Cadena de sangre. Lazos de piel.

Download <Cadena de sangre. Lazos de pie...> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 3 Capítulo 3: El Secreto entre los Estantes

El amanecer en la mansión De Beaumont no era un despertar de sol, sino un sutil cambio del gris oscuro al gris pálido. A las seis de la mañana, Mariana ya estaba en la biblioteca. Sus manos, acostumbradas al trabajo duro pero cansadas por el peso del duelo, sostenían un paño de microfibra y un plumero de avestruz que parecía costar más que su vuelo a Europa.

Étienne había sido claro: no era una invitada. Así que allí estaba ella, moviendo pesados volúmenes de cuero y madera, tratando de no quebrarse cada vez que pasaba frente a la silla vacía donde Jean-Pierre solía sentarse. El silencio de la casa era opresivo, interrumpido solo por el tictac de un reloj de pie que parecía contar los segundos que le quedaban antes de que su visa expirara.

Mientras limpiaba la sección de literatura clásica, un estante en particular llamó su atención. Estaba oculto detrás de una escalera de caracol, en un rincón donde la luz del sol apenas se atrevía a entrar. Al mover un tomo de Los Miserables, un pequeño hueco en la madera de la estantería se reveló ante ella. No fue la curiosidad lo que la movió, sino ese instinto venezolano de buscar siempre más allá de lo que se muestra.

Dentro del hueco, encontró un sobre de cuero desgastado. Con el corazón galopando, Mariana lo abrió. No eran documentos legales ni dinero. Eran fotografías.

En la primera, una joven Elena Quintero sonreía bajo un sol que solo podía ser el de las costas de Aragua. Tenía una flor de cayena en el cabello y abrazaba a un Jean-Pierre mucho más joven, que la miraba con una adoración que Mariana jamás había visto en el rostro de Étienne. Pero fue la segunda fotografía la que hizo que sus piernas cedieran.

Era una imagen de un bebé, envuelto en una manta con el escudo de los De Beaumont, y al reverso, una caligrafía masculina y firme decía en francés: "Nuestro secreto, nuestro futuro. 1995".

—¿Qué haces ahí? —La voz de Étienne tronó como un rayo en la habitación.

Mariana dio un salto, ocultando la foto en la palma de su mano, pero no fue lo suficientemente rápida. Étienne cruzó la biblioteca con zancadas largas y la acorraló contra la estantería. El aroma a café y a ese perfume gélido volvió a rodearla, nublándole el juicio.

—Te di un trabajo, no permiso para saquear mi historia familiar —dijo él, arrebatándole el sobre de cuero de las manos.

Sus ojos recorrieron las fotos y, por un instante, el millonario implacable desapareció. Sus hombros cayeron ligeramente y una sombra de dolor cruzó sus facciones.

—¿Usted sabía? —susurró Mariana, recuperando el aliento—. Sabía que mi madre no era solo una "conocida". Había un niño, Étienne. La carta de mi madre dice que Jean-Pierre nunca supo que el bebé sobrevivió al accidente en el que los separaron.

Étienne cerró el sobre con violencia y la miró con una intensidad aterradora.

—En esta casa, el pasado es un campo minado, Mariana. Mi madre murió creyendo que mi padre la amaba solo a ella. Si esto sale a la luz, no solo destruyes la imagen de un hombre enfermo, destruyes los cimientos de nuestra empresa y mi propia identidad.

Se acercó más, su rostro a centímetros del de ella. Mariana podía ver la lucha interna en sus pupilas. Había una atracción magnética, una tensión que nacía del odio y de algo mucho más peligroso: el reconocimiento de dos almas rotas.

—Guarda silencio —le ordenó—. Si valoras tu estancia en Francia, harás como si nunca hubieras abierto ese estante.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk