Casada por obligación

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Capítulo 6 Va a cuidarte

Al dar mis datos a la enfermera que se encuentra en la recepción, esta me dice que ya todo está listo para mi revisión y me pide un momento antes de llamarme al consultorio.

Estoy a punto de tomar asiento, cuando veo a mi peor pesadilla acercarse hacia mí, no sé qué demonios está haciendo aquí, si esto es una casualidad o él lo ha planeado, pero lo próximo que sé es que el imbécil de mi ex marido está de pie enfrente de mí con una sonrisa tan falsa como su alma.

No puedo creer que hace menos de un mes estaba en las nubes, creyendome en un cuento de hadas con el hombre que creía amar, y ahora al verlo solo pueda sentir odio y desprecio.

—Abigail, ¿qué haces aquí, te encuentras bien?—Como toda respuesta decido quedarme callada y él chasquea la lengua en molestia al notarlo. —Solo estoy tratando de ser amable, no debes ser tan rencorosa, lindura.

Sus palabras encienden un odio enorme dentro de mí y siento muchas ganas de golpearlo, pero aún más de golpearme por haber sido tan tonta.

Todo lo que ha ocurrido en mi familia ha sido por meterme con alguien que solo quería nuestro dinero… para mi suerte la enfermera aparece para llevarme al examen a lo lejos veo como mi exmarido me sonríe antes de que la misma mujer de la fiesta aparezca y lo abrace.

En estos momentos odio mi vida y solo espero que la abuela Dimas cumpla su parte del trato. —Buenos días, señora Dimas. ¿Está lista para el chequeo y la extracción de ovocitos?— Un hombre entrado en los cuarenta me da la bienvenida en el consultorio y yo trato de regresar la sonrisa, aunque el buen humor ha desaparecido del todo en mi.

—Si, estoy más que lista.

Y así, con un humor de perros y tratando de cajamar mis nervios, me coloco la bata que me indican y me recuesto en la camilla para empezar la revisión y extracción. Solo espero que todo salga bien.

Cuando la consulta y el procedimiento al fin termina salgo mecánicamente del hospital, no quiero hablar ni ver a nadie, me siento agotada física y mentalmente; necesito un momento para mi, para permitirme asimilar todo lo que está pasando en mi vida.

Sin embargo, eso parece ser algo imposible porque nada más poner un pie fuera lo primero que veo es el lujoso auto de la familia Dimas esperando en el parqueadero.

Tengo que obligarme a apretar los labios con fuerza  y tomar un respiro profundo para no terminar gritando de frustración, antes de empezar a caminar hacia el auto. 

No tengo ni que tocar la ventana, la puerta se abre incluso antes de que haya llegado del todo, dejando ver a la señora Marlen Dimas sentada dentro esperando por mi. En silencio subo al vehículo y este arranca de inmediato. Yo evito hacer contacto visual con la mujer a mi lado, pero ella parece tener planes distintos.

—Y entonces, niña, ¿Cómo te fue?

—Bien— respondo, pero ella parece esperar por algo más que solo una palabra, así que tomo una inhalación y me obligo a hablar— , el médico dice que los resultados estarán en algunos días, todo se veía bien conmigo.

La  mujer asiente a cada cosa que digo, sus ojos oscuros y analíticos están fijos sobre mí poniéndome nerviosa.

—Muy bien, estoy segura que en menos de un parpadeo estarás llevando a mi bisnieto.

Yo no respondo nada, porque ciertamente llevar a su bisnieto no es algo que esté deseando, pero no puedo decir en voz alta. El resto del camino, gracias a Dios, transcurre en silencio, mi mente no ha dejado de dar vueltas alrededor de toda esta situación y creo que apenas estoy empezando a asimilar la magnitud de la situación, si esos exámenes salen bien seré mamá.

Dios, no es que nunca haya pensado en serlo, pero quedar embarazada de esta manera parece una completa pesadilla, el hombre me odia, su familia me está utilizando y a mi madre como moneda de cambio para que obedezca… Visto así, la idea  de saltar del vehículo en movimiento se vuelve tentadora.

—A partir de mañana habrá algunos cambios en casa

Sus palabras consiguen atrapar mi atención. Mis ojos vuelan de inmediato a su rostro frío y calculador.

—¿Qué clase de cambios?

Cómo si estuviera esperando a que hiciera esa pregunta, la señora Dimas asiente con aprobación y una media sonrisa, para nada amable y del todo espeluznante, aparece en su rostro.

—Para empezar te mudarás a la zona clínica de la casa, mi nieto es ahora tu esposo y debes estar a su lado— Dios no… solo de pensar tener que enfrentarme nuevamente a ese hombre la piel se  me pone de gallina—. Además, deberás ayudar con sus cuidados y recuperación.

Tengo que morderme la lengua para no decir nada indebido y simplemente asiento con la cabeza en dirección a la mujer que sigue viéndome con altivez. Con cada centímetro que el auto avanza hacia la mansión el presentimiento de que las cosas van a ir muy mal después de aquí se instala en mi.

La matrona se encarga de llevarme personalmente hasta donde Christopher se encuentra y me sorprendo al notar que la habitación en la que se encuentra no es la misma que ví la vez pasada.

En esta ocasión nos adentramos mucho más en el pasillo y llegamos a unas grandes puertas dobles de madera que la mujer a mi lado abre sin ninguna ceremonia dejándome sin tiempo de asimilar lo que estoy a punto de enfrentar. 

Christopher se encuentra tendido en una enorme cama en medio de la habitación, que parece más un apartamento pequeño, pues cuenta con equipo de ejercicio, una sala pequeña y una cocina muy bien equipada, aparte lógicamente de lo que veo es un baño.

Sus ojos viajaron inmediatamente a nosotras y no paso por alto la mueca de desagrado que hace al verme, aunque si finjo no haberlo visto. Junto a él se encuentra un hombre vestido de doctor realizando terapias en sus articulaciones, observo en silencio como el médico estira y recoge sus piernas, que aún están en muy buena forma, y luego las masajea de manera experta.

Su abuela ha pasado a sentarse en la sala y yo no sé si se supone que debo ir junto a ella, pero lo cierto es que no me siento cómoda haciéndolo, por lo que prefiero quedarme donde estoy.

Casi veinte minutos después el doctor anuncia que ha terminado y luego de recoger todos sus materiales se despide de los Dimas.

—Tiene que trabajar en los ejercicios, señor Dimas y también guardar reposo hasta que su cuerpo esté fuerte nuevamente. —El hombre dice todo esto y noto como da una mirada curiosa en mi dirección, como si no supiera si debe hablar delante de mí.

—Por supuesto, doctor, su esposa se encargará de ayudarlo en todo—Las palabras de la abuela bien podrían cortar el aire con lo afiladas que han salido. Yo sigo en silencio en mi lugar y veo como los ojos del médico se amplían cuando vuelve a verme y también veo la mueca enojada de Christopher al escuchar a la mujer.

—Muy bien, eso está muy bien— dice el doctor caminando hacia la salida— Yo igualmente le haré seguimiento, pero debe poner de su parte.

Esto último lo dice viendome a mí y yo solo asiento para que sepa que lo he escuchado, él, gracias a Dios, parece satisfecho y luego de una última despedida termina por salir de la habitación dejándome sola con dos personas que no me soportan.

Y es ahí cuando, por primera vez en el día, escucho la voz de Christopher.

—¿Puede alguien explicarme por qué sigue esta mujer aquí?

Siento como mi garganta pasa saliva con fuerza por lo toscas que son sus palabras y miro hacia donde la señora Dimas se encuentra, ella dijo que se encargaría de su nieto. Sin embargo, la mujer lo único que hace es poner los ojos en blanco y mover la mano en mi dirección como quien resta importancia a las cosas.

—Ella va a cuidarte mientras te recuperas, es su deber como esposa y además te lo debe por haber sido su padre el causante de todo esto.

Sus palabras me duelen y aunque trato de aparentar que no ha sido así, cuando él fija sus ojos en los míos sé que ha notado que me ha lastimado, lo sé por su mirada desdeñosa y sonrisa cínica.

—Bueno, si es así entonces más le vale que lo haga bien— eso es lo único que dice, pero se que de alguna manera ha sido una amenaza.

Dios, ayúdame a soportar todo esto.

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