Capítulo 4 4
Capítulo 4
La chimenea estaba encendida. No hacía frío, pero ese lugar se sentía cálido y seguro.
Se acercó, me tomó de la cintura y me besó despacio. Nuestros labios se encontraron sin prisa Solo deseo, Un deseo honesto.
Sus manos bajaron por mi espalda, me abrazó fuerte. Me sentía protegida, no usada como con Rodrigo. Me acarició la mejilla, miró la ropa que llevaba puesta, la que me había obligado a usar la familia de Rodrigo.
—Detrás de esta ropa de señora hay una mujer sexy. Muy sexy —me dijo, sonriendo.
Sus manos empezaron a desvestirme, pieza por pieza. Lentamente, Me miraba todo el tiempo y no tenía prisa. Me quit la blusa, el sujetador, me besó los hombros, el cuello, los senos. Jugó con ellos, los lamió, los apretó.
—Extrañaba tu boca —susurró mientras se sentaba y me guiaba hacia él.
Lo entendí. Me arrodillé frente a él, le bajé el pantalón. Estaba duro por mi, Lo tomé con mi mano y después con la boca. Lento. Lo lamí, lo chupé, me moví con ganas. Él gemía, respiraba fuerte, me acariciaba el cabello.
—Así… justo así —decía—. Eres increíble.
Presioné sus caderas, me lo metí más profundo. Después junté mis senos, lo puse entre ellos y empecé a moverme. Él me miraba sin pestañear, sin dejar de gemir.
—Dios… Viviana…
Cuando estuvo al borde, me detuvo. Me levantó, me tomó de la cintura y me acostó en el sillón. Se arrodilló entre mis piernas y comenzó a besarme. Lento primero y luego más profundo. Me lamía, me succionaba, me metía los dedos suave y yo gemí fuerte.
—Ahí… no pares… más, más…
Me arqueé y me vine, Me sacudía entera, Mi cuerpo reaccionaba solo. Tuve un orgasmo, después otro, Grité como loca en ese lugar, Sentí cómo me salía el deseo de las piernas y empape en sillón
—Eres multiorgásmica, ¿lo sabías? —dijo Josh, sonriendo mientras me miraba—. Me encanta cómo te vienes, Me estás empapando y eso es muy sexy.
—Sigue… por favor, sigue.
Subió sobre mí, me penetró de una, y grité fuerte. Mis uñas se clavaron en su espalda, lo sentí todo, el se movía fuerte, con ritmo y con ganas.
—¿Te gusta? Dímelo, Quiero oírte.
—Me encanta… sigue… dame más… fóllame así, duro…
Los dos jadeábamos, me venía otra vez, Lo sentía subir por dentro, estallar en mi pecho, en mis piernas, en mi cabeza.
—Te vas a venir otra vez, ¿verdad?
—Sí… sí, me vengo… me vengo fuerte…
Otro orgasmo y otro grito, temblaba y no podía parar, Él me miraba como si yo fuera un regalo.
—Ahora súbete.
Me monté sobre él, lo cabalgué con fuerza, gemía, gritaba, lo besaba, lo mordía.
Me pegó una nalgada y me encantó, Después apretó mi cuello un poco. Solo lo suficiente para hacerme sentir su dominio.
—¿Vas a correrte otra vez? —me preguntó con la voz ronca.
—Sí… me vengo encima de ti… voy a empaparte…
Y lo hice. Me venía como nunca antes, Todo mi cuerpo explotó. Me apreté contra él y me corrí tanto que lo mojé completo, el jadeó, me apretó fuerte, el estaba temblando
—Quiero venirme en tu boca —me dijo, jadeando.
Me bajé, me arrodillé otra vez, el se masturbaba frente a mí, con la mirada clavada en la mía.
—Abre la boca, no cierres los ojos.
Obedecí y lo miré, el gemía y entonces lo vi venirse, a chorros en mi boca. Lo recibí todo, no dejé caer nada.
Cuando terminó, se agachó, me limpió con su camisa mientras yo recuperaba la respiración.
Me abrazo acostado en la alfombra llenandome de caricias y besos, Nos quedamos así, desnudos, junto al fuego, sin decir nada por un rato.
Después de unos minutos, le hablé me sentía segura con él.
—Nunca había disfrutado del sexo tanto… con Rodrigo todo es rápido. Solo piensa en él. Nunca le importó si yo sentía algo.
Josh me acarició la espalda y me miró.
—Divórciate, sal de ahí y yo te cuidare siempre
Negué con la cabeza.
—No puedo, Rodrigo tiene el control sobre las empresas de mi padre. Si me voy, arruina todo. Y mi madre no me lo perdonaría.
Josh me besó en la frente.
—Entonces déjame ayudarte, yo puedo hacerlo, voy a sacarte de la jaula de ese idiota.
—Gracias —le dije, acariciándole el pecho—. De verdad… gracias.
Nos besamos de nuevo, tiernos y enamorados.
La mañana siguiente desperté abrazada a Josh. Dormí bien, por primera vez en mucho tiempo. No hubo gritos, Solo su respiración tranquila y mi cuerpo relajado.
Quise quedarme ahí. Solo un poco más, Pero el celular vibraba sin parar sobre la mesita. Me levanté con cuidado, sin despertarlo, y vi el nombre de mi madre en la pantalla. Respondí.
—¿Dónde estás? —dijo de inmediato, con tono frío.
—Salí a despejarme —respondí.
—Rodrigo llamó. Está furioso, dijo que si no vuelves, llamará a todos los proveedores y cancelará los acuerdos con tu padre.
—Mamá…
—No me importa lo que haya pasado —interrumpió—. Regresa y no arruines todo.
Me quedé en silencio unos segundos, no había opción.
—Está bien, Voy.
Colgué sin decirle nada a Josh, Me vestí rápido, recogí mis cosas y salí del chalet.
Al llegar a la casa, Rodrigo estaba en la sala. Me miró con esa mirada que parecía un tempano de hielo.
—¿Dónde estabas?
—Eso no importa —le respondí, seria.
—¿Te fuiste con algún amante?
—Lo que hice o no hice no cambia lo que tú hiciste, Nunca voy a perdonarte por el golpe ¡Nunca!
Me solté de su mano y subí las escaleras, Cerré la puerta de la habitación con llave, me senté en la cama, respirando hondo, tratando de no llorar.
Horas más tarde, escuché que alguien intentaba entrar, no abrí, entonces tocó suavemente.
—Viviana… soy yo —dijo Rodrigo.
No respondí. La puerta se abrió, consiguió la llave, tenía una cajita de joyería en la mano. Caminó despacio hasta mí y se arrodilló.
—Perdón por lo que pasó. De verdad… estoy mal, tú sabes que a veces me dejo llevar.
No dije nada, abrió la caja y me entrego una joya cara.
—Quiero que la uses esta noche, Todos van a estar aquí, y quiero que estés hermosa como siempre.
Me quedé en silencio, dl aprovechó para acercarse más, me besó la mano.
—Cuando volvamos, voy a empezar el tratamiento. Te lo prometí, quiero que tengamos un hijo, esta vez va en serio.
Intentó besarme, pero me aparté.
—Me siento mal… estoy mareada.
Se quedó observándome un segundo y Frunció el ceño.
—¿Te duele algo?
—No, solo… necesito descansar.
Asintió, aunque se notaba que no estaba conforme. Se levantó, dejó la joya en la mesa y salió de la habitación.
Me llevé la mano al vientre. Sentía una presión leve, Las náuseas de la mañana, el mareo, la falta de apetito. Todo apuntaba a lo mismo. Y si mis cuentas no fallaban, todo había empezado la noche del bar.
Bajé más tarde. La casa estaba llena de gente, música, luces, conversaciones.
Era la fiesta de Navidad, y todos estaban elegantes, todos fingiendo sonrisas, Rodrigo hablaba con unos inversionistas, ocupado como siempre, ignorándome como si fuera parte del mobiliario.
Aproveché para subir al segundo piso y salir a la terraza. El mar seguía ahí, perfecto, Me apoyé en la baranda, mirando las olas y tratando de calmar la mente.
Una mano me jaló con fuerza y me metió entre las pesadas cortinas de la terraza. Era Josh, su boca busco la mía sin decir nada. Lo besé con ganas.
—No aguanto más, te necesito, te ves preciosa —me dijo, con voz ronca.
Sus manos bajaron a mi ropa. Las mías hicieron lo mismo con él, Nos masturbamos mutuamente, pegados, jadeando entre las sombras.
—Me voy a venir… —le dije al oído—. Pero no puedo gritar.
—Hazlo. Quiero que todos te escuchen, Que sepan que eres mía.
—Van a oírnos…
—Entonces grita justo cuando empiecen los fuegos artificiales.
Como si lo hubiera planeado, en ese momento sonó el primer estallido en el cielo. Justo cuando yo llegaba al orgasmo. Grité. Me venía con fuerza, Él me abrazó mientras seguíamos tocándonos y también se vino.
—Te espero esta noche en el chalet —me dijo, besándome—. Tengo algo para ti, Un regalo de Navidad.
Salimos del rincón, aún con el rostro rojo, tratando de disimular. Y entonces, sin aviso, se acercó u
na mujer alta, bella, vestida de rojo. Sin decir nada, besó a Josh en la boca.
Yo me congelé, Ella se giró hacia mí y me sonrió.
—Hola. Soy Melissa. La futura esposa de Josh.
