Casada con el Esposo de mi Hermana

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Capítulo 4 La noche se acerca

Celin Karahan es una mujer menuda, no muy agraciada, pero de mirada feroz y voz firme, aunque bonita de escuchar.

—Les doy mis felicitaciones por este matrimonio —dice, aunque su rostro no refleja ni un ápice de alegría.

—Gra-gracias… —trato de decir, pero las palabras apenas me salen. No deja de escudriñarme. ¿Qué está viendo en mí? ¿A una simple kuma? ¿A la mujer que puede quitarle la posibilidad de que su ya nacido nieto pueda heredar más de lo que le correspondería?

Al ser la cuarta esposa, los hijos de Celin apenas tienen derecho a una mínima parte de la fortuna de los Karahan, por lo que me contó una vez mi padre, y después Aslı, a quien también había odiado esta mujer.

No espero a que nos hagamos amigas, o me cuide cuando esté en estado de gestación. Lo que realmente espero es no tenerla de enemiga. Aslı, en una ocasión, cuando vino a pasar el bayram en casa, me contó que Celin solía preguntarle cada día, casi de forma obsesiva, si ya estaba embarazada.

—Incluso un día, quiso obligarme a tomarme un té de olor extraño —me contó mientras permanecíamos debajo de nuestras cobijas, como si fueran un fuerte—. El color no parecía normal. Fue… —se interrumpió, tragó saliva y se acomodó en la cama—. Si no fuera por la señora İrem, que me sacó de ese lugar con la excusa de que el gran Ferit requería mi presencia, no sé qué me habría hecho esa bebida.

Bajo la mirada hacia el regalo. No lo tomo. Me hago la tonta y agarro el vestido de Layla, con mi propia excusa de que no se vaya a maltratar.

—Eres muy bonita —dice Celin.

Hago una mueca que trato de transformar en una sonrisa. Le murmuro un sólido gracias y desvío mi atención al siguiente invitado. Pero Celin no se mueve.

Los Karahan, recién me uno a ellos y ya me hacen la vida más difícil.  

Que sus hijos nazcan con tu belleza. Con tus bellos ojos verdes. —La sonrisa que me dedica me revuelve el estómago. Algo en esas últimas palabras ocultan un veneno rancio—. El gran Ferit estará agradecido. —Le da un leve empujón a su regalo y se va.

Apenas puedo respirar, pero no puedo tomarme un tiempo. El siguiente es Miran. En esta familia todos suelen ser muy apuestos, desde las mujeres hasta los hombres. Miran, el segundo hijo de Ferit Karahan, y medio hermano de Serhan, me ofrece una linda sonrisa de dientes blancos y una dentadura casi perfecta.  

—Celin da miedo —dice en cuanto se despega del abrazo que me ha dado—. No le hagas mucho caso.

Asiento. Las mejillas me arden todavía más. Miran parece un modelo. Casi el hombre de mis sueños. A diferencia de los demás, no lleva traje, aun así, se ve muy elegante. Su cabello rubio está peinado a los lados, como si fuera el chico bueno. Sus ojos, del color de la miel fresca, son grandes y amables. Y sus labios…  

—Elif… —Miran sacude una mano frente a mí. Parpadeo—. Por favor, no te intimides. Nadie aquí te hará nada. Menos aun por ser la esposa de mi hermano.

—Seré solo una kuma —repongo en voz baja.

—Ante los ojos de Dios, eres una segunda esposa. Serás amada y bendecida. Respetada y halagada. No tendrás tanto como la primera esposa, pero nos encargaremos de que seas como nuestra hermana. Te protegeremos.

Mi respiración se agita levemente. Escucho mi corazón latiendo contra mis oídos. Miran se inclina sobre la mesa, nuestros rostros a centímetros de distancia. Puedo ver sus pecas, incluso contarlas si quisiera. Están esparcidas de forma desigual, como el cielo estrellado.

—Si bien —dice. Su aliento tiene un olor a dulce, como si hubiera comido caramelos durante toda la ceremonia—, en algo Celin tenía razón. —Sus nudillos rozan mi mejilla—. Eres muy bella.

Dicho esto, se va. Nadie más espera en la fila. Los más jóvenes, bailan. Otros están sentados, conversando. A mi lado, Serhan toma mi copa de vino y se la bebe. Aprieto los labios; los suyos se pintan de rojo.

—Hoy, todos se han dado cuenta que eres muy hermosa —me susurra. Se ladea para mirarme desde abajo. Sus ojos siempre buscando los míos—. Y lo eres.

Fijo la vista en las luces en el techo. Entrelazo los dedos de mis manos y espero a que deje de mirarme.

—Ya casi empieza la noche, querida esposa. —Serhan se endereza y acerca sus labios a mi oreja—. Vete preparando, porque este año quiero a un hijo. Y más vale que sea varón.

No aguanto más. Por más que me digo y repito que debo aguantarme. Que debo permanecer en silencio, aquello sobrepasa mis límites.

—Si es niño o es niña, no lo puedo controlar —escupo. Serhan se vuelve a mí, sorprendido. Esta vez, lo encaro—. Yo no puedo controlar eso. Y si es niña, yo la voy a proteger. Ella será lo que yo no pude.

Serhan alarga el brazo, me toma de la cintura y me acerca a él de un tirón. Da un último trago.

—Si es niña, Elif Kaya, te prometo que seré yo quien la proteja. Si es niño, Elif Karahan, protégelo tú. Porque será él quien más lo necesite. —Me planta un beso en los labios y me deja, como si fuera un trapo sucio.

Me limpio con desesperación la boca. El ardor que había sentido en las mejillas, pasa a mis ojos. Lágrimas se acumulan. Hago el intento de retenerlas, pero las notan. Mi padre se acerca y yo no puedo evitar temblar ante su expresión.

Perdóname, Señor, pero esto es una mierda.

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