Antes de recordarte

Download <Antes de recordarte> gratis!

DOWNLOAD

Capítulo 5 5

Algo que aprendí de nuestros juegos es que a Víctor no le importa que alguien más me vea, nunca reacciona por más atrevida que sea; a veces solo goza eso, que los demás vean y no toquen, que sepan que él se come algo tan majestuoso como yo. Pero es diferente hacerlo en casa, rodeada de seguridad y con los mismos hombres que sé que no me tocarán; pero aquí, estar semidesnuda con ojos extraños viéndome, me intimida.

Creo que tengo el alma rara; el miedo que me paraliza se escapa cuando escucho su voz. Siempre que quiere que haga algo cuenta hasta tres, lo obedezco en el dos, nunca llega a tres. No sé qué pasa cuando llegue al tres, pero prefiero simplemente no saberlo.

Quiero retarlo, pero me da miedo de que me entregue a alguien más; quiero huir pero, al mismo tiempo, mis manos se aferran a su pecho. Es como siempre: mi corazón quiere algo, pero mi cuerpo actúa solo.

—Pórtate bien —escucho la voz de Víctor, gruesa; es de esas ocasiones en las que le cuesta estar atento. Siento cómo un bulto roza mi trasero desnudo y olvido que tenemos audiencia de alto nivel de peligrosidad.

—No quiero —le susurro, dejando que mi aliento llegue a su oreja antes de morderlo. Siento cómo los vellos de su nuca se erizan y traga grueso.

Sus manos se infiltran debajo de su camisa y me acomodo para que pueda jugar con mi vulva. La escena es tan emocionante que un gran orgasmo se forma rápidamente en el centro de mi cuerpo y, como una bomba, amenaza con explotar deliciosamente.

—Qué linda mascota, una perrita así es buena para calentar la cama —escucho una voz vieja y repulsiva decirlo, pero antes de que pueda voltear para ver quién lo dijo, un ruido ensordecedor llega a mis oídos.

Un pitido agudo taladra mi cabeza y me siento dentro de una burbuja. Las voces se oyen lejanas y veo la cara de preocupación de Víctor; solo siento cómo algo me cubre y me cargan para sacarme de ahí. Es lo único que recuerdo antes de perder el conocimiento, las voces se superponen con algo que no sé si es el presente o el pasado.

Oscuridad. El olor a óxido no era del casino, era de metal viejo. Un coche. Gritos. "¡Agárrate!". El sonido de metal retorciéndose era igual al disparo de Víctor. Una mano ensangrentada tratando de alcanzar la mía. "Corre... no dejes que te lleve...".

Un nuevo pitido llega a mí, siento como si mi cabeza quisiera explotar. Todo está blanco, la luz me ciega por un momento pero reconozco que estoy en un hospital. Víctor está a mi lado, parece que lleva un par de días sin bañarse muy bien; su barba ya comienza a crecer y su estampa de jefe perfecto quedó en un hombre con el mundo encima.

—Víctor —mi voz sale rasposa, mi garganta duele.

—Mía —es lo único que dice antes de abrazarme. Siento como si su alma hubiera regresado; es un abrazo que transmite necesidad.

Víctor sale a buscar al doctor y veo a Andrew en la esquina de la habitación.

—¿No estoy muerta, verdad? —Es la alucinación post-mortem; bromeo como siempre lo hago, pero la cara de Andrew me dice que mejor me calle y deje mis chistes malos para otra ocasión.

—¿Qué pasó? —digo rápido para intentar relajar la situación, que no estaba tan tensa hasta que hablé.

—Víctor le disparó a uno de sus nuevos socios, casi le quita una mano. Tú te desmayaste y llevas casi una semana inconsciente.

—Qué buen chiste, debes ser comediante —reí. Era imposible que llevara tanto tiempo inconsciente si recuerdo todo; también recuerdo que no tuve un orgasmo que parecía maravilloso. De repente, un punzón en la cabeza me hace ver a Andrew.

—Tú estabas ahí —iba a completar la frase hasta que Víctor interrumpió.

—¿Ahí dónde? —Entró con un grupo realmente grande de doctores que pasaron casi dos horas revisando cada parte de mi cuerpo y concluyendo que solo fue por el shock del disparo y un poco por anemia.

Pero todo ese tiempo solo pude pensar. Pensar en qué había pasado en ese limbo desde el disparo al hospital; claramente era la voz de Andrew que me pedía correr, pero no era una escena que realmente asociara a algún momento de mi vida. Realmente no podía asociar nada; solo recuerdo algunas cosas de antes de conocer a Víctor, lo demás de mi mente es información que un día me dieron y nunca cuestioné.

Me dieron de alta al día siguiente y volvimos a casa. El cumpleaños de Víctor no pasó y por eso la camada de perras fueron corriendo a llorar; claro, no había excusa para que se exhibieran y tuvieran su momento de novela en un yate.

Algo bueno salió de esto, bueno, algunas cosas: Víctor me dejará salir con él a sitios donde no estén sus socios y, claro, no volverá a jugar bromas que lleven a que ahora sea enemigo de un grupo de contrabandistas.

De todo esto solo había algo malo en realidad, y no era la atención extra que estaba obteniendo de Víctor y, extrañamente, de Andrew; era que, por primera vez desde que desperté en ese hospital hace tres años, tenía un hilo de mi pasado del que podía tirar. Estaba claro que alguien como Víctor me podría ayudar.

Pero había otro camino, y era convencer a Andrew de que lo traicionara, que por primera vez le ocultara algo y me ayudara. Pero al final lo dejaré de plan B; siempre puedo pedir lo que quiera si soy buena y obediente después de una gran rabieta.

Mi vida siempre me pareció mas un chiste que una realidad, mi renacer, fue muy dramático, no se como era antes, no se era seria, alegre o tan despreocupada, pero desde que Victor llego a mi vida, solo me deslizo por ella, no pienso, todo en mi vida es resulto antes de que suceda.

Esa comodidad  me hizo algo idiota, como una muñeca, pero ese sueño, trajo a mi algo que no se como explicar, un cumulo de emociones que pensé extintas, enfrentarlo ahora me da miedo, emoción y éxtasis, es como si algo dormido volviera a la vida una vida que no se si quiero vivir.

Vorig hoofdstuk
Volgend hoofdstuk