Cásate con mi esposo

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Capítulo 1 PROLOGO

El golpe llega sin ningún aviso.

La cachetada que Amanda me da resuena por todos lados como un golpe seco y brutal que compite con el latido de mi corazón. El ardor me quema la mejilla izquierda de inmediato. Es tan fuerte que siento el sabor metálico de la sangre en la lengua. Tropiezo hacia atrás, chocando contra el borde de la cama, y me llevo la mano al rostro con un temblor que no puedo controlar.

Mi hermana me ha golpeado.

Y lo merezco.

—Ese no era el trato —escupe ella, con voz baja y venenosa, los ojos brillando con una furia que nunca le había visto dirigida a mí—. Tres meses, Alana. Era solo hacerte pasar por mi por tres meses. No seis. No un año. Y mucho menos… esto.

Señala con desprecio el anillo de compromiso que todavía llevo en el dedo, el mismo que Sebastián me puso el día en que nos casamos y no me he vuelto a quitar cuando mi hermana me dijo que cambiáramos de lugar. Qué me casara con su esposo.

—No te dije que te acostaras con él —continúa, acercándose un paso más, tan cerca que puedo oler su perfume caro y el alcohol que acaba de beber—. Tampoco te dije que te enamoraras. Lo único que te pedí fue que me suplantaras. No que tocaras lo que es mío. ¿Y qué hiciste? ¿Qué mierda hiciste, hermanita? ¡Él es mío! ¡Es mi esposo! —chilla molesta— ¡¿Como pudiste hacerme esto?!

Apesar de sus gritos, no digo nada. Siento como las lágrimas me queman los ojos, pero me niego a dejarlas caer delante de ella. Dentro de mí, sin embargo, algo se rompe del todo.

Porque tiene razón.

Estoy enamorada de Sebastián Beaumont.

De su esposo.

Del hombre frío que me ordenó quitarme el vestido de novia la primera noche. Del que me empujó a la cama borracho sin saber que yo no era su esposa y luego se detuvo, molesto consigo mismo. Del que empezó a llegar más temprano a casa solo para cenar conmigo. Del que me sostuvo cuando mamá empeoró. Del que me besó en la oscuridad de su estudio como si yo fuera la única mujer del mundo. Del que se deslizó dentro de mí hace apenas una semana y me dijo que me amaba. A mí. No a ella.

Pero Amanda no lo sabe. Nadie lo sabe. Solo yo sé porque me he enamorado del esposo de mi hermana.

El esposo que ella nunca quiso.

Y ahora ella me lo está arrebatando.

—Vamos a cambiar de lugar —ordena ella, con la voz afilada como un cuchillo—. Hoy. Ahora. Empacas tus cosas y te largas de esta casa. Yo vuelvo a ser Amanda Beaumont. Y tú… tú no vuelves a acercarte a mi esposo. ¿Entendiste? No te quiero volver a ver cerca de él.

Asiento. No porque quiera. Sino porque no me queda otra opción. Si no lo hago, se que ella lo contará todo. A papá. Al abuelo Beaumont. A Sebastián.

Y él... él no me lo perdonará.

Lo sé.

De igual manera he perdido.

Amanda sonríe, satisfecha, y se da la vuelta hacia el espejo para retocarse el labial rojo. Como si no acabara de destrozarme la vida. Como si mi corazón no se estuviese rompiendo en mil pedazos justo en frente de ella.

Sin decir otra cosa, Amanda, mi hermana gemela, sale de la habitación para que pueda recoger mis cosas.

Con el corazón hecho trizas me quedo sola en la habitación que durante tres meses fue mía. Me siento en el borde de la cama, con la mejilla todavía ardiendo y las manos temblando sobre el regazo.

Sebastián no sabe que no soy ella.

Sebastián cree que la mujer que se casó con él, la misma que cocina para él, que trabaja en silencio en la biblioteca, que se derrite bajo sus manos… es Amanda. No Alana.

Y ahora tendré que mirarlo desde lejos mientras ella ocupa mi lugar. Su lugar. Mientras ella toca lo que ya no es mío. Mientras él, poco a poco, se dé cuenta de que algo está mal… y me odie por haber mentido.

Porque se que lo hará.

El pecho me duele tanto que casi no puedo respirar. Las lágrimas finalmente caen libres, calientes y silenciosas, manchando el vestido azul claro que él me dijo una vez que me quedaba bien.

Tres meses.

Tres meses fueron suficientes para enamorarme del hombre que nunca debió ser mío.

Y ahora, sin hacer ruido, sin gritar, sin pelear… tengo que devolvérselo a la única persona que siempre ha sabido cómo destruirme.

Mi hermana gemela.

La misma que me obligo a casarme con su esposo, un hombre que ni ella misma conocía, solo para exigirlo de vuelta cuando supo que me enamoré.

Cuando supo que el hombre del que ella huyó no es el monstruo que todos dicen.

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