Amor bajo Fianza

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Capítulo 4 Limpieza de deudas

El lujo del interior del auto era abrumador. Carlos conducía en silencio, atravesando las calles de Caracas que a esa hora parecían más peligrosas que nunca.

—Estás pensando en las deudas de tu madre, ¿cierto? —preguntó Carlos, rompiendo el silencio sin quitar la vista de la carretera. —Es lo único que me importa ahora —respondió Ariel, tratando de sonar más segura de lo que estaba—. Necesito saber que el señor Alberto y los demás van a cobrar lo que se les debe. Quiero que ella pueda caminar por la calle sin agachar la cabeza.

Carlos soltó una pequeña risa que le erizó la piel a Ariel. —Por supuesto. Y te diré una cosa, tu madre tiene más deudas de las que crees, por eso estaba tan preocupada por ti y no quería involucrarte. Ahora que has firmado, me dedicaré personalmente a eliminar a cada uno de ellos, uno por uno, sin excepción alguna.

Ariel sintió que el corazón se le detenía. La palabra "eliminar" salió de la boca de Carlos con una naturalidad que le revolvió el estómago. En su mente, la imagen del señor Alberto, el hombre que le había fiado pan cuando eran niñas, siendo asesinado por un matón, se volvió una tortura instantánea. Además, el tema de la muerte era muy doloroso para ella, pues siempre le habia dolido la ausencia de su Padre. Para Ariel, el morir era terrorifico, y sentir que alguien más podria hacerlo por su culpa le generaba un terror enorme.

—¿Qué? ¡No! —gritó ella, agarrando el brazo de Carlos—. ¿Cómo puedes decir algo tan cruel? Eso no es lo que pedí. Solo quiero que les pagues, que cierres las cuentas. ¡No hay necesidad de violencia!

—Qué lástima, Ariel. Ya he dado las órdenes —respondió él, con una frialdad que la dejó muda—. En mi mundo, las deudas no se pagan solo con dinero. Se pagan con silencio. Si alguien se atrevió a humillar a la hija de Brenda por un puñado de dólares, ese alguien ya no tiene lugar en mi ciudad.

Ariel se hundió en el asiento, atrapada en un pánico paralizante. Mientras intentaba procesar el horror, Carlos le entregó una carpeta. —Lee esto antes de juzgarme —le ordenó.

Al abrir la carpeta, Ariel descubrió que su madre no era la maestra inocente que ella creía. Había registros de transferencias millonarias, fotos de Brenda con hombres poderosos y documentos que probaban que su madre había sido la contadora de una organización criminal que Carlos ahora lideraba. Las "deudas" de las que hablaba Brenda no eran solo por comida; eran por un dinero perdido que pertenecía a la familia de Carlos. Brenda la había estado usando como un escudo humano, sabiendo que el interés de Carlos por ella sería la única forma de limpiar su propio pasado manchado de sangre.

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