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Capítulo 7 Maximiliano

Maximiliano

La mejor decisión que hizo Alejandro fue sacarme de mi apartamento y traerme a esta discoteca. No soy de fiestas y esto para él es un logro.

Serena me observaba y odiaba lo que está mujer está causando en mí en tan pocos días que he compartido con ella. Sus labios me impulsan a morderlos y saciarme de ellos como un loco. Cuando estoy a punto de hacerlo, un recuerdo de Violeta llega a mi mente, lo que me hace retroceder. Sus ojos verdes, hermosos como ella, me pide una explicación, niego con la cabeza y la dejo en la pista de baila sola.

Mi amigo se sorprende al verme llegar sin Serena.

—¿Que ha pasado? —Detesto que me conozca tan bien. Me pasa una copa de vodka y me la bebo de una.

—Estuve a punto de besar a Serena.

—¿Estuviste? —Se aproxima y llena de nuevo mi vaso.

—No pude y la dejé sola.

—¿Estás loco? —dice molesto— ¿Cómo puedes ser tan idiota, Max?

—No tengo ni idea lo que me sucedió —respondo— Estábamos bien y de pronto Violeta llegó a mi mente.

—Olvídate de esa mujer, Maximiliano. Está casada y embarazada. —me reprocha mi amigo.

Y tiene razón, pero es sumamente difícil sacarla de mi mente ya que llegue a sentir algo muy fuerte por ella. 

Serena llega a la mesa y toma el lugar al lado de Alejandro sin pronunciar palabra alguna. Su expresión en su rostro me hace ver qué está inquieta por lo ocurrido en la pista de baile. Al tratar de hablar y explicarle la situación, Sasha llega y se sienta junto a su amiga. 

Las horas transcurren y la sensación de incomodidad se percibe. Serena se levanta y agarra su bolso.

—Me voy, ya es tarde.

Sasha se acerca y toma la mano a su amiga.

—¿Estás segura? Puedo irme contigo si lo deseas.

—Claro que no, diviértete pero no tanto— Sasha se ríe por el comentario.

Serena se despide de nosotros, y se aleja dejándome un sabor amargo en mi boca.

—Me marcharé también —digo poniéndome de pie—. Feliz noche. 

Sin esperar una respuesta de ellos me apresuro para poder alcanzar a Serena. Necesito disculparme con ella por tratarla de la manera como lo hice. Al salir de la discoteca la encuentro ajustándose su abrigo mientras espera un taxi. Me acerco y ella se gira, sus ojos arden de la rabia que siente en ese momento y sé que es mi culpa.

—¿Qué quieres, Maximiliano? —Cruza los brazos.

—Solo quería expresarte mi disculpa por lo ocurrido en la discoteca.

—Sera mejor que olvidemos lo que pasó.

—Deja que te lleve a casa —sugiero— Es tarde y es muy probable que no encuentres un taxi a esta hora.

La observo mirar a todos lados y me río, sé que lo último que desea es irse conmigo pero no tiene otra opción.

—Esta bien —murmura.

Nos dirigimos hasta el lugar en el que tengo ubicado el vehículo. Saco las llaves de mi pantalón y abro la puerta. Serena sube. Observó el cielo durante un instante y ruego a Dios un poco de sabiduría para tener las palabras adecuadas al hablar. Rodeo el vehículo y subo, enciendo el auto y viajamos en un silencio que me incómoda. 

Nadie dice nada y enciendo la radio. Serena no me mira, ni quiera cuando nos detenemos frente al semáforo que está en rojo, así que aprovecho para detallarla, es hermosa, unos ojos verdes y unos labios que volvería loco al más fiel, mi mirada baja a su cuerpo y el vestido que lleva se le ciñe el cuerpo de una manera perfecta, sus piernas, son... dejo mi mente perdida debido al sonido de un claxon. Miro al frente y el semáforo está en verde, no puedo creer hasta que punto me distrae está mujer.

Llegamos a su casa y ella abre la puerta para salir.

—Espera —La sujeto del brazo.

—¿Ahora que?

—Dejame terminar lo que detuve en la discoteca, Serena.

Ella abre los ojos y llevo mi mano a su cuello. Sus ojos se abren y los míos bajan a su labios y luego a su escote, trago saliva y vuelvo mi mirada a la suya. Siento una corriente por todo el cuerpo al tenerla así, doy pequeños besos por su cuello y voy subiendo hasta llegar  en sus labios, la observo en espera de una respuesta de su parte, me sonríe y es todo lo que necesito.

Mis labios la buscan con desespero y sus gemidos son el motor que me impulsan a tomarla de la cintura y colocarla en mis piernas.

—Espera, espera —Serena se aleja y sus labios se están hinchando a causa de esta ronda de beso.

—¿Qué? —gimo y beso su escote.

—Ya va, espera… —Ella me da más acceso a su cuerpo y me río.

—¿Sigo o me detengo?

—Será mejor que entre a la casa —susurra.

—Está bien.

A pesar de que quería continuar explorando su cuerpo y lo que me hace sentir no quiero presionarla. Se aproxima a mi y besa mi mejilla, dejándome sorprendido. Sale del vehículo y espero que entre a su casa para irme a mi departamento.

Mi teléfono suena y es un mensaje de Alejandro.

¿Solucionaste todo con Serena?

Le tecleo una respuesta que lo dejara en vela toda la noche.

Muchas cosas pasaron amigo, mañana hablamos.

Su respuesta no tardo en llegar.

No puedes dejarme así, amigo.

Dejo el teléfono en el asiento y enciendo el auto para irme a casa. Serena es una mujer hermosa y deseo conocerla más, es momento de dejar a un lado a Violeta y aceptar que tiene una vida y yo no soy parte de ella. 

La ciudad está llena de gente disfrutando de este fin de semana, estacione frente a mi edificio, alcanzo unos papeles que tengo en los asientos de atrás del auto y al tenerlos en mis manos cierro la puerta. Llegó y el vigilante me saluda. Me abre el portón y con desespero subo las escaleras y lo que encuentro frente al departamento me quita el buen humor.

—Llevo horas esperándote ¿Dónde estabas, Maximiliano? —Lleva sus manos a su cintura.

Está mujer me va a volver loco y en el peor de los sentidos.

—No tengo porque darte explicaciones.

—!Por supuesto que si! —grita— ¡Soy tu esposa!

—Ex esposa, Vivían —exclamó. Estoy harto de esta mujer—. No te olvides que estamos divorciados y que no tengo ninguna obligación contigo, así que te pido por favor que te vayas de mi apartarmento y me dejes en paz de una vez por todas.

Abro la puerta y entro, dejándola con la palabra en la boca. No sé qué sucedía por mi mente al estar con una mujer como ella, no soporto sus celos absurdos y la forma en que desea manejarme a su antojo.

Espero que después de lo que dije, no me busque más.

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