La Piel que me Desnuda El Alma
374 Weergaven · Lopend · castillobianca1201
Uriel aprendió a amar demasiado pronto. A los diecisiete años lo dejó todo por Dalia: el primer amor, el único limpio, el que prometía una vida entera. El compromiso no llegó a cumplirse. La muerte la arrancó de su lado y lo condenó a un duelo que nunca cerró. Dalia murió, pero siguió viviendo en él como un amor sagrado, intocable, imposible de reemplazar.
Un año después, Uriel solo respira para su imperio inmobiliario y para el antiguo café donde aún conversa con los recuerdos. Ahí aparece María del Rosario. No llega a curarlo. Llega a desordenarlo todo. Rosario despierta un amor oscuro, feroz, obsesivo, uno que no pide permiso y nace desde la culpa y el deseo.
Greta también vuelve. Exige su lugar, el apellido, el primogénito de Uriel. Representa el deber, la vida correcta. Rosario es el abismo.
Uriel lo sabe: amar a Rosario es traicionar el pasado y condenarse. Entre la mujer que murió, la que reclama y la que lo consume vivo, solo una elección es real.
El amor no perdona. Y Rosario… ¡Destruye!
Un año después, Uriel solo respira para su imperio inmobiliario y para el antiguo café donde aún conversa con los recuerdos. Ahí aparece María del Rosario. No llega a curarlo. Llega a desordenarlo todo. Rosario despierta un amor oscuro, feroz, obsesivo, uno que no pide permiso y nace desde la culpa y el deseo.
Greta también vuelve. Exige su lugar, el apellido, el primogénito de Uriel. Representa el deber, la vida correcta. Rosario es el abismo.
Uriel lo sabe: amar a Rosario es traicionar el pasado y condenarse. Entre la mujer que murió, la que reclama y la que lo consume vivo, solo una elección es real.
El amor no perdona. Y Rosario… ¡Destruye!































