Destinados

Download <Destinados> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 4 Capítulo 3

Brisa

Diviso a Stefanía a lo lejos y me abro paso entre la multitud de borrachos. Llego a la barra en donde se encuentra tomando una shot de tequila.

—Stef, me quiero ir a casa ahora —le grito y se voltea a verme.

—Noooo —alarga—. ¿Tan pronto? Quedémonos un ratito más. Además, ¿no deberías estar bailando con el guapo ese?

—Me quiero ir —repito, y ella suelta un suspiro de decepción—. Y ya deja de tomar, ¿quieres? No vas a poder conducir si sigues así, y no creo que quieras que yo conduzca.

—No he tomado mucho.

—Si piensas eso es porque no estás apta para pensar claro.

Alejo el vasito de ella y la obligo a bajarse de su asiento.

—¿Qué ha pasado con Gastón?

—Nada, no ha pasado nada. Le dije que iría al baño hace un momento, por eso dejamos de bailar.

—¿Vas a despedirte de él? Supongo que sí, no puedes ser tan maldita y maleducada.

Lo busco entre toda la gente.

—No estaba en mis planes decirle que me iba, pero ya que lo dices, lo buscaré. No quiero quedar mal parada, pero apenas le diga que nos vamos, nos vamos —aclaro.

—¿Qué tienes?

Estoy nerviosa, eso tengo. Me siento como si estuviese siendo perseguida por el fantasma de los sentimientos que enterré hace bastante tiempo y no quiero que me sigan incomodando como lo están haciendo. Las miradas, el tacto, las sonrisas y las palabras que Gastón me ha estado regalando me están produciendo cosquilleos que, como ya pensé anteriormente, no quiero presenciar.

—Nada.

—Te espero en el auto —dice—. Despídete de mi parte.

—Bien.

Después de buscarlo unos minutos lo encuentro en un rincón del sitio, acompañado de la muchacha rubia de hace un rato, quien rodea a Gastón con el brazo. Ruedo los ojos y me encamino hacia donde él. La chica le roba un corto beso de labios y mis cejas se levantan ante la sorpresa.

Qué rápida. No me cabe duda de que es ella quien le dejó la marca de pintalabios.

Sintiendo la presión aumentar, le regalo una sonrisa a Gastón cuando me ve. Es una mueca en vez de una sonrisa.

O me controlo, o voy a quedar mal parada.

—Me despido, me voy.

—¿Ya? ¿Tan pronto?

—Sí, estoy cansada —miento.

Se revuelve el pelo y observa de reojo a la conquista de la noche.

—Bueno —me atrae hacia él para abrazarme, dejándome casi dura. Su perfume me vuelve a inundar y suspiro al mismo tiempo que me echo hacia atrás para alejarme.

—Cuídate —le sonrío. Sé que la decisión de irme es mía, pero ahora caigo en cuenta de que puede que sea la última vez que nos veamos en la vida. El encuentro de hoy fue, quizá, una manera de cerrar esa parte del pasado que siempre sentí que había quedado inconclusa.

—Igual, Bri.

«Bri...»

Tanto tiempo sin escucharlo decirme así...

Una presión se me hace en el pecho cuando por mi mente pasa un momento en específico de hace once años atrás: Una noche de pijamada en la que él me había permitido maquillarlo para que me olvidara de unos problemas familiares que yo había tenido, me alentó a hacer la promesa de que siempre en la vida permaneceríamos juntos. Me hizo jurar que no nos soltaríamos la mano cuando una ola se atravesara, que siempre intentaríamos volver el uno al otro para seguir fortaleciendo la hermosa amistad que solíamos mantener.

¿Dónde quedó esa promesa?

Supe bien cuando lo vi que me traería consecuencias en lo sentimental, y lo está haciendo de una manera más rápida de lo que pensé. Tantos sentimientos encontrados no son buenos si vienen de golpe y te toman muy desprevenida.

—¿Me darías tu número de teléfono? O, si no es de maleducado pedirlo, la dirección de dónde vives. Podría pasar un día de estos para ponernos al tanto de todo lo que ha pasado en todo este tiempo sin vernos.

—¿Mi número? ¿Mi dirección?

¿De verdad quiere volver a verme?

¿Yo quiero volver a verlo?

—El teléfono se me rompió —miento. Qué infantil, Brisa, qué infantil—. Y mañana en la tarde volveré a Nueva York.

—Ah —sopesa—. Bueno... si algún día llego a ir, pasaré por la casa de tus padres.

Por favor, no.

—¡Sí, claro! ¡Sería genial! —miento nuevamente, pero creo que no se me da nada bien. Para mi defensa, el actor es él, no yo.

Asiente extrañado, como si mi expresión de hace nada no le hubiese dado la certeza de que lo decía de verdad.

—Suerte —desea. Luego clava un beso en mi mejilla y cierro los ojos inconscientemente. Ese maldito e indeseado cosquilleo me atraviesa otra vez y me echo disimuladamente hacia atrás.

—Igual —respondo, y miro a la rubia que se acerca nuevamente para agarrarse del brazo de Gastón. Quiero ponerla en su lugar por pensar cosas que no son, pero decido no armar un papelón y centrarme en mi examigo—. Diviértete.

Sin esperar una respuesta de parte suya me doy la vuelta y camino entre todo el amontonamiento. Cuando salgo al exterior puedo al fin respirar aire puro.

—Vámonos —digo al subirme al coche.

—¿Lo saludaste por mí?

—Se me olvidó —respondo mientras dejo el teléfono en la guantera.

No me dice nada, no parece importarle no haberse despedido. Gira la llave y el auto suena. Presiona el acelerador y luego, de golpe, pisa los frenos. Me balanceo hacia adelante y cuando me incorporo, la fulmino con la mirada.

—¿Qué haces? ¿Estás loca? Me parece que no estás en condiciones de conducir.

—No es eso, perdona. Me olvidé el bolso en el club.

—Pues ve a buscarlo tú, yo no voy a ir —respondo.

—No te pedí que lo hicieras —repone, estacionando nuevamente el auto y apaga el motor.

—¡Te apuras! —grito para que me oiga cuando la veo alejarse.

Me quedo sola en el auto por un momento, esperando a que Stefanía se disponga a no tomarse todo el día para buscar su cartera. Espero que no se la hayan encontrado por ahí y la hayan agarrado y tomado como suya. Dentro de él está el documento de Stef, se moriría si lo perdiese. Tendría que hacer muchísimos trámites para conseguir hacerse otro.

Mi teléfono vibra y ruego por que sea Liam.

—Hola, amor —respondo emocionada cuando me cercioro de que se trata de él.

—Hola, princesa. ¿Cómo estás? Espero no molestarte. ¿Cómo la estás pasando?

Sonrío.

—Estoy bien, Liam. Estoy esperando en el auto a que Stef vuelva con su bolso para irnos a casa.

—Llamaba porque extrañaba oír tu voz. Esto de estar lejos de ti me vuelve loco.

—A mí también —concuerdo—. Aún falta mucho para volver a verte —hago puchero, aunque sé que no me puede ver.

—Solo un par de días, mi amor.

—Es mucho.

—Pasarán volando, y cuando menos te des cuenta estaré ahí contigo, para besarte y no soltarte.

Me río.

Cómo no quererlo.

¿Debería contarle a Liam lo de mi encuentro con mi viejo amigo? Nunca le dije sobre lo que había pasado con esa amistad, es más, jamás le mencioné sobre Gastón en lo que va de nuestra relación. Me gustaría platicar con él sobre lo que pasó hace poquito en el club, no me gusta ocultarle cosas por más pequeñas que sean. Siempre tenemos mucha comunicación, nos decimos todo de todo, y siento que debería decirle. Pero tengo una parte que me dice que no diga nada, que es algo irrelevante. Aunque en cierto punto no lo es...

Suspiro mentalmente.

—Te amo, Liam.

—Te amo. ¿Segura estás bien? Noto algo extraño en tu voz —comenta.

—Lo estoy.

—No te creo —recrimina.

Río levemente.

—No te preocupes, mi amor, estoy bien. Solo me duele un poco la cabeza por el alcohol.

—¿Estás borracha? ¿Sientes mareos?

—Tengo esa sensación extraña en el cuerpo, pero no considero que esté en un estado de borrachera.

—¿Cuánto bebiste?

—No llevo la cuenta, pero te aseguro que no fue tanto.

—Sabes que no me gusta que te excedas —recrimina, cambiando su tono de voz a uno más serio.

—No me reproches, te aseguro que no tomé mucho —vuelvo a aclarar—. Créeme.

Duda por un momento.

—Bueno.

La puerta del lado del piloto se abre y mi amiga se adentra para después dejar el bolso en el asiento trasero.

—¡Hola, Liam! —exclama Stef acercándose a mi celular.

—¿Estoy en altavoz? —pregunta mi novio.

—No —respondo—. Escucha, amor, ya me voy a casa. Te mando al llagar, ¿sí? Te amo.

—Te amo.

Presiono el botón rojo de la pantalla para concluir la llamada.

—¿Por qué tardaste tanto? —inquiero cuando vuelve a poner el auto en marcha.

—Ah, por nada, solo no recordaba dónde lo había dejado.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk