Capítulo 4 4
Sofía se marcha y alcanza a su mejor amiga. —¿Qué hace Maggie aquí?
—¿Cuál es el problema? Es como una hermana para mi mujer. Es mi casa, Alexander, y Sofía puede hacer lo que quiera.
—Maggie... ella se supone que estaba feliz con un hombre. ¿La vez diferente?
—A decir verdad, sí. Está muy cambiada, nada a la Maggie que conozco, y te aconsejo que la dejes en paz. Ustedes terminaron mal, y recuerdo que casi acaban con todos los objetos de la casa. Mejor vamos al despacho.
—Aquí solo hay un maldito malentendido— Alexander empuña sus manos.
—Cosa que no es mi asunto, Alexander. Si tienes algo que decir, díselo a Maggie directamente. ¿Vamos a trabajar? ¿O me vas a admitir que babeas por ella?
—¡Qué chistosito, Leonardo!— hace una mueca de disgusto. —Vamos, más tarde tengo una reunión para la entrega de una mercancía.
—Eres un tonto, Alexander. Pudiste haber dejado la mafia, ser diferente y ser un empresario, tener una familia y dejar la mala vida.
—Esto es lo que somos, Leonardo. Que tú hayas formado una familia y ahora seas un hombre de hogar no significa que yo deba hacer lo mismo. Esto es lo que soy: el temible mafioso de Italia, porque volveré asi esa agente me pise los talones.
—Eres terco, Alexander, pero eres dueño de tu propia vida. Solo no quiero que traigas tus malditos problemas a mi hogar.
—Desde que nuestra madre murió, soy otro. Y no pondría en riesgo la vida de ustedes; para eso, la fachada de empresario. ¿Vamos?— pregunta con arrogancia y Leonardo niega con la cabeza. Antes, Leonardo era la cabeza, el mafioso Di Napoli, pero creó un monstruo en su hermano Alexander, a quien no le importaba nada más que su poder.
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—¿Y bien...? ¿Qué sentiste al verlo?— pregunta Sofía y ayuda a Maggie a organizar la vestimenta en el clóset.
—Nada. Como te dije, Alexander murió para mí.
El móvil de Maggie empezó a sonar. Lo había apagado, pero fue un error encenderlo, porque Lucas empezó a enviar mensajes de texto y a llamarla. —¡Ese imbécil no piensa dejarte en paz!— comentó Sofía.
—Lucas es un hombre importante de Grecia. Nuestro matrimonio ya estaba en boca de muchas personas, así que... estaba desesperado. Allá no se acepta que una mujer tome decisiones.
—¡Eso es una locura! Y más... para ti. Eres Maggie, la chica que hace lo que quiera.
—Lo era, Sofía, pero quiero volver a ser la misma, diferente...
—Y yo te voy a ayudar en todo, pero antes... dime, ¿qué piensas hacer?
—Buscaré un trabajo... y empezaré de cero.
—Pero aquí puedes quedarte el tiempo que quieras.
—Gracias... pero es necesario ser independiente, Sofía. Eres una gran amiga— Maggie la abraza con gratitud.
—¡Qué felicidad que volveremos a estar juntas! Te eché de menos.
—Yo más...
Al caer la noche, Maggie se puso un lindo vestido color lila, sencillo, pero hermoso. Deja su cabello suelto y llega a la mesa, donde ya la esperaban para cenar, pero lo que Maggie no esperaba era ver a Alexander tomado de la mano con una linda mujer. —Disculpen la tardanza.— Ella toma asiento con total elegancia ante la mirada de todos, pero más la de Alexander Di Napoli, quien no disimula al mirarla.
Leonardo se aclara la garganta para que su hermano aterrice y, en eso, Sofía aplaude para que las sirvientas traigan la cena. —¿Y quién es la invitada?— pregunta la novia de Alexander, claramente sintiendo unos celos infernales.
—Es mi mejor amiga, como una hermana. Se llama Maggie.
—¿Maggie...?— mira a Alexander interrogante, pues ya había sabido del romance entre ellos dos.
—Viene a quedarse, lo cual me alegra mucho.
Maggie se dispone a comer con elegancia. No se presenta ante la chica. Claramente puede sentir su mirada venenosa, así que no piensa darle cuerda. Alexander la examina por la forma en que agarra los cubiertos y piensa que Maggie ha cambiado mucho.
—Soy Eva, la novia de Alexander— se presenta, y Maggie comprende que lo hace para marcar territorio.
—Un placer— responde y bebió un sorbo de vino.
Eva se siente incómoda y aprieta la mano de Alexander para que deje de mirar a Maggie. —Supe de tu relación con mi novio.
—Mira, ¿Eva, no? Yo no vengo aquí a hablar de mi pasado, porque está completamente muerto y enterrado. Si tú quieres llamar la atención porque te sientes... amenazada con mi presencia, es tu problema— responde Maggie, mirándola con firmeza, abriendo una brecha de odio en Eva.
