El Corazón del Dragón
1.1k Weergaven · Lopend · Eva Monroe
—Quítate la camisa —dije.
Kaelen me miró, sorprendido, pero sus ojos empezaron a brillar en la penumbra.
—¿Perdón?
—Ayer estabas ardiendo. Literalmente. Tenías la piel tan caliente que debería haberte matado, y aun así aquí estás. —Me levanté de la cama—. Necesito ver.
Una sonrisa se extendió por su rostro mientras se quitaba la camisa, revelando músculos definidos y una piel que parecía brillar con luz propia.
—¿De verdad esto es por ciencia, Annabeth? —preguntó, y su voz se había vuelto más grave, más áspera.
Me acerqué, incapaz de detenerme aunque sabía que era una mala idea. La mano se me levantó casi por sí sola, extendiéndose hacia su pecho, y apoyé la palma, plana, contra su piel.
—Mierda —murmuró, con la voz áspera—. No hagas eso.
—¿Por qué no?
—Porque no sabes lo que me haces cuando me tocas así. —Sus manos se cerraron en puños a los costados, temblando por el esfuerzo de mantenerlas ahí—. Ya se me va al carajo el control cuando estás cerca.
**
Kaelen lleva años huyendo. Tres hermanos dragones dorados ocultos entre humanos, intentando sobrevivir mientras una organización los caza por su sangre. Lo último que necesita es involucrarse con alguien.
Annabeth confía en la ciencia y no cree en la magia. Pero el tipo al que salvó de una golpiza se cura demasiado rápido, a ella misma se le iluminan los ojos en el espejo y hay sueños en los que vuela, escupiendo fuego.
Cuando se encuentran en el campus, Kaelen ve ese destello rojo en los ojos de Annabeth y entiende que ella no es humana. Es algo que él creía extinto. Y peor aún: su alma la reconoce como su pareja destinada.
¿Qué haces cuando encontrar a tu alma gemela podría destruir todo lo que has luchado por proteger?
Kaelen me miró, sorprendido, pero sus ojos empezaron a brillar en la penumbra.
—¿Perdón?
—Ayer estabas ardiendo. Literalmente. Tenías la piel tan caliente que debería haberte matado, y aun así aquí estás. —Me levanté de la cama—. Necesito ver.
Una sonrisa se extendió por su rostro mientras se quitaba la camisa, revelando músculos definidos y una piel que parecía brillar con luz propia.
—¿De verdad esto es por ciencia, Annabeth? —preguntó, y su voz se había vuelto más grave, más áspera.
Me acerqué, incapaz de detenerme aunque sabía que era una mala idea. La mano se me levantó casi por sí sola, extendiéndose hacia su pecho, y apoyé la palma, plana, contra su piel.
—Mierda —murmuró, con la voz áspera—. No hagas eso.
—¿Por qué no?
—Porque no sabes lo que me haces cuando me tocas así. —Sus manos se cerraron en puños a los costados, temblando por el esfuerzo de mantenerlas ahí—. Ya se me va al carajo el control cuando estás cerca.
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Kaelen lleva años huyendo. Tres hermanos dragones dorados ocultos entre humanos, intentando sobrevivir mientras una organización los caza por su sangre. Lo último que necesita es involucrarse con alguien.
Annabeth confía en la ciencia y no cree en la magia. Pero el tipo al que salvó de una golpiza se cura demasiado rápido, a ella misma se le iluminan los ojos en el espejo y hay sueños en los que vuela, escupiendo fuego.
Cuando se encuentran en el campus, Kaelen ve ese destello rojo en los ojos de Annabeth y entiende que ella no es humana. Es algo que él creía extinto. Y peor aún: su alma la reconoce como su pareja destinada.
¿Qué haces cuando encontrar a tu alma gemela podría destruir todo lo que has luchado por proteger?














































