Capítulo 1 1
Chase:
Un gran peso se había escapado de mi pecho. Sé que el premio de 5000 dólares que gané en la carrera, no servirían para resolver todos los problemas con los que estaba cargando, pero al menos era algo de dinero que podía proveerle a mi familia para intentarlos hacer cambiar de opinión respecto a eso de casarme con la hija de un multimillonario. Sí, obviamente yo también estaba desesperado para que todos nosotros recuperáramos la vida millonaria que teníamos, pero no tan desesperado como ellos. Seguía pensando en esto y me parecía una tremenda locura, un disparate. Era cualquier cosa. No entiendo cómo es que estaban de acuerdo con esto. Lo peor de todo es que ellos ni siquiera se sentaron a preguntarme qué me parecía, si no que solo me lo dijeron, querían obligarme. Lo decidieron por sí solos. Cada que lo recordaba, me hervía la sangre y no quería volver a mi casa.
La pista de carreras estaba llena de gente rodeándome. Me encontraba apoyado en mi auto, fumándome un cigarrillo con el organizador de la fiesta, quien estaba emocionado por mí y mi victoria. Él no podía creerse que le gané al mejor corredor de carreras ilegales que sus organizaciones jamás habían tenido. Sí, él sabía que yo era bueno corriendo, pero no esperó que me llevara la victoria y el premio. Se sentía muy bien haber vencido a Sam, quien sí se notaba que tenía experiencia en el juego, tenía una forma de manejar muy admirable (hasta creo que le iría bien en las carreras legales, profesionales), pero era pésimo para aceptar una batalla. El estúpido me golpeó por no poder aguantarse el haber perdido contra mí. Por eso era un idiota.
Mi rostro dolía un poco, pero era soportable y no alteraba mi tranquilidad. Aunque, de la rabia que me dio recibir sus golpes, me quedó la sensación de querer seguir la pelea. Pensé que sería alguien simpático cuando estuvimos a punto de correr, y la verdad no entiendo por qué lo pensé de esa forma, pues él terminó siendo igual que todos los demás corredores: un arrogante, orgulloso, celoso y mal perdedor. Creo que él mismo se humilló solo con haberme pegado y acusado de haber hecho trampa. Fue estúpido, pues no había manera de que le hiciera trampa, ya que su auto funcionó en perfecto estado durante toda la carrera.
—¿Estás bien? —preguntó Travis, notando que mi cigarrillo ya se terminaba. Tiré el mío al suelo, lo aplasté y él me regaló otro.
—Estoy bien.
—¿No te duele? Por lo que veo, parece como que no —Elevó las cejas.
Sonreí.
—No, no tanto —respondí, tocando mi herida.
—¿Por qué sonríes?
—Porque me da mucha gracia esto.
—¿Qué?
—El que ese idiota me acusara de tramposo y me golpeara por no aguantarse que perdió contra mí.
—Es que él es de carácter fuerte. Imagínate cómo estarías tú si alguien solo llegue y te gane una carrera cuando tú jamás has perdido una sola desde que llegaste. Debe dolor.
—¿Debe doler? El orgullo es lo que le debe doler.
—No creo que solo eso, hermano. También le debe doler el dinero.
Reí.
—Ay, por favor, Travis. Ese idiota está forrado en dinero. ¿No has visto su auto? ¿No has visto cómo se viste? Es obvio que él tiene mucho dinero. No le hace falta. Solamente no pudo controlarse y me golpeó. Pero quedó en ridículo.
—Sí, sé que algo de dinero tiene por lo que veo, pero no creo que sea tan adinerado.
—Yo creo que sí.
Con todo el ruido de las personas, decidí subir a la terraza de unas de las pocas casas abandonadas que había allí. No es que ruido no llegase arriba, pero no había gente, y necesitaba estar un momento a solas. Noté desde mi lugar, que dos personas caminaban de la mano hacia la multitud de la gente. Los observé bien y me percaté de que era el perdedor y su noviecita. Al parecer estaban juntos, por cómo iban tomados de la mano y tan pegados.
Sam se fue y ella se quedó sola. Parecía estar buscando a alguien con la mirada, pues observaba hacia todas partes. Decidí bajar e ir a hablarle. Cuando la tuve de cerca, ella no me vio, pues estaba de espaldas a mí.L
—¿Sola por aquí? —me animé a hablarle.
Ella se giró para ver de quién se trataba y supe que se dio cuenta de quién era yo.
—¿Ves a alguien más a tu lado? —fue grosera. Pero no le creía mucho el cuento de chica mala que estaba interpretando.
Le regalé una sonrisa divertida a la bella chica. Por alguna razón, quería agradarle.
—Wow, y yo que pensaba que eras más simpática —le dije.
—Soy muy simpática —aseguró. Noté que quiso sonreír, pero se contuvo.
—Pero conmigo no lo parece. ¿Es porque he vencido a tu noviecito? —Tengo que admitir que no estaba tan seguro de que fuesen novios, así que esta era una forma para ver si lo eran o no.
—No es mi novio —habló rápidamente.
De acuerdo.
—¿Entonces? ¿Tu amante?
—Es mi mejor amigo.
—¿Él lo sabe? —pregunté.
—¿Qué es lo que quieres? —Otra vez se comportó grosera.
—Nada. Solo estoy hablando contigo —aseguré—. ¿Por qué te ha tomado de la mano si no es tu novio? —Seguí fumando.
—¿Qué?
—Los he visto tomados de la mano hace un rato —respondí, seguro de lo que vi.
Ella se empezó a reír. Fruncí las cejas.
—¿No sabes que los amigos de hoy en día pueden tomarse de las manos sin necesidad de ser novios?
¿Me llamaba anticuado?
—No lo sé. No tengo amigas así que hagan eso conmigo —No era verdad. Sí tenía algunas amigas cercanas que hacían eso conmigo, pero creo que era porque yo les gustaba. Tenían ciertas actitudes que me daban razones para pensarlo.
—Supongo que es porque no tienes una amiga con la que seas tan cercano como para eso.
—Sí, tal vez, pero ¿él sabe que no es tu amigo?
—¿A dónde quieres llegar? Es obvio que sabe que soy su amiga y nada más. Es estúpido lo que preguntas. —Rodó los ojos.
Cuando ella me sugirió ponerme hielo luego de que el idiota de su supuesto amigo me golpeara, se comportó más simpática. Sin duda ella tenía un carácter de mierda .
—¿Segura? Porque estoy bastante seguro de que le gustas. He estado observándolos. Y sé cómo te mira —mentí, solamente para molestarla.
Se rio.
—Oh, ¿y todo eso lo descubriste viéndonos solo unos segundos? Es la primera vez que nos ves.
—No hace falta que los conozca para saberlo.
—Como tú digas —terminó. Sam estacionó su auto en frente de nosotros, con la ventanilla baja, mirándonos de una forma seria. Eso me generó una risa, pues era patético. Era un gran corredor, pero nada bueno disimulando—. Me voy.
Le sonreí, a punto de volver a molestarla:
—Claro, ve con tu novio que te espera.
Se dio la vuelta para caminar hasta el auto, ignorándome.
Me di cuenta de que todavía no sabía su nombre. Me interesaba saberlo. Solo por una simple curiosidad.
—¡Oye, todavía no me has dicho tu nombre! —alcé la voz.
Pero ella me ignoró y rodeó el auto para subirse.
Sam se me quedó viendo, con esa mirada fulminante que, en vez de darme miedo, me daba risa. Realmente, qué patético.
—¡Buena carrera! —lo molesté para que dejara de verme.
Sam me sacó el dedo de en medio y arrancó el motor de su auto. El mismo auto con el que perdió contra mí.
