Soy la amante del sobrino de mi esposo

Descargar <Soy la amante del sobrino de m...> ¡gratis!

DESCARGAR

Capítulo 5 5

Capítulo 5

No supe cómo reaccionar cuando esa mujer se presentó como la futura esposa de Josh. La saludé por cortesía, aunque por dentro quería gritarle en la cara.

Me limité a mirarla y después me di la vuelta. Sentía que me faltaba el aire, no podía quedarme ahí un segundo más.

Corrí al baño y apenas cerré la puerta me incliné sobre el lavamanos. Vomité. Otra vez. Ya no podía fingir que era un malestar pasajero. No era casualidad, lo sabía en mi interior.

La cena de Navidad fue un suplicio, Nadie se miraba de frente, todos fingían que todo estaba bien, pero no lo estaba. Rodrigo estaba molesto porque Josh estaba atrayendo demasiada atención. Odiaba sentirse opacado y yo lo notaba en cada movimiento, en la forma en que apretaba la mandíbula y en cómo se bebia el vino.

Apenas pude, le pedí que nos fuéramos temprano al día siguiente.

—Quiero regresar a casa por la mañana —le dije.

Me miró fijo, molesto, pero accedió.

—Está bien. No quiero seguir soportando esta farsa.

En el desayuno de despedida, Josh se me acercó.

—Necesito hablar contigo —me dijo en voz baja.

—No hay nada que hablar —le respondí seca—. Fue un acostón, eso es todo.

—No digas eso. Tú sabes que no fue así, Tú eres importante para mí.

Lo miré con frialdad, No quería que notara lo que realmente sentía.

—No me hagas reír, Josh. Tú tienes tu vida y yo la mía, mantente lejos.

Me levanté de la mesa y lo dejé ahí.

El viaje de regreso con Rodrigo fue incómodo, Apenas cruzamos palabra, yo pasé gran parte del trayecto mareada, con náuseas, con la cabeza recargada en la ventanilla, tratando de no desmayarme, Rodrigo me observaba de reojo, cada vez más nervioso.

Todo el camino de vuelta estuve vomitando. Rodrigo se hartó.

—Vamos al hospital. Algo tienes.

No quise discutir. Sabía que tenía razón, y debía salir de dudas ahora, Llegamos a la clínica y tras unos exámenes, el médico lo confirmó: estaba embarazada.

Rodrigo empezó a saltar de alegría, Gritó, abrazó al doctor, me besó las manos como si hubiera recibido el premio más grande del mundo.

—¡Lo logramos! ¡Por fin!

Yo lo miraba en silencio. Decidí no decir nada. Dejar que creyera que era suyo. No lo sabía con certeza, pero en mi corazón estaba casi segura: ese bebé era de Josh.

Rodrigo llamó a Ernesto de inmediato.

—Papá, serás abuelo. ¡Un varón, ya lo verás!

El abuelo se alegró, aunque su felicidad vino acompañada de órdenes. Rodrigo empezó a encerrarme, a cuidarme como si fuera un objeto frágil. Para él, que yo perdiera al bebé no era una opción. Su solución fue aislarme.

—No quiero que salgas. No quiero que te agites, no quiero riesgos en tu embarazo¿Entendido?

Mi madre, como siempre, apoyó todo lo que él decía.

—Hija, hazle caso. Piensa en el bebé.

Los meses pasaron así...

Yo encerrada y Vigilada, en una jaula de oro deseando sed libre, Tenía ropa, lujos, atención médica, pero no libertad, era prisionera de Rodrigo, de su miedo a perder el único triunfo que podía mostrarle a su padre.

Yo estaba agotad, mi cuerpo cambiaba cada día, y la soledad me estaba matando. Solo tenía al bebé conmigo, y aunque lo sentía como un milagro, la carga era enorme.

Un día, Rodrigo entró a la habitación con una noticia que me heló.

—Tenemos que ir a la boda de Josh.

Lo miré incrédula.

—No pienso ir. Estoy a días de dar a luz. No voy a arriesgarme.

—Es importante.

—No —repetí firme—. No pienso moverme de aquí.

Pero Ernesto intervino, Lo llamó, habló con él y, como siempre, impuso su voluntad.

—Quiero a toda la familia reunida —dijo con voz firme.

No tuve opción. Al final, terminé en un vestido suelto, con el vientre enorme, entrando a la iglesia donde Josh se casaría con otra mujer.

La iglesia estaba llena. Música suave, flores blancas en cada rincón, gente elegante. Yo entré del brazo de Rodrigo, con mi vestido ancho que apenas disimulaba mi vientre enorme. Sentía las miradas sobre mí.

Y entonces lo vi. Josh, de pie en el altar, Vestido de negro impecable, serio, aunque cuando me encontró entre la gente sus ojos se llenaron de lágrimas. Fue solo un segundo, pero bastó para desarmarme por dentro.

La novia apareció después, caminando lenta hacia él. Era hermosa, joven, segura de sí misma. Tomó su lugar a su lado. Josh dudó, lo noté en sus ojos, en cómo respiraba, en el silencio antes de decir “sí, acepto”. Pero lo dijo.

La boda siguió adelante, los aplausos llenaron el lugar.

Yo bajé la mirada. Sentí un nudo en la garganta. Las lágrimas me brotaron de los ojos, Rodrigo me apretó la mano.

—Estás conmovida, ¿verdad? —susurró orgulloso.

Asentí y fingí. Dejé que pensara eso, Era mejor que descubrir la verdad: que lloraba porque me había enamorado de Josh y lo estaba perdiendo para siempre.

Durante la recepción busqué un respiro, Me escabullí hasta el baño. Cerré la puerta y me dejé caer sobre el lavamanos. Lloré en silencio, con miedo de que alguien escuchara.

Me miré en el espejo, tenía los ojos hinchados, el rostro cansado, el vientre enorme. Me odié por estar ahí, por fingir, por no poder ser dueña de mi vida.

El golpe en la puerta me sobresaltó.

—Viviana, abre. Soy yo —la voz de Josh.

Abrí sin pensarlo, Entró de inmediato y cerró la puerta tras él.

—¿Por qué no me contestas? Te he buscado, te he escrito…

—No hay nada que hablar —le corté—. Tú con tu esposa, yo con mi marido. Lo nuestro fue sexo, nada más.

Me miró fijo, como si intentara leerme el alma.

—No me mientas. No te he olvidado. Y sé que tú tampoco.

Lo empujé apenas, intentando apartarlo.

—No insistas, ds lo mejor.

Pero entonces me besó. Y lo peor es que yo accedí. No pude resistirme. Era como si mi cuerpo lo buscara sin pensarlo. Lo besé con rabia, con necesidad, con todo lo que había callado.

Cuando me separé, jadeando, él bajó la mirada hacia mi vientre.

—¿Cuánto tienes de embarazo?

Sentí un escalofrío.

—Eso no es tu asunto.

Me tomó del brazo, desesperado.

—Respóndeme y quiero la verdad.

Y entonces lo sentí: un dolor agudo, caliente. Miré hacia abajo, y mi vestido estaba húmedo, había roto fuente.

Me quedé paralizada. Josh reaccionó primero.

—¡Ayuda! —gritó abriendo la puerta—. ¡Alguien, rápido!

Todo pasó en segundos. Rodrigo llegó corriendo, con la cara pálida. Me sostuvo mientras yo temblaba.

—Resiste, Viviana, vamos al hospital.

Me subieron al coche. Sentí contracciones, gritos, ruido, voces que me hablaban pero no entendía.

Llegamos al hospital, me llevaron en camilla. Entre luces y enfermeras, escuchaba la voz de Rodrigo repitiendo mi nombre una y otra vez.

Horas después, el llanto de un bebé llenó la sala. Un varón. Lo vi apenas unos segundos, y mi corazón se partió. Rodrigo lo cargó enseguida, orgulloso, levantándolo como un trofeo.

—Es mi hijo. Mi heredero.

Sonreía, lloraba, reía al mismo tiempo. Yo estaba agotada y Cerré los ojos, caí en un sueño pesado.

Cuando desperté, estaba sola en la habitación. O eso pensé. Giré el rostro, y ahí est

aba Josh. Sentado junto a la cuna, mirando al bebé.

Se levantó en silencio y se acercó a mí.

—Dime la verdad —me dijo con voz baja—. ¿Ese bebé es mío?

Capítulo Anterior
Siguiente Capítulo