DESTINADOS. Condenada a amarlo.

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Capítulo 4 Dos tatuajes

Damiano Thompson

Me había acostumbrado al dolor que las agujas me provocaban, sin embargo, el lugar donde había decidido hacerme mi tatuaje número veintidós no era muy sólido como para amortiguar los pinchazos mientras la tinta atravesaba mi piel.

—¿Nos tomamos un descanso? —me preguntó Megan mascando ese chicle interminable que sobresalía entre sus molares. Se había vuelto a cambiar el color de su cabello, ahora lo tenía azul con mechones rosas. Y creo que llevaba diez piercing más que hacía una semana atrás-, Damiano, eso no te hace menos rudo, por Dios.

—Llegaré tarde a un lugar importante si paramos —le dije, sin dejar de mirar la foto en mi móvil—. Creo que voy a cambiar algo del diseño. Quiero que tatúes solo los ojos, y aquí quiero sus labios —señalé el lateral derecho de mi cuello y ella arqueó las cejas.

—¿Qué demonios? Sea lo que sea que estés consumiendo, necesito un poco.

—Tú solo has tu trabajo.

—Señor, le he conseguido una invitación al cumpleaños del Senador —interrumpió Kendrick, extendiéndome un sobre. Le indiqué que se sentara en el sillón junto a mí y le mostré el trabajo casi terminado que hacía Megan en mis costillas, debajo de mi pectoral izquierdo—. ¿Es lo que creo que es?

—Oh sí amigo, lo es —intervino Meg, burlándose.

—Son impresionantes —dije, admirando la similitud entre los reales y el tattoo.

—¿Qué cosa, esos ojos esmeraldas o mis tatuajes en general?

—Ambos.

—Vaya, gracias.

—¿Qué será lo próximo de ella que vas a tatuarte? —cuestionó Ken, y cuando abrí la boca para responder me interrumpió—, no, ya sé lo que vas a decir.

—Esta vez te equivocas, con esas partes quiero hacer otras cosas.

—Ya cállate, maldito mujeriego —Meg me pegó un puñetazo en el hombro que me hizo reír, con lo flacucha que era a penas sentía sus golpes.


El encuentro resultó justo como lo había planeado, incluso mejor, porque el beso que le di fue impulsivo. Y lo que más me gustó de todo fue que me abofeteó por decirle la verdad en la cara, pero cuando la besé ni siquiera puso resistencia.

Hace una semana nos habíamos cruzado en el crucero de Budapest, ni siquiera tenía idea de que estaba casada, a pesar de haber escuchado su nombre varias veces siendo halagada por su trabajo.

De Sebastián no podía decir lo mismo, su pasado estaba manchado por corrupción política y administrativa. Según lo que investigué, su nombre se había limpiado luego de casarse con la abogada que lo ayudó a ganar en las tribunas. Cuatro años habían pasado ya, por supuesto que nadie mencionaba sus fachorías e ignoraban las cosas que hizo.

Por mi parte, yo no solo era heredero de un legado familiar que se mantenía en el poder por más de cuatro décadas, también era el primero en multiplicar por millones la riqueza familiar gracias a un negocio que me iba cada vez mejor.

Valentina había asistido del brazo de su corrupto esposo, se veía tan hermosa, tan deseable para todos, que incluso siendo la primera vez que la veía no quería que nadie más lo hiciera. Era increíble como todos los hombres se la comían con los ojos y su imbécil esposo no era capaz de notarlo. Sentí tantos celos de él, que casi exploto la copa que sostenía con la mano cuando lo ví sujetar su cintura y hablarle entre dientes mientras ella palidecía.

En menos de una hora ya había decidido que la quería para mí, y no como a un objeto al que lucir y luego desechar; Valentina había despertado un deseo incontrolable en mi interior que no fui capaz de dejar de mirarla toda esa noche.

Los días siguientes fueron aún más intensos, como no podía tenerla cerca me ví en la necesidad de darle ese trabajo a alguien más. Obtenía fotos de ella a toda hora, cada vez que salía de su casa. Y lo mejor de todo fue que nunca sospechó nada, ni ella ni el mal nacido de su esposo.

Después, cuando mi detective privado Dimitri me informó de su pasado, sentí que finalmente había encontrado a la mujer perfecta. ¡Cuánta inteligencia habría en esa mente como para tener engañados a todos y aparentar ser una esposa responsable y obediente! Eso me impresionó, tenía que aceptarlo.

Se me encendió el cuerpo mientras leía el reporte que me había hecho Dimitri, había sido tan experta y cuidadosa que la sonrisa estúpida no se me borraba de la cara. Me había vuelto loco por esa mujer y a penas la conocía. Pero para eso ya tenía otros planes, claro, lo que Damiano Thompson quiere lo tiene. Así de fácil.

Primero tenía que convencerla de trabajar conmigo, para eso lo principal era sacarla de su casa y traerla a vivir conmigo.

Kendrick, mi mano derecha,.me recomendó algo muy inteligente, si investigaba más a fondo la vida de Sebastián y encontraba algo fuerte, sería suficiente para mostrarle a Valentina y provocarles el divorcio. Ya sabía que entre ellos no existían sentimientos, pero para sacarla de esa casa debíamos tener un motivo para la ruptura. No fue difícil conseguirlo, resultó ser un maldito mujeriego que la engañaba incluso bajo el mismo techo mientras ella trabajaba sin descanso. Y por si fuera poco, descubrí que el muy maldito estaba involucrado en el caso Moretti hasta las trancas.

En mi mente sonó como un titular " El esposo de mi futura mujer aliado con mis mayores enemigos", brillante, con eso se había convertido oficialmente en una cucaracha a la que debía aplastar.

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