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Su manía

Su manía

397 Weergaven · Lopend · Zelda Blair
—Déjame —susurró ella con voz pesada.

—Nunca, Gattina —dijo él con voz ronca mientras deslizaba sus dedos por su muslo, lo que la hizo estremecerse.

—Yo... yo... no... soy... tuya —tartamudeó ella, disfrutando del caos que sus dedos callosos creaban en su cuerpo.

De repente, él envolvió sus sensuales dedos alrededor de su hermoso cuello de cisne y apretó, no lo suficiente para lastimarla, pero sí para hacerla sentir húmeda entre sus muslos carnosos.

—ERES MÍA, GATTINA. SOLO MÍA. DESTRUIRÉ A QUIEN INTENTE ARREBATÁRTE DE MÍ. HARÉ DE SU VIDA UN INFIERNO. LO QUEMARÉ VIVO FRENTE A TUS OJOS —gritó él con tono dominante.

Ella cerró los ojos, sintiendo el placer en su cuerpo por su dominio, y dejó escapar un suspiro ronco.

Sus ojos se oscurecieron de deseo.

—¡AL DIABLO!

Aplastó sus labios contra los de ella y succionó con fuerza sus pétalos rosados. La estaba chupando y mordiendo, desahogando su frustración en sus hermosos labios...
QUIÉN TE MANDA A DIVORCIARTE

QUIÉN TE MANDA A DIVORCIARTE

3.7k Weergaven · Lopend · Hibari Soledad
La historia comienza con el matrimonio forzado por parte de Sara y Caspian en la cual se divorcian el mismo dia que se casan sin embargo por situaciones personales deben permanecer casado por un mes para guardar apariencia y por petición de Sara, durante ese mes se verán el peor lado de Caspian y como Sara lo va cautivando con el tiempo, la segunda Pareja originalmente era amigos de las infancia pero por razones externas terminaron separandose y volviendose de las peores calaña la tercera es una pareja que por un embarazo se casaron y asi sucesivamente
Incluso Después de Que Me Haya Ido

Incluso Después de Que Me Haya Ido

567 Weergaven · Lopend · Joy Brown
Apreté con fuerza el papel del diagnóstico que decía «Cáncer gástrico en etapa 4», con los nudillos blanqueándose. Durante veintidós años, por mal que se pusieran las cosas, Ethan siempre decía que podía con todo. Pero esta vez, mi llamada solo llegó a su buzón de voz.

Todavía recuerdo aquella noche nevada cuando yo tenía diecisiete años. Bajo ese árbol, me apretó la mano y prometió: —Ya no tienes que ser fuerte. Solo apóyate en mí—. Dijo que se casaría conmigo en cuanto tuviera éxito, juró protegerme toda la vida. Le creí… le creí tanto que hoy conduje desesperada hasta su estudio de grabación, ansiando contarle mi diagnóstico.

Pero la escena a través de la puerta entreabierta hizo añicos toda esperanza. Verlo enredado con Victoria me dolió más que cualquier diagnóstico. Después, cuando me entregó los papeles del divorcio, tosí sangre sobre el pañuelo y él ni siquiera me miró.

¿Cómo el hombre que prometió protegerme para siempre se convirtió en quien me empuja al abismo? Me estoy muriendo, y hasta mi último hilo de esperanza está siendo aplastado. ¿De verdad así termina todo?
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