgues, ¿de acuerdo? —Mi preocupación era real, pues él podía llegar a pagar las consecuencias.
Sam iba a contradecirme, pero vio bien mis ojos y notó que mi pregunta tenía un verdadero motivo importante para mí.
—Sí, está bien —aceptó, sin ganas.
Pero esa respuesta bastaba para mí.
—Te quiero —besé su mejilla, siendo resguardada por sus brazos.
—Es bueno tenerte.
—Es bueno tenerte también. Aunque a veces eres muy competidor —sonreí.
Sam se quedó en silencio, abrazándome. Por alguna razón, esta carrera perdida, me decía que Chase y Sam tendrían muchos problemas en un futuro. Y no solo por las carreras. Era un presentimiento.
Pero, ¿qué otras diferencias es que tendría?
