Destinados

Download <Destinados> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 3 Capítulo 2

Brisa

Los ojos de Stefanía reflejan incesantes preguntas que no tengo ganas de responder. Aún no ha formulado nada, pero sé que luego se me vendrá un eterno interrogatorio, y por si no quedó claro, no quiero decirle nada de lo del pasado.

No es por nada raro, pero me da malos recuerdos hablar de algo que me costó un poco superar. No me refiero solo al rechazo, sino que también a la pérdida de la amistad. Fueron días difíciles porque me sentía sola y no tenía otros amigos como para distraerme. Mi familia estaba para mí, lo sabía, pero no quería hablar mucho con ellos sobre el tema. Prefería sumergirme en las cosas que me gustaban hacer y nada más. Pero para ser franca no lograba nada.

Miro a Gastón cuando quito la mirada de los ojos inquisitivos de mi amiga, pero los vuelvo a ella cuando recuerdo el porrazo que me pegué hace instantes atrás.

Ya es mucho con haberme encontrado con parte de mi pasado, pero la mala fortuna que me tocó al caerme fue demasiado. Todavía siento mucha vergüenza con lo que me pasó, y la incomodidad que se formó desde el momento en que nos reconocimos no ayuda para nada.

Gastón fue todo un caballero y me ayudó a levantarme mientras mantenía una sonrisa en la cara. Quizá emitió ese gesto en su semblante solo por vergüenza ajena. Cuando me tocó no pude evitar sentir un pequeño choque eléctrico recorrerme el cuerpo entero. Por un momento sentí que quería que él también lo sintiese, pero me pegué una cachetada mental y volví a la realidad, diciéndome que no debía tener pensamientos como esos. No debo dejar que los sentimientos encontrados me controlen.

Pero... ¿cómo es que me siento ahora? ¿Qué es lo que mi mente y mi cuerpo están sintiendo?

Sé que mi cabeza tiene la capacidad de rebuscar una respuesta corta. Quiero definir mi estado sentimental en una palabra, pero no sé escoger una que defina todo lo que me revuelve el estómago y la cabeza.

Estoy sorprendida, medio molesta, cansada, medio borracha, inquieta, incómoda, avergonzada, confundida, nostálgica, y un sinfín de cosas.

La música está alta, pero me siento como si estuviera en un incómodo silencio. Es que, en cierto punto lo estoy. No saber qué palabra cruzar es bastante vergonzoso. Tenía muchísimas ganas de salir a un club, pero de pronto se me han ido los ánimos de permanecer en un baile. Quiero llegar a la casa y acostarme a dormir por un par de largas horas, después de abrir el pote de helado de limón que pedí en la mañana y aún no me terminé.

—¡Ah, disculpa! —una muchacha alta y teñida de rubio aparece con emoción y se aferra al brazo de Gastón con fuerza. Él le echa un vistazo rápido de arriba abajo e inconscientemente entrecierro los ojos—. ¡Ay, es que te amo mucho! ¡Me vi muchas de tus pelis, y me preguntaba si por favor podrías sacarte una foto conmigo! —ella le deja a la vista su perfecta dentadura de manera nerviosa. Se coloca un mechón de cabello detrás de la oreja en un acto de ¿seducción? ¿Lo está intentando seducir?

Afirmo mis divagues cuando veo cómo disimuladamente se acomoda hacia abajo el escote para darle a Gastón una mejor perspectiva de sus pechos. En otro acto, inconscientemente ruedo los ojos y él me mira para después volver su mirada a la rubia. Le dice que sí y la muchacha tira de él para que empiece a caminar hacia otra dirección.

Me quedo sola con Stefanía, observando cómo el que una vez fue mi mejor amigo se marcha, perdiéndose entre la gente. Es bueno que se haya alejado, pero me he quedado desilusionada porque no se despidió. Estoy teniendo un complejo momento de bipolaridad porque siento que quiero que vuelva y a la vez que no.

—¡¿El bombón ése era tu mejor amigo y recién me entero?! —me grita para que la escuche.

Sabía que, en el momento en que Gastón se fuera, ella soltaría las preguntas que estaba esforzándose para contener dentro para no quedar como una loca. Que se hayan llevado a Gastón cortó la tensión que estaba creciendo entre nosotros, pero eso implicaba el interrogatorio. Me siento como si mi amiga fuera la detective y yo la sospechosa.

—¿Por qué nunca me constaste que lo conocías? ¿Por qué dejaron de ser mejores? Quiero detalles. ¿Y viste cómo te miró? Creo que le gustaste.

Patrañas.

Jamás en la vida alguien como Gastón se fijaría en mí. No lo hizo antes y no lo va a hacer ahora.

—No seas tonta —repongo en voz baja.

—Ven. ¡Me vas a contar todito todo! —tira de mí y me lleva hacia una mesa vacía. Tomo asiento frente a ella y me recargo en mi lugar—. Anda, cuenta —anima, pero niego.

—Mejor te cuento la historia cuando estemos en un lugar más tranquilo. ¿Te parece? —La conozco y sé que no va a aceptar un no por respuesta si me niego a contarle lo del pasado, así que mejor lo pospongo para otro día, uno en el que estemos más tranquilas. Con suerte se va a olvidar y no tocaremos más el tema.

Puede parecer bobo que no quiera platicar de algo que pasó hace nueve años, pero hay veces en las que algunas cosas ocurridas te traen malas sensaciones y no quieres que te arruinen el presente, sin importar si es momentáneamente efímero. No todos sabemos cómo controlar las emociones. Puede parecer sencillo, pero no es una tarea muy fácil.

—¿Cuándo? —resopla.

—No sé, pero ahora no.

El tiempo empieza a transcurrir diferente. Desde que lo vi me quedé con la sensación fea que no quería pero sabía que iba a sentir. A ratos me distraigo con Stef, pero por otros momentos mi cabeza vuela al reencuentro. Y pensar que Gastón está cerquita mío... No sé en qué parte, y no pienso buscarlo con la mirada, pero que esté presente en el mismo lugar que yo...

Suspiro y descanso mi mejilla en mi mano.

—Te está mirando.

—¿Perdona?

—Te está mirando.

—¿Quién? —Obvio que él.

—¿En serio preguntas? Tu amigo.

—Ah —articulo incómoda. Me siento derecha cuando me doy cuenta de mi postura encorvada. No quiero que me vea mal posicionada. No tengo que pretender que me vea bonita, no sé en qué estoy pensando. Mis músculos se ponen en tención—. Y no es mi amigo —repongo.

—Como sea —dice—. No deja de mirarte.

—No me hables de él, me pone nerviosa —pido.

—No exageres. ¿Por qué te pondría nerviosa?

«Si supieras...»

Hablo de algún tema sin sentido para cerrar la conversación que lleva como protagonista a Gastón, pero se me hace supercomplicado al pensar que en este momento me podría estar mirando, que podría estar atento a cada uno de mis movimientos. ¿Me veré fea de costado? ¿Mi perfil izquierdo se verá gordo?

Como sea, no debería importarme.

—¿Sigue mirando?

Se vuelve hacia un costado con disimulo y luego asiente.

—¿Por qué hace eso? —me pregunto a mí misma.

—Porque le pareces bonita —responde. Me ha leído los labios porque yo estoy segura de que hablé en voz baja—. Y ahora viene hacia aquí.

Agrando los ojos.

—¿Qué? ¿Viene hacia aquí? —Asiente—. Ehh... háblame de algo.

—¿De qué?

—No sé —contesto entre dientes—. Solo di algo.

—Es que no sé qué.

—¡Lo que sea, lo que se te venga a la mente!

—Es que no se me ocurre —su semblante cambia de entretenimiento a tensión—. Me apresuras y me desespero.

—Mujer, ¡di al...!

—Hola de nuevo —me interrumpe Gastón. Me tenso el triple y sé que me voy a quedar bien dura. Levanto la mirada y lo encuentro parado casi a mi lado. Sus ojos se quedan fijos en los míos y me remuevo incómoda en mi lugar. Una sonrisa tímida se ilustra en mi rostro y hago lo posible para que no se dé cuenta.

—Hola...

Mira a Stef.

—¿Te importaría prestarme a tu amiga un momento para llevármela a bailar? —inquiere, y en mi cabeza le grito a Stef que diga que no.

Por favor, Stef, di que no, ¡di que no!

—Pero no, para nada —emite un ademán para restarle importancia a la situación—. Anda, llévala. Yo iré por un poco de tequila.

La voy a matar. Cuando lleguemos a la casa la voy a ahorcar. Creo haberle dejado claro indirectamente que no me siento cómoda cerca de Gastón, por lo tanto, ella no debería de haberme entregado en bandeja a un fantasma de mi pasado.

Gastón le agradece y, cuando quiero negar y decirle que mejor no, me quedo muda. Me toma de la mano y vuelvo a sentir esa descarga eléctrica que no quiero sentir. Cuando menos me doy cuenta estoy en el medio de la pista haciendo movimientos de baile que me dejan en total ridículo. Debo parecer un ganso borracho.

Me toma de las manos y hace que lo rodee por el cuello. Sus manos se posan en mis caderas y las mariposas que deberían estar muertas reviven para aletear como si no hubiese un mañana. Doy un paso hacia atrás sin separarme de él, su cercanía me pone nerviosísima y me estoy dejando expuesta.

—¿Cómo estás? —pregunta seguido de sonreírme.

—Bien —me limito a decir. Estoy todo menos bien.

—Pareces nerviosa.

—Ja, no, para nada —río de una manera estúpida y me golpeo mentalmente. Me quiero ir corriendo de este maldito lugar.

«Meteré veneno en tu comida, Stefanía.»

—¿Segura?

Asiento.

—¿Tú estás bien? Aparte de Sofía —digo.

—Sí —se limita a decir y entiendo en el momento que no debí preguntar

—. Todavía no caigo que estás frente a mí después de nueve años.

—Créeme, estoy igual —concuerdo.

—La última vez que te vi fue cuando estaba por emprender el viaje a Londres —recuerda.

—Sí.

—Y después de eso...

—La comunicación se cortó, la distancia hizo un efecto negativo —comento, y no puedo evitar pensar que sonó en un tono de reproche. Pero obviamente, si es que así sonó, no tuve la intención. Hacerlo no tendría sentido, los dos tuvimos la culpa del distanciamiento. Bueno, yo más que él.

Afirma con la cabeza y nos quedamos en silencio, con la música de fondo envolviéndonos.

Nueve años.

Nueve largos y modificativos años sin ver esos ojos avellana. Su aspecto ha cambiado notoriamente a cuando tenía dieciocho, pero sigue viéndose muy joven en sus veintisiete. ¿A quién engaño? «Bien» se queda corto. Y me siento mal por tener esta parte de mí que sigue pensando que Gastón es atractivo.

Liam hace presencia en mi mente. Él no se sentiría enojado si me viese bailar con un viejo amigo, pero quizá sí se le haría un poco incómodo.

—¿Te arrepientes?

Junto las cejas.

—¿De qué?

—De que nos hayamos distanciado —explica.

Sopeso sus palabras.

¿Qué me está queriendo decir? Puedo ver esa pregunta desde perspectivas diferentes, y una de ellas es que me está echando la culpa del alejamiento por aquel enamoramiento mío.

—Yo siempre me arrepiento de no haber puesto un poco más de mí y haber hecho que la amistad funcionara. Nunca pensé que terminaríamos por caminos separados.

—Ah —comprendo y asiento—. A veces.

—¿A veces? —mi respuesta parece decepcionarle un poco.

—Siempre —me corrijo.

Asiente lentamente mientras me mira con detenimiento las facciones del rostro. De repente esboza una media sonrisa que me atrae en el primer segundo que la veo. Sus ojos vuelven a los míos, pero los baja nuevamente y vuelve a escanearme.

—¿Te has dado cuenta de algo...? —Me mira otra vez—. Estamos bailando como si hubiese música lenta.

Me río un poco porque es verdad. Miro a mi alrededor.

—La gente nos mira raro por eso —comento. Me tenso en cuanto veo una marca de pintalabios rojo en su cuello.

—¿Qué te pasa? —pregunta.

—Nada.

De verdad no pasa nada, solo me ha tomado por sorpresa ver su cuello con esa mancha. Quizá la chica rubia que le pidió una foto se lo hizo, quizá tuvieron algún momento un poco intenso, aunque eso no me tendría que importar en lo absoluto. No es de mi incumbencia. Sinceramente no sé por qué me he tensado. ¿Me habrá puesto incómoda? Quizá sí, debe ser solo eso porque celos no fueron. Sería estúpido.

Pero, ¿por qué me incomodaría?

Esto es estúpido.

—¿Me disculpas? Necesito ir un momento al baño.

Deslizo mis manos por sus hombros y me aparto de Gastón cuando me regala un asentimiento como respuesta. Me voy hacia mi destino y recibo varias pisadas en el transcurso del viaje. Estuve bailando con él estando descalza, me sorprende no haber hecho hincapié en ello.

No tengo ganas de hacer pis, lo dije para tomarme un pequeño respiro. Que Gastón apareciera después de tanto es un destape total. La alfombra está siendo levantada con lentitud y poco a poco se logra ver el acceso al sótano de los sentimientos significativos.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk