Dulces Mentiras De Un Amor De Contrato

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Capítulo 4 4

Chase:

Recuperé el aliento, mi corazón se estabilizó un poco, pero casi se me salió por la boca cuando ese idiota me chocó, intentando sabotearme en la carrera. Vi toda esa gente a lo lejos, gritando, alentando, bebiendo, riendo. Todos emocionados. Sonreí con autosuficiencia, pues a medida que llegaba a la carretera, más asegurada tenía la carrera.

Sí, estaba por ganar.

—¡Chase! ¡Chase! ¡Chase! —gritaban muchos.

—¡Sam! ¡Sam! ¡Sam! —gritaban otros.

Crucé la meta con una sonrisa imborrable.

Gané la carrera.

La multitud gritaba mi nombre con entusiasmo. Me bajé del auto con la misma sonrisa que se formó en mi rostro al cruzar la meta. Me sentía victorioso, orgulloso. Ya no quedaba rastro de aquél chico frustrado que llegó a la competencia hace más de veinte minutos, al menos no en mi rostro. Mientras todos aplaudían, yo seguía sonriendo, esperando a que mi contrincante se bajara de su coche.

—¡Chase! ¡Felicitaciones! —Travis me saludó con un apretón de manos y levantó mi brazo en el aire—. ¡Tenemos un ganador! ¡Chase Miller ha vencido a Sam West, nuestro mejor contrincante de todos!

—Chase, Chase, Chase! —siguieron gritando muchos, aunque varios solo abucheaban. Era obvio que eran fanáticos de Sam.

Vi a Sam bajándose de su auto, totalmente furioso. Imaginé que debía ser difícil para él haber perdido por primera vez una carrera. Este era un golpe para su ego, y se notaba que él era muy egocéntrico. Más allá de que esto sirvió para olvidarme del contrato de matrimonio que mi padre quería que firmara, me ayudó para aumentar mi ego, pues e jamás me agradó ni un poco. Vencerlo fue bueno.

Sam se acercó a mí.

—¡Hiciste trampa! —me acusó, caminando hacia mí. Las personas que se interponían en su camino le dieron espacio para que pasara—. ¡Hiciste trampa! ¡Exijo una revancha!

En sus ojos azules podía ver la decepción, la vergüenza, el impacto en su ego. Estaba que echaba humo por las orejas por perder. Yo no hice trampa, jamás la he hecho en ninguna carrera. Sam era un mal perdedor.

—¿Qué pasa, West? ¿Furioso por perder? —sonreí con confianza.

Sam se mostró más molesto y se me acercó de una forma poco agradable, como si quisiese intimidarme, pero no iba a funcionarle.

—Estoy furioso porque has hecho trampa.

—Yo no hice trampa. Gané porque soy bueno compitiendo —me defendí, sin dejar que me intimidara.

—Sam, hermano… Travis llegó poco antes de que la carrera comenzara, él no pudo haber hecho trampa.

—¡Estoy seguro de que la hizo! —espetó.

—Mejor cierra la boca y dame los cinco mil dólares que me he ganado —le refregué en la cara.

Creo que Sam estaba a punto de darme un golpe en la cara.

—No te daré nada, porque tú no has ganado por ser bueno, has ganado por hacer trampa.

—¿En qué hice trampa exactamente? Además, tú fuiste quien me golpeó con el auto mientras corríamos. ¿Por qué no mejor aceptas que has perdido? Estás quedando como un idiota que no se puede aguantar que lo han vencido. ¿Acaso esto le está afectando a tu ego?

Me golpeó.

Su golpe me dio de lleno en la cara. Me caí al suelo porque perdí el equilibrio, pero me levanté de inmediato y lo golpeé con fuerza, dándole su merecido. ¿Me acusaba de tramposo y encima me golpeaba? No se lo iba a permitir.

—¡Basta! ¡Sepárense! —gritó Travis, sosteniéndome para que no siguiera golpeando a Sam.

Una chica apareció de entre la multitud y se metió en medio de nosotros.

—¡Ya basta! ¡Sam! —gritó furiosa, preocupada, mirando a Sam y estirando sus brazos en medio de ambos.

Sam la observó, su respiración era agitada y seguía lleno de furia. Me miró una última vez y, luego de maldecir, empezó a caminar lejos.

—Me las vas a pagar —comentó.

No valía la pena contestarle.

La chica giró su cabeza para verme. Sus ojos verdes hicieron contacto con mis ojos azules. Nos miramos por unos segundos, con intensidad y curiosidad.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Sí —respondí.

—Ponte hielo —sugirió, dándome una última mirada.

Por la forma en la que Sam se calmó cuando ella apareció, me hizo entender que se conocían. Probablemente era su novia.

La chica terminó por irse.

Creo que de algún sitio la conocía. Su rostro me era familiar, pero no estaba muy seguro

—¿Cómo te llamas? —le pregunté, pero ella no respondió.

Danisa:

Los nervios me invadieron en cuanto noté que, por primera vez, Sam había perdido una carrera. Conociéndolo, podía asegurar que la sangre le hervía y que no se quedaría sin decir nada. Pero me sorprendió completamente cuando vi en vivo y directo y en cámara lenta, cómo es que su puño se estampaba en la cara de ese tal Chase Miller. Éste último no se quedó de brazos cruzados y le devolvió el golpe a Sam.

Corrí hasta el lugar y me abrí paso entre toda esa multitud.

—¡Ya basta, Sam! —Estiré mis brazos en medio de ambos, mientras el organizado de la carrera sostenía a Chase para que no se le fuera encima a Sam otra vez.

Mis ojos se posaron únicamente en mi amigo. Noté que le dolió perder estos cinco mil dólares, pero era por ego, por orgullo, no por necesidad. Él no se iba a morir por perder una carrera.

Sam se marchó, no sin antes decirle a Chase que se las iba a pagar.

Me permití ver al chico, a ese tal Chase, al ganador de la carrera de esta noche. Me sorprendí por lo guapo que era de cerca, y del color azul intenso que sus ojos contenían. Nos observamos de forma extraña. Él me miró como si me conociera de un lado, y temí que se diera cuenta de quién era yo.

Pero su golpe y su moretón me llamaron la atención.

—¿Estás bien?

—Sí —me contestó, mirándome a los ojos.

—Ponte hielo —sugerí, y me alejé de todos ellos, pensando en la belleza y el misterio de ese chico.

Caminé con prisa, lejos de él. Pero escuché que preguntó mi nombre. Aun así, no quise responderle.

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