Capítulo 1 1
Prologo
Todo se sentía desierto y vacío en su habitación, algo que contrastaba con el ruidoso hostal barato en lo que para ella era el fin del mundo.
En el baño se había formado un delgado hilo de sangre, mientras su piel adquiría lentamente un tono grisáceo.
Pensó que, ahí tumbada, parecía una trágica pintura, y que su sangre al menos servía para darle vida a un último lienzo.
Sentía el frío penetrar en sus huesos, pero no le importó. Extendió los dedos y la toco.
La sangre que por el aire acondicionado ya empezaba a coagularse, parecía ajena, casi irreal, era extraño verse a sí misma en esa situación. Estaba ahí, observando todo, mientras perdía la poca vitalidad que le quedaba.
Se sintió libre. Una libertad que no había sentido desde… nunca en realidad.
Pensó que era el momento de ascender, de olvidar todo, de descubrir que existía después de la muerte.
Quería irse. Pero el hilo de la vida la unía a su cuerpo, la última de sus cadenas, la que al final, la haló de vuelta al infierno.
Capítulo 1
Durante los últimos tres años, nada había cambiado. Siempre que teníamos sexo, me cubría los ojos. Desde que me volví parte de su sombra, todo se había convertido en un chiste de mal gusto.
Los labios que eran besados, las extremidades que fueron mordidas, las caricias que recorrieron mi cuerpo... no eran mías, eran suyas. Su muerte se convirtió en un hueco en el corazón de él, y él había convertido mi vida en la de ella. Al final, mi pecado fue tener su cara; su maldita cara.
Desde que nos conocimos, me volví adicta a esto: a pedazos de recuerdos que parecían el paraíso prometido. Llevamos tres años juntos y solo soy la mariposa que no pudo capturar antes. Soy la sustituta de un cadáver; de una tumba que recibe más amor y paciencia que nada en el mundo.
Todo pasó rápido. La esposa prometida de Victor Voss huyó el día de su boda. Después de dos meses de búsqueda, solo encontró su cadáver; se había quitado la vida en un hostal de mala muerte. Ella hizo todo para alejarse de él; ahora entiendo por qué.
No supe la verdad hasta hace dos meses, cuando la venda de mis ojos se cayó y vi, por fin, el cuarto donde teníamos sexo: un verdadero altar hacia Maya, su gran y único primer amor.
Pero creo que debería iniciar contando cómo llegué aquí. No es una historia muy larga ni complicada; solo trata sobre una chica tonta tentada por el dinero y la sensación de protección y pertenencia.
Mi vida no fue fácil. Soy huérfana y no tengo muchos recuerdos de antes de perder a mis padres; solo recuerdo un año antes de conocerlo. Desperté en un hospital después del accidente que mató a mi familia. Luego, usé el dinero del seguro para intentar vivir y terminar la universidad. La policía me dijo algunas cosas sobre mí: me llamo Mía Lancaster y soy la menor de tres hermanos. Mis padres eran dueños de una galería de arte y yo estudiaba en el Instituto Nacional de Bellas Artes. Tenía 17 años cuando ocurrió el accidente y llevaba seis meses en coma. El auto de mi familia se quedó sin frenos y nos estrellamos; fui la única sobreviviente.
Aparte de eso, solo había una póliza de seguro que me ayudaría a tener una vida cómoda. Justo un año después, en la exposición de primavera, lo vi. Estaba absorto viendo mi autorretrato. Solo eso: un hombre rico a finales de sus veinte, con un cuerpo tallado por el mismo Zeus, ofreciendo dinero en proporciones obscenas y una promesa de cuidado y amor. Solo eso bastó para que cayera a sus pies, rápida y torpemente.
—Las esmeraldas son mejores que los diamantes —una voz me sacó de mis pensamientos—. Tienes suerte de tener a alguien como el señor Voss en tu vida.
Ahí estaban de nuevo. Las mujeres de turno de los socios y subordinados de Victor venían a tomar el té con el único propósito de detectar cualquier grieta en nuestra relación. Al principio, todas apostaron sobre cuánto tiempo podría permanecer a su lado; claro que, en ese entonces, yo no lo sabía. Ahora sus bromas son mucho más claras.
—Todo está bien siempre que no compres imitaciones baratas —soltó Lyra, la nueva y venenosa adquisición de Dante, el mejor amigo de Victor—. Cuando se encuentra al original, la copia debe ser desechada.
—Claro, siempre es mejor dañar la copia y no la original —añadió otra, de quien no tengo idea de qué cama está calentando; cambian tan rápido que no logro recordar sus nombres.
—Pasa lo mismo con los productos corrientes: son tan insignificantes que siempre terminan desechados por la novedad —mi voz sonó fuerte. Mi cabeza estaba a punto de explotar y no pensaba aguantar más las estupideces de prostitutas ascendidas a "amantes"—. Debo retirarme. Andrew, por favor, acompaña a las… señoritas a la salida.
Esa era mi única cuota de dignidad. Mientras no ofenda a una esposa legítima, todo me está permitido con las amantes. Aunque, a los ojos del mundo, yo fuera la esposa de Victor, la falta de un papel que lo respaldara me hacía valiosa, pero igual de reemplazable que ellas.
Estaba harta. El fin de semana era el cumpleaños de Victor y por eso las víboras acechaban, listas para sacar información. Muy pocos llevaban el tiempo suficiente para saber de Maya; solo sabían que yo reemplazaba al verdadero amor de Victor. Al principio, él mismo prohibió que hablaran del tema en mi presencia, pero tras el escándalo que armé al verme desnuda en el altar de alguien más, todos se volvieron descarados. Incluso Victor me lo recordó.
Llevo meses peleando por mi lugar, exigiéndole que se deshaga de esas cosas, rogando para que mi espacio en su corazón sea firme. Pero la energía y el amor se acabaron. Solo debo esperar a que llegue alguien más parecida a ella, alguien más complaciente, para poder ser libre al fin. Irme con una pequeña fortuna y estar lejos de tanto descaro suena más que bien para mí.
