Capítulo 6 Serena
Serena
La mañana paso entre anécdotas y recuerdos del pasado. Federico amo a su hijo hasta el último momento y le dolió verlo fallecer a causa de la leucemia, aunque intenté ocultarlo, el dolor persistirá en nuestras vidas.
Se levanta y se acomoda el saco de lana que tiene puesto.
—Es hora de regresar a casa, ya es tarde —dice mientras observa su reloj.
—Los visitaré, te lo prometo.
—Cuando estés lista, hija.
Nos despedimos y el ama de llaves lo acompaña hasta la entrada y yo subo a mi habitación, entro y me siento en uno de los muebles que se encuentra junto a la ventana y observo el cielo. Francisco tenía la costumbre de despertar en la madrugada y visualizar las maravillas de Dios. Negar que no lo extraño sería mentirme a mi misma, sin embargo el sentimiento paso de extrañar a un amigo. Alexander borro todo sentimiento de amor que llegue a sentir por Francisco. Limpio mis lágrimas y me pongo de pie. Alexander está feliz y formando su familia, es momento de que deje de lamentarme por su amor.
Tome mi laptop y me siento en la cama. Abrí Google y teclee el nombre de Maximiliano; muchas páginas aparecieron, hasta que encontré lo que en verdad me interesa; es divorciado, cardiólogo y el mejor de España. Sigo leyendo un poco más y me encuentro con varias fotos que me dejan sin respiración, es demasiado guapo. Llevo mis manos a mi boca y me imagino por unos instante sus labios en los míos, me sonrojo y cierro la laptop.
Mi celular suena y leo el mensaje. Es Sasha.
“Alístate, hoy vamos de rumba”
No es necesario negarse en absoluto ante Sasha, así que me levanto y me dirijo al baño. Abro el grifo y dejo que la bañera se llene.
Abro el closet y paseo mi mirada en él ya que quiero volver hacer la Serena de antes: alegre y divertida. Encuentro un vestido color rojo de una manga que me llega a la mitad de los muslos. Lo dejo en la cama y entro al baño. Me quito la ropa y me meto en la bañera, recojo mi cabello y comienzo a enjabonarme. El teléfono suena y se que es mi amiga.
Busco la bata de baño y me la pongo, dirigiéndome a la peinadora, agarro la crema del cuerpo y me coloco en mis manos y piernas. Agarró el vestido y me lo puse, me miré en el espejo y me gustó el resultado.
Comienzo a maquillarme y decido por un maquillaje sencillo ya que Sasha estaba por llegar. Termino de alistarme y mientras me pongo las sandalias, tocan la puerta.
—Pase —digo.
La sirvienta entra.
—La señorita Sasha está esperando por usted.
—Muchas gracias —respondo— Bajaré en unos segundos.
Asiente y sale de mi habitación, me veo una última vez en el espejo y mis ojos brillan por la emoción de esta noche. Salgo de mi habitacion y bajo las escaleras. Sasha está de pie mirando un cuadro en la sala y al sentir mi presencia se gira sonriéndome.
—Estas muy guapa —Se acerca y toma mi mano, obligándome a dar una vuelta—. Maximiliano quedará embobado.
—¿Maximiliano? —parpadeó— ¿Qué estás tratando de decir, Sasha? —Cruzo mis brazos.
—Nada —Sus ojos brillaron con malicia— Esta noche la disfrutara como ninguna, amiga.
No deseo discutir con ella así que prefiero dejar un lado el tema, la sirvienta trae mi abrigo y me lo pasa. Salimos de mi casa y el chófer nos abre la puerta y subimos. El moreno nos mira por el espejo retrovisor y mi amiga le guiña un ojo, provocando un enrojecimiento en él.
—¿Están saliendo? —le susurro, ya que no quiero que el chófer se entere de lo que estoy hablando.
—Como crees —se ríe— Solo nos acostamos de vez en cuando y disfruto de ese caramelito cuando me plazca.
Miro de reojo al chófer y no puedo negar que es muy guapo, tiene unos ojos verdes muy intensos, ya entiendo a mi amiga.
—¿No has hablado con Alexander? —Su pregunta me sorprende.
—No ¿Porque?
—Solo pregunto.
—Desde que llegué, no he recibido noticias acerca de él y, en realidad, me calma que sea así. El es feliz Sasha.
—¿Incluso cuando te lastime verlo con otra mujer?
—Asi es, no fue su culpa que yo me enamorara como una idiota.
Mi amiga me observa y sus ojos se llenan de lágrimas, se que le duele por todo lo que he pasado. Tomo su mano y la sujeto con firmeza.
—Te ayudare a salir de todo esto —me dice.
—Lo se.
Varios minutos después estamos frente a la discoteca. Las luces salen por los grandes ventanales que dispone y un vigilante se encuentra en la entrada recibiendo a las personas. El chófer nos abre la puerta y bajamos. Sasha une su brazo con el mío y caminamos directo a la entrada. El grandulón nos mira y saluda a mi amiga con un beso en la mejilla. Abre la puerta y entramos. La música está a todo volumen, el lugar está a rebosar y al fondo del local está Máximiliano con está sola. Mis manos comienzan a sudar y no entiendo el porqué.
Nos acercamos, Sasha lo saluda.
—Que alegría verte, Serena —dice Maximiliano besando mi mejilla.
—Igual a mi.
—¿Y mi hermano? —grita mi amiga debido a la música.
—Fue a buscar las bebidas.
Nos sentamos y quedo al lado de Max. A los pocos segundos aparece Alejandro con el mesero que trae las bebidas, las coloca en la mesa y se retira.
—Hola guapas —Saluda a su hermana con un abrazo y a mí con un beso en la mejilla. — ¿Cómo están?
—Muy bien hermano, te noto feliz ¿Alguna razón? —pregunta Sasha mientras bebé de su copa.
—¿Tiene que ver algún motivo para mí felicidad? —Arquea una ceja y se recuesta en la silla que está al lado de su hermana.
—Si —manifestó Maximiliano.
Alejandro mira a su amigo y se ríe.
—No me hagas hablar —exclama—. Que solo viniste porque sabías que Serena estaría aquí.
Me ahogo con mi bebida y me sonrojo. Sasha me guiña un ojo y la ignoro.
—Mejor cállate —Lo reprendió Maximiliano.
Sasha y Alejandro se rien por nuestras caras. Llega un chico a nuestra mesa e invita a bailar a mi amiga que no se niega, mientras que Alejandro se levanta para ir en busca de más bebidas, solo quedamos Maximiliano y yo.
—Disculpa si te molestó lo que dijo Alejandro.
—No te preocupes.
El silencio se hace presente a nuestro alrededor y si no fuera por la música sería mucho más incómodo.
—¿Quieres bailar? —su pregunta me sorprende pero acepto.
Nos levantamos y su mano toma la mía logrando un cosquilleo que llega a mi vientre y me hace estremecer. Llegamos a la pista de baile y su mano se dirige a mi cintura acercándome a él, el baile es sensual y sus pasos son lentos pero coordinados que me hacen sonreír. Mi mirada no se aparte de sus ojos mieles y todo a nuestro alrededor desaparece. Solo escucho los latidos de nuestros corazones. Me giro y mi espalda se presiona a su pecho y sus manos quedan en el área de mi abdomen, mientras que bailamos al ritmo de la música. Mis caderas se mueven y puedo sentir cómo su respiración se agita debido a lo que experimentamos en este momento.
—Me estás volviendo loco, Serena —murmura Maximiliano en mi odio.
Cierro los ojos y disfruto. Quiero sentirme libre, y deseada. Justo como este hombre me hace sentir hoy.
