Casada con el Esposo de mi Hermana

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Capítulo 5 La noche llegó

Celin no deja de observar cada paso que da mi padre, mientras viene hacia mí. Muestra una enorme sonrisa, me abraza y, en el oído, me susurra:

—Que esas lágrimas sean de alegría, hija mía. O yo me encargaré de que se conviertan en dolor. —Cuando se aleja, ahueca sus manos entorno a mis mejillas. Me da un beso en la frente—. ¿Entendiste? Eres una linda segunda esposa. Tienes un apellido importante. Tú lloras de felicidad.

Asiento mientras habla. Lloro de felicidad. Elif, lloramos de felicidad.

Mi madre y Aslı nos acompañan. Mi madre, Melis Kaya, me da otro fuerte abrazo y dos besos en cada mejilla. Este día no lleva su hiyab, luce, en cambio, su cabello lacio y castaño oscuro suelto.

—No es la vida que querías, hija. Pero te aseguro de que te cuidarán viene. —Se vuelve hacia mi hermana y le da un codazo que la hace volverse a nosotros—. ¿Cierto, Aslı? Cuidarás a tu hermana.

Como única respuesta, Aslı hace un breve asentimiento de cabeza. Mi padre no queda conforme con eso.

—Aslı —gruñe entre dientes.

—Sí, padres. —Baja la cabeza—. Prometo proteger a mi hermana.

—Como ves —mi padre regresa su atención a mí—, todos estamos aquí, contigo. No hay por qué llorar.

—Cierto, padre —digo. Por fin, logro calmarme y tomar el control de mí misma—. Perdónenme. Estoy algo sensible. La boda ha sido muy… conmovedora —me atraganto con esa última palabra. Ha sido todo menos conmovedora.

Mi padre me da una palmada en la cabeza, como se las da a nuestro perro cada que se levanta para comer. Soy eso. Una buena chica. Obediente. Nada rebelde. La que sigue las reglas de su familia. Sin educación, dispuesta a ser… madre.

Eso es lo que soy ahora.

Tras más agradecimientos, y un discurso de los patriarcas de las dos familias, se da por finalizada la ceremonia. El día terminó y la noche tomó su lugar. Mi cuerpo, de forma automática, comienza a temblar.

Serhan vuelve a mi lado, me toma de la mano, donde descansa un anillo con un diamante que baila entre rosa a verde oliva. Es precioso, pero ojalá no lo tuviera puesto en circunstancias como esta.

—¿Estás lista? —A Serhan le brillan los ojos. Lleva el cabello algo revuelto, el semblante endurecido y la voz peligrosamente baja.

Niego con la cabeza, pero digo:

—Lo estaré.

De reojo noto la mirada de todos. De Celin, de Aslı, de mi padre, de el gran Ferit, de Miran… ¿Qué pensará cada uno de mí? ¿Qué pensará Aslı de mí, después de haber compartido cama con su esposo?

Oh, Dios.

Después de esta noche, ambas compartiremos el cuerpo de un mismo hombre. Es repulsivo. Yo no debería estar aquí. Debería estar en la universidad, estudiando para los exámenes.

Debería estar preocupándome por cómo salir de nuestro pueblo, lejos de la familia. De mi padre. Solo volvería para las festividades. Pero no me podrían retener.

Ahora, estoy retenida. Por siempre.

—¿Elif? —La voz de… ¿mi esposo? me recuerda que estamos aquí, juntos.

—¿Esto es lo que quieres, Serhan? —pregunto y lo miro. Hay algo ahí en su mirada. Ese algo que me dice que sí, estamos juntos en esto. Él tampoco quiere este matrimonio, aunque ya esté concretado.

Noté la urgencia de su padre para que aceptara. Noté la débil duda de Serhan antes de aceptar. Él siente lo mismo que yo.

—Serhan. —Me coloco frente a él y lo tomo de las manos. A mirada de los presentes, nada raro ocurría—. Serhan, dime si esto es lo que tú quieres. ¿Pretendías tener a una kuma si tu primera esposa no podía darte hijos?

Sus labios, gruesos y en forma de corazón, los más hermosos que he visto en un hombre, además de su medio hermano, se separan levemente. Su expresión vacila por un momento. Se recompone rápido.

Serhan me toma del brazo y me coloca en mi sitio.

—Sí, es mi deber.

Con esto en mente, dejo que me guíen afuera del salón y de la casa. En el jardín hay una limosina que nos espera. Mustafa es quien parece que la manejará. Cuando estamos por caminar hacia el vehículo, me detengo. Serhan casi me arrastra al no darse cuenta.

—Camina —me dice cuando ve que no me muevo.

Sacudo la cabeza.

—Oh, quiere que la carguen —grita alguien detrás de nosotros. Creo que es Kaan.

—¿Es lo que quieres, Elif? ­—Serhan rompe la distancia entre nosotros, con un brazo me rodea la espalda y, con el otro, las rodillas. Me levanta sin hacer el mínimo esfuerzo.

—¡No! —grito mientras pataleo, pero no pasa nada, Serhan ni se inmuta y me echa, como un saco, dentro de la limosina. Es bonita y espaciosa, con luces de olores, un mini bar y cómodos asientos. Pero nada de esto me importa. Quiero salir de aquí.

No puedo. Serhan ya ha entrado y cierra la puerta.

—Esposa, esposa —canturrea—. ¿Por qué escapas de mí? ¿Acaso no quieres recibir mi regalo de boda?

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