Un mundo nuevo y valiente

Descargar <Un mundo nuevo y valiente> ¡gratis!

DESCARGAR

Capítulo 4

—¿O-oficial? —susurró Elle primero con voz temblorosa.

Eso sacó a Anara de sus pensamientos.

Abrió la boca para decir algo, lo que fuera. Tal vez tranquilizar a la chica o a sí misma diciéndose que todo iba a estar bien. O quizá confirmar que estaban jodidas hasta el fondo.

Pero su mente se quedó atascada en una palabra del anuncio: todos. No decía tú, no decía ambas; decía todos. Lo que significaba que aquella sensación de que las observaban de antes no había sido una paranoia. No estaban solas. Los ojos de Anara barrieron el bosque otra vez, esta vez buscando cualquier señal de otras personas que se le hubiera pasado por alto la primera vez.

—Quiero irme a casa —sollozó Elle, y por fin Anara se dio cuenta de que la pobre estaba llorando.

—Eh, eh, eh —Anara le sujetó rápido los hombros. No se le daban bien los niños, pero iba a intentarlo de todos modos—. Mírame. No estás sola. Estoy aquí y te prometo que me aseguraré de que vuelvas a casa. ¿Entiendes?

Preguntó con una calma que no delataba el latido desbocado de su propio corazón, porque la verdad era que ella también estaba entrando en pánico. Pero, a diferencia de la chica, no podía permitirse llorar y decir que quería irse a casa, aunque era exactamente lo que ella quería hacer.

Elle asintió con incertidumbre y Anara continuó:

—Quédate conmigo, ¿sí? No puedo cargarte, así que vas a tener que ser valiente por ti misma.

Intentó convencerla del modo en que la habían entrenado, pero era una niña, no otra agente.

—Oíste lo que dijo el anuncio: supervivencia del más apto. Así que podemos lograrlo, tenemos que lograrlo —lo último fue tanto para ella como para Elle.

Antes de que Elle pudiera responder afirmativa o negativamente, escucharon un crujido. La primera señal obvia e innegable de que no estaban solas.

Luego, otro.

Como ramitas rompiéndose cuando alguien pesado las pisa al avanzar por el bosque.

La cabeza de Anara se giró de golpe hacia los sonidos que se acercaban. La mano de Elle apretó el bastón con más fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos, y con la otra mano enroscó los dedos en la manga de Anara, como si Anara fuera lo último que quedaba entre Elle y lo que fuera que venía por ellas.

Ese agarre devolvió a Anara al modo agente: sacó el arma y se preparó para disparar en cuanto estuviera segura de que había peligro.

—Quédate detrás de mí, Elle. Corre cuando te lo diga —advirtió Anara, sabiendo que, en su estado, Elle necesitaría ventaja para sobrevivir.

Elle asintió mientras otra lágrima le rodaba por la mejilla.

—¿Por qué demonios me está pasando todo esto a mí? —murmuró Elle para sí, como si se preguntara si ella era la causa de todo.

—Shh —siseó Anara cuando las pisadas se hicieron más pesadas, más cercanas; el follaje se agitó y Elle se movió, lista para correr aunque todavía no se lo hubieran ordenado.

Las últimas hojas se apartaron, Anara apuntó, pero la sangre se le heló y se le secó la boca.

Lo que salió de entre el matorral alto no era otro ser humano, ni siquiera un animal.

Era la criatura de sus sueños.

La criatura que tantas veces la había cazado hasta que ella la mataba, pero de algún modo siempre sobrevivía.

Tenía el mismo andar, tranquilo, seguro, como un depredador que sabe que la presa no tiene adónde ir.

Sus ojos encontraron a Anara y algo parecido a la familiaridad titiló en ellos antes de que su mueca dejara ver sus colmillos brillantes, los mismos que habían poblado tantas pesadillas de Anara.

Elle gritó, aterrorizada, y salió disparada tan torpemente como se lo permitían su bastón y una rodilla recién reubicada.

Eso sacó tanto a Anara como a la criatura de su burbuja.

La criatura se fijó en Elle, con las rodillas doblándose hacia atrás como las de una cabra, lista para lanzarse tras la fugitiva. Los ojos de Anara se abrieron y, pese a la garganta cerrada y al agarre de nudillos blancos sobre su arma, se colocó entre la criatura y Elle, que tropezó con una raíz y cayó de rodillas con un grito.

—¡Levántate! —ordenó Anara, desesperada.

—¡No puedo! —lloró Elle; la rodilla le sangraba por la caída, y se la sujetó temblando de dolor y miedo.

La criatura dio un paso y Anara disparó.

No es un drea. No esta vez. No es un sueño. Anara no dejaba de repetírselo. No tenía idea de cómo algo así podía existir fuera de la lógica de los sueños, pero no le importaba. No iba a salir corriendo y dejar a Elle cuando ella era la que tenía el arma.

Así que disparó.

Una vez.

Dos.

Tres.

La criatura se detuvo para mirar los agujeros de bala en su torso, del que rezumaban fluidos corporales color berenjena, pero eso no hizo nada por matarla ni siquiera por frenarla. Ni siquiera por molestarla. La criatura ladeó la cabeza como si preguntara: «¿Eso es todo lo que puedes hacer?».

—¡Oficial, cuidado! —gritó Elle justo cuando la criatura se abalanzó.

Anara logró rodar fuera de su alcance por apenas un segundo y unos centímetros. Cualquiera que no estuviera entrenado como ella habría quedado aplastado entre las mandíbulas brillantes de la criatura, que giró el hocico hacia Anara y gruñó.

Ahora sí estaba molesta.

Anara volvió a disparar, esta vez al lugar donde supuso que estaría el corazón.

La criatura se detuvo solo un segundo, como si fuera una leve molestia, y entrecerró sus ojos felinos hacia ella.

Anara no esperó otro ataque y disparó cada bala que le quedaba, vaciando el cargador en cualquier parte del cuerpo que pareciera importante, logrando en especial dos impactos entre los ojos.

Eso fue lo que más irritó a la bestia. Gruñó y Anara habría jurado que oyó en su cabeza: «¡Basta!»

Cuando la criatura estaba a punto de atacar a Anara, Elle agarró su bastón y se lo arrojó a la criatura.

—¡Anara, corre!

Los ojos de Anara se abrieron ante la chica, con sorpresa y un respeto contenido. La chica que antes había salido corriendo gritando acababa de decidir distraer a la criatura para que una de las dos tuviera ventaja, porque Elle no podía.

Todo ocurrió en un parpadeo.

La criatura se movió para acabar primero con Elle.

Anara corrió para interponerse entre Elle y la bestia, con el cuchillo ya desenvainado del cinturón.

Un zumbido mecánico y un destello de luz.

La enorme cabeza de la criatura quedó a metro y medio del resto del cuerpo, que se desplomó hacia atrás, expulsando asquerosos fluidos color berenjena a chorros.

Las chicas miraron a la figura oculta bajo una capucha oscura y una gabardina de cuero, sosteniendo una espada que parecía menos un arma y más un accesorio de cosplay de Star Wars. Pero, aun así, había hecho el trabajo y decapitado a la bestia.

Capítulo Anterior
Siguiente Capítulo