Una vez Rechazada, Dos veces Deseada

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Capítulo 3 TRES | ¿LOS ENCONTRASTE?

TRES | ¿LOS ENCONTRASTE?

POV de Alaia

El resto del día pasó bastante rápido, al igual que el resto de la semana, y antes de darme cuenta ya era viernes. Había superado el último día de clases y me estaba preparando para mi ceremonia de graduación.

Por fin había terminado todo y, cuando me desperté, no pude evitar hacer un bailecito de felicidad.

Me puse de pie en medio de la cama e hice un movimiento rápido de caderas, tan eufórica por no tener que volver a lidiar con el drama mezquino de la preparatoria.

Sin el menor respeto por la privacidad o el espacio personal, Aaron irrumpió, me vio y gritó:

—¡Ah, mis ojos! ¿Qué demonios te pasa?

Me asustó de muerte y me caí de la cama con un fuerte:

—¡Uf!

—Ay, Aaron, ¿qué haces en mi cuarto?

—Mamá me dijo que viniera por ti, a menos que no quieras el desayuno especial de graduación que nos preparó. Con gusto me como tu porción —dijo antes de darse la vuelta para irse.

—¡Toca mi comida y te mueres! —grité mientras cruzaba el cuarto corriendo y me le lanzaba encima a la espalda.

Él trastabilló un poco, pero enseguida recuperó el equilibrio y empezó a dirigirse a las escaleras, riéndose todo el camino.

Para entonces yo también me estaba riendo, pensando que ya se le había olvidado el episodio del perreo.

Pero en cuanto entramos a la cocina, Aaron decidió compartir mi vergüenza con todos los presentes.

—Mamá, papá, acabo de encontrar a su princesita en su cuarto “practicando” sus pasos de baile para su pareja.

Me puse roja como un tomate y me bajé de un salto. Aaron, papá y algunos miembros de la manada encontraron mi vergüenza divertidísima, y eso era evidente por sus carcajadas estruendosas que retumbaban en la cocina.

Mamá, en cambio, le lanzó a papá una mirada que lo dejó callado en cuestión de segundos.

—El gran alfa intimidante bajado de un golpe —pensé para mis adentros, con una pequeña sonrisa.

Luego se acercó a Aaron y le dio un manotazo en la nuca.

Antes de que él pudiera decir nada, ella preguntó:

—¿Qué te he dicho de entrar sin tocar al cuarto de tu hermana? Ella es una señorita, pronto será una mujer, y necesita su privacidad.

—Sí, señora —respondió Aaron sin más, frotándose la cabeza y sentándose a la mesa.

Le sonreí, tan feliz de que al menos alguien en esta casa estuviera de mi lado.

Como de costumbre, mamá y papá se sentaron en la cabecera, pues la Luna era tan respetada como el Alfa, con Aaron a la izquierda de papá y yo a la derecha de mamá.

Este desayuno era una ocasión especial, así que había muchos más miembros de la manada de los que habría normalmente.

Mamá observó el salón, luego se puso de pie y se aclaró la garganta.

Toda la sala quedó en silencio; todos estábamos maravillados por su gracia, belleza y poder.

Miró a su alrededor antes de dirigirse a la gente.

—Buenos días, Opal Moon.

—Buenos días, Luna.

—Hoy es un día especial —continuó—, igual que mañana. Hoy, mis hermosos hijos celebran su graduación, y mañana celebran sus cumpleaños número dieciocho. Y le pedimos a la Diosa que también encuentren a sus parejas. Como ambos eventos están tan cerca, mañana por la noche nos tomaremos el tiempo para celebrar los dos hitos como se debe.

Con eso, una sonrisa preciosa se le dibujó en el rostro, y no pude evitar devolvérsela.

Mi madre era una persona hermosa por dentro y por fuera, y yo tenía suerte de poder llamarla mi mamá.

—Además —continuó—, nuestro increíble alfa ha invitado a cuatro manadas vecinas a celebrar con nosotros, y cada una traerá a algunos invitados. Esperamos que esto ayude a fortalecer nuestras alianzas y quizá propicie uno o dos vínculos de pareja —dijo guiñándonos un ojo tanto a Aaron como a mí.

—El alfa Xander Black, de la manada Blue Moon; el alfa Elijah Roland, de la manada Red Sky; el alfa Julien Grey, de la manada Crystal Moon; y, por último, el alfa Jackson Beck, de la manada Crescent Moon, asistirán, y quiero a todos los miembros de la manada Opal Moon en su mejor comportamiento.

—Sí, Luna.

—¡Perfecto! Ahora, disfruten este desayuno increíble que se ha preparado en honor a la graduación de los gemelos, y prepárense, porque pronto será hora de festejar.

Dicho eso, soltó un pequeño chillido y, por más que yo no estuviera deseando la fiesta, su entusiasmo era contagioso y me descubrí un poco menos nerviosa con todo el asunto.

Tal vez, después de todo, este fin de semana no sería tan malo. Con ese pensamiento, sacaron del comedor un montón de cosas para el desayuno y la mesa se llenó. Roles de canela, hotcakes, huevos, tocino, salchichas, fruta fresca, croissants; la lista parecía interminable.

Se me hizo agua la boca de inmediato antes de que la señora Wilson, mi omega favorita de la cocina, dejara frente a mí un plato humeante, rebosante, como un pedazo de cielo.

Un gemido pecaminoso, seguido de una risita, se me escapó de los labios, lo que hizo sonreír a la señora Wilson.

Siempre había sido como una abuela para mí y me trataba como si fuera una más de los suyos.

Se inclinó y me besó la coronilla antes de decir: —Felicidades por tu graduación, mi niña linda. Le pido a la Diosa Luna que siga bendiciéndote con sus dones.

Balbuceé un agradecimiento sincero con la boca llena de tocino, lo que la hizo soltar una risita. Les sonrió a mis padres y a Aaron antes de regresar a la cocina con el resto del personal.

Todos empezamos a comer, y hablamos y nos reímos, simplemente disfrutando la comida y la compañía de los demás.

Cuando terminó el desayuno, subí a mi habitación y empecé a alistarme para la ceremonia de graduación.

Me metí a la regadera y, cuando salí, entré a mi cuarto solo para morir del susto al ver a Jordyn sentada en mi cama, texteando en su celular.

—¡Ah!

Grité a todo pulmón y, como no estaba poniendo atención en absoluto, eso hizo que se pusiera en modo ataque y me aventara el celular directo a la cabeza.

Por suerte, me agaché justo a tiempo para que no me pegara y saliera volando por encima de mi hombro antes de estrellarse contra la pared detrás de mí.

—¿Qué carajos, Jordyn?

Ella se estaba agarrando el pecho, tratando de calmar la respiración antes de poder contestar.

—¡No me asustes así, perra!

Eso me hizo reír; no podía estar hablando en serio.

—¿Cómo es culpa mía, eh? Estás en mi cuarto, sentada en mi cama.

Le alcé una ceja y ella murmuró:

—Como sea.

Luego pasó dando zancadas a mi lado y se metió al baño para recoger los pedazos de su teléfono arruinado.

—Se suponía que nos íbamos a vestir juntas para la graduación, ¿te acuerdas? Y me debes un celular nuevo —dijo antes de volver a la cama y dejarse caer encima.

—Justo se estaba poniendo bueno... —añadió, casi para sí misma.

—¿Qué cosa? —pregunté mientras me metía al clóset a buscar ropa interior.

Cuando ya traía puesto el brasier y las panties, regresé a mi cuarto y me senté en el tocador para ponerme crema.

—¿Y bien? —dije, esperando la respuesta a mi pregunta anterior.

Levanté la vista y vi que Jordyn empezaba a sonrojarse, y al instante chillè de emoción. Tenía que ser un chico.

—¡Ay! ¿Quién es? —dije mientras brincaba de arriba abajo.

—Shh, ¿quieres que se entere toda la manada o qué? —preguntó mientras intentaba calmarme—. ¡Siéntate de una maldita vez y te cuento!

Me senté obediente, pero con la emoción no podía evitar que me temblaran las rodillas. Jordyn lo vio, puso los ojos en blanco apenas un poco y luego sonrió.

—Ugh, ¡está bien! Creo que encontré a mi mate la semana pasada, pero...

Al oír eso, me paré feliz y la abracé fuerte.

—¡Estoy tan feliz por ti, Jordyn! ¿Quién es? ¿Es de nuestra manada? Ay, Dios mío, no te ha marcado todavía, ¿verdad? Porque si ya lo hizo, yo...

—¡Alaia! Solo la diosa sabe cómo te aguanto. ¿Me dejas terminar, por favor?

—Perdón —dije, avergonzada.

—Bueno, como iba diciendo... Creo que encontré a mi mate la semana pasada, pero no puedo estar segura porque él todavía no cumple dieciocho.

Mis labios formaron una O y por fin entendí lo que me estaba diciendo.

Jordyn cumplió dieciocho la semana pasada, lo que despertó a su loba. Esperaba encontrar a su mate de inmediato, pero cuando no pasó, yo no le di muchas vueltas. Pero ahora, al oír que tal vez sí lo encontró o tal vez no, me hizo sentir un poco mal. Ella podía sentir el inicio del tirón de mate, pero en ese momento él no se lo estaba correspondiendo.

—Bueno, ¿cuándo cumple dieciocho? ¿Ya le dijiste que crees que podría ser tu mate? —pregunté.

—Su cumpleaños ya viene, así que no me falta mucho para esperar —dijo con una sonrisita.

—Y no, no se lo he dicho. Si es mi mate, quiero que él simplemente lo sienta y lo sepa. No quiero arruinarle esa experiencia —añadió.

—Bueno, eso tiene todo el sentido —le dije.

—Más le vale ser increíble y tratarte como el regalo que eres, si sabe lo que le conviene —dije con una sonrisa.

Las dos nos reímos y seguimos platicando mientras terminábamos de arreglarnos para la graduación.

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