Casada con el Esposo de mi Hermana

Download <Casada con el Esposo de mi Her...> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 1 Vestido de novia

No puedo apartar la vista del espejo. La mujer que me regresa la mirada viste de blanco. Parece una novia. Aunque yo solo veo a una joven que ha perdido su libertad.

El maquillaje semi natural ha borrado los ojos rojos por las lágrimas ya secas. El cabello trenzado y acomodado hasta formar una corona sobre la cabeza, disimula los días sin haberlo lavado. Los aceites, las cremas y los perfumes son apenas una muestra de lo que se está por venir.  

Oh, Elif, ¿quién es esta mujer frente a nosotras?, pienso, aun sin poder reconocerme.

Nunca creí que mi boda sería así. Recuerdo que, en el pueblo, cuando a las niñas se nos permitía juntarnos en la casa de alguna, hablábamos sobre nuestra boda soñada. Todas queríamos vivir el cuento de hadas, casarnos con un príncipe y vivir felices para siempre, sin que nuestra autonomía se viera rebajada.

Yo siempre me imaginé que la familia que teníamos repartida entre Turquía y el mundo de afuera, vendrían para verme firmar mi futuro, dispuesta a ello realmente. Imaginé a mis amigas siendo mis damas de honor. A mi hermana.

Imaginé fotógrafos que capturaran el más mínimo detalle para las revistas, pues sería reconocida por mi trabajo.

Hoy solo habrá unos pocos testigos de la unión.

Imaginé bandas tocando y la música alegre sonando en alto.

Hoy solo habrá silencio.

Imaginé un jardín lleno de invitados, risas, felicitaciones y regalos.

Hoy solo habrá un salón cerrado con cortinas blancas.       

Imaginé una fiesta que duraría una eternidad.

Hoy apenas habrá ceremonia.

Yo… Me imaginé al novio, al que amaría el resto de mi vida.

Hoy solo tengo…

—Elif.

Una voz me saca de mi ensimismamiento.

Me giro hacia mi hermana mayor. Aslı me observa desde la puerta, con los puños cerrados. Lleva puesto un bonito vestido negro con una abertura que deja ver parte de su pierna, y unos tacones que la hacen ver más alta de lo que ya es. Ha cubierto sus hombros con un chal del mismo color fúnebre.

—Nuestro padre dice que es hora.

Noto esa urgencia de que todo acabe. Nadie quiere seguir ahí, con la tensión creciendo. Nadie más que mi padre quiere que todo esto termine para evitar que alguien salga corriendo.

Trago saliva.

—Aslı —trato de decir, pero se me entrecorta la voz—, por favor.

—Lo hecho está hecho, Elif. Ahora, apúrate.

—¿Tú quieres esto? —Al ver que sacude la cabeza, impaciente, repongo—: ¿Lo quieres, Aslı?

Ella entra en la habitación y cierra la puerta tras de sí. Se acerca a mí, queda a tan solo un metro de distancia. Ya no parece la misma hermana mayor de hace tres o cinco años atrás. Hay resentimiento y miedo en su mirada.

—Lo que yo quiera o lo que tú quieras, no tiene mayor relevancia, Elif. Nuestro padre quiere lo mejor para nosotras dos. Cuando puedas ver eso, entonces…

—¿Entonces? —La interrumpo mientras rompo la distancia. Nuestras caras están a centímetros. No dejo que esos ojos marrones escapen de mí—. ¿Entonces qué, Aslı? ¿Nos acostaremos con el mismo hombre, siendo hermanas? ¿Seré solo tu sustituta de vientre? ¿Me quitarán a mis hijos cuando ya no sea necesaria y me tirarán a la calle como si fuera peor que un perro viejo y enfermo?

Aslı esboza una tenue sonrisa que no habría visto de estar lejos.

—Nadie ha abandonado a Alpie —dice, refiriéndose a nuestro perro de trece años de edad—. Y tampoco lo harán contigo. Nuestro padre se ha encargado de ello. —Señala hacia la puerta—. No es una boda como la mía, pero tienes más de lo que ninguna otra kuma tendrá.

—¿Me debo de sentir agradecida? —escupo con rabia.

Aslı suspira.

—Hazlo o no, ya está hecho —repite y yo aprieto los dientes—. Ya no puedes negarte, Elif. Tuviste oportunidades y las desperdiciaste. Deja de quejarte y sal.

Da media vuelta y se marcha.

Es verdad, ya no me puedo negar. No lo haría, aunque pudiera ahora mismo. Si me voy, ellos tomarán otra decisión: divorcio.  

Nuestro padre me lo dejó bien en claro. No puedo hacerle esto a la mujer que me cuidaba desde niña, que me enseñó a leer, que me peinaba, que me ayudaba a curar mis heridas, ya fuera por mis travesuras o por los golpes de nuestro padre.

¿Cómo puedo negarme a darle algo que ella no puede tener?

Si puedo evitar que regresemos a un pueblo donde nuestra reputación está por los suelos, lo haré. Si está en mis manos evitar regresar a un lugar donde ya no tenemos casa, ni dinero ni respeto, lo haré.

Pero ojalá no fuera así. Ojalá hubiera podido ser yo quien sacara adelante a mi familia con mi esfuerzo, con mi trabajo.

Me pongo mi velo y, tras dar una bocanada de aire, salgo.

Volgend hoofdstuk