Regresando a los brazos de mi ex

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Capítulo 5 5

—¿Tú…? A ver, querida, mírame bien, ¿por qué crees que Alexander está conmigo y que vamos a tener más que una relación de novios?— Su pregunta hace que Maggie mire a Alexander.

—Disculpen— Maggie se coloca de pie —Ya se me quitó el apetito, buen provecho— Maggie se coloca de pie y se marcha al jardín. Prefiere hacerlo antes que causar más incomodidad en la cena con sus palabras y piensa que le parece increíble que Alexander quiera formalizar con esa mujer.

Mira hacia el cielo estrellado y la hermosa luna, perdida en sus pensamientos. Estos últimos meses han sido un completo desastre para ella. —Maggie— La voz de Alexander llama su atención y ella pasa saliva al verlo.

—Vete, no quiero problemas.

—No, no me pienso ir— Se acerca, pero Maggie intenta evadirlo. Lamentablemente, no pudo, él la toma del brazo y eso causó un choque eléctrico entre ambos, como si aún esa pasión que los envolvió años atrás estuviera viva.

—¿Por qué has regresado? ¡Quiero la verdad!

—¿Qué, ahora como mafioso te crees el rey?— pregunta soltándose de su agarre —No me vuelvas a poner una mano encima, ¿entendiste?

—¡Te estoy diciendo que me digas por qué carajos volviste!

—¿Es que no puedo?— pregunta también alzando su voz. Está harta y cansada con todo lo que ha vivido y lo que menos quería era verlo a él.

—¿Regresaste para atormentarme la vida, cierto?

Maggie sonríe con amargura. —Deja de creerte especial, Alexander, porque en mi vida no eres nadie.

—¿Entonces has enterrado el pasado?

—¡Así es! Tú ya no existes para mí.

—¿Entonces todo el puto amor que decías sentir por mí, es mentira?

—¿Te duele? ¡Porque te recuerdo que fuiste tú!— lo señala —Quien tomó otro rumbo, quien prefirió la mafia y ser el amo del mundo. Así que no me vengas a reprochar nada porque suenas como hombre resentido.

—¡Jamás! Eva es una grandiosa mujer.

—¡Pues felicidades, ambos hacen linda pareja y no me vuelvas a molestar!— Maggie intentó marcharse. No quería tenerlo más de frente. Su corazón dolía y no sabe por qué, porque su cuerpo aún reacciona ante él si se supone que todo sentimiento hacia Alexander Di Napoli ya estaba muerto.

—¡No vas a ningún lado!— Alexander está desesperado, su fuerte temperamento lo conlleva a perder la cabeza.

—¡Te dije que no te me acerques!— Maggie intenta zafarse de él.

—¡Las cosas no son como tú lo piensas! ¡Desperté una mañana y ya tú no estabas a mi lado! Vienes aquí haciéndome sentir culpable. Pudiste haber sido mi reina y juntos ser grandes.

—¿La reina de un asesino? No, gracias. Prefiero estar muerta que eso.

—¿Es eso lo que quieres?— Alexander saca su arma y ella se agita.

—¿Me vas a disparar? ¡Hazlo! ¡Porque yo de ti espero cualquier cosa!— espetó Maggie con firmeza para no dejarse intimidar de ese hombre que la mira como si sus ojos grisáceos oscuros  botaran chispas de furia, una que está intentando contener.

—¿Pasa algo?— pregunta Lucífero, quien iba caminando mientras fumaba un cigarrillo.

—¡Vete, Lucífero!— ordena Alexander con arrogancia.

—La que se va soy yo y otra cosa, Alexander: vete al infierno— Al decir eso se marcha a su habitación prácticamente corriendo. Allí se encierra y se echa un mar de lágrimas al recordar su pasado con Alexander. Sintió mucha frustración porque ese acercamiento, su perfume, todo de él es una jodida marca que le recuerda lo que algún día fueron. Cae sobre la cama y hunde su rostro en ella para ahogar su llanto.

Su móvil empezó a sonar constantemente, lo cual le generó más ira porque era lo que menos quería escuchar, y cuando lo agarra, de inmediato se dispuso a ver las notificaciones, y lo peor es que la madre de Lucas, la señora Carter, la acusa de robo y de infiel, todo por no casarse con ese hombre.

Aprieta el móvil con fuerza. —¡¿Cómo pueden hacer algo así?! ¡Todo para limpiar su maldito apellido! ¡Fue Lucas quien me falló!— habla entre dientes mientras las lágrimas recorren sus mejillas. —¡No sé cómo lo voy a hacer, pero juro que lo pagarán!— tensa su mandíbula.

Llena de cólera, de ansiedad, de que su sangre hierve como un volcán. Busca una tijera en el tocador y, al encontrarla, se mira al espejo. Puede ver cómo el rímel se mezcló con sus lágrimas, dañando su maquillaje. —¡No seré más la burla de nadie!— dijo cortando su larga y hermosa melena, dejándolo corto como tiempo atrás.

Tocan la puerta de su habitación y es Sofía quien está preocupada por ella. —Maggie, ¿estás bien?

—¡Quiero estar sola!— exclama mirando al espejo, ya su cabello quedó corto.

—Perdóname, pero no— Sofía abre la puerta ya que tiene la llave —¡Joder!— mira los restos de cabello en el suelo —¿Es por lo que dicen de ti? La familia Carter se ha encargado de divulgar por todos lados, no te preocupes, amiga, que te vamos a ayudar.

—¡Yo no fui infiel, no me robé nada!

—Y yo te creo, Maggie. Esa familia está demente. Mira que exponerte de esa manera.

—¡Lucas está cumpliendo su promesa! Pero no me pienso dejar, Sofía. Ellos lo pagarán.

—Escucha… El abogado de la familia te ayudará. Es importante quitar tus fotos de los medios. Están manchando tu nombre…

—Lo sé— suspira —Creo que debo regresar a enfrentar esto, reunir dinero y estar preparada.

—No, no vas a ir a ningún lado, ¿quién se cree esa gente ricachona? Es que tú tienes familia que te defienda, Maggie. Escucha, por trabajo no te preocupes, Leonardo te dará un buen puesto donde te van a pagar bien.

—¿De verdad?— Maggie la mira con ilusión.

—Sí, es parecido a ser asistente. Debes hacer mandados, organizar su agenda, ciertos viajes… Ah, y cuando haya reuniones importantes, debes organizar todo lo que es banquete y distracción. Tú eres buena para eso, amiga— Sofía se acerca y la toma de las manos —Saldremos juntas de esto y el abogado se encargará de quitarte los cargos.

—Gracias, amiga…— Maggie la abraza fuertemente.

Aunque es una buena oferta laboral para Maggie, lo que ella no sabe es que deberá obligatoriamente estar cerca de Alexander porque él es socio junto a Leonardo.

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