Capítulo 3 3
Al llegar a casa, Maggie fue recibida cálidamente; era algo que ella no esperaba, y de cierta forma le dio mucho aliento. Los mellizos Di Napoli son muy queridos, y qué decir del más pequeño. —¡Cariño!— Leonardo, esposo de Sofía, se acerca y le da un beso en los labios. —Agrega un plato más, por favor. Mi hermano vendrá a cenar y creo que pasará la noche aquí. Tenemos mucho trabajo. ¡¿Maggie?!— se sorprende al verla.
—Leonardo, un gusto en verte— le saluda con educación, y lamentablemente le cuesta dejar a un lado todos los modales que le metieron en la cabeza por obligación.
—¡Qué sorpresa verte! Bienvenida.— los ojos grisáceos de Leonardo se posan sobre ella con respeto
—Gracias— asiente, y lo peor es que Leonardo como es hermano de alexander, le recuerda a él ya que tiene ciertos rasgos físicos similares
—¿Y cómo es eso de que tu hermano vendrá, cariño? Se supone que estaba de viaje.
—¿Te molesta mi visita inesperada?— la voz de Alexander causó un escalofrío en todo el cuerpo de Maggie. Su corazón se aceleró tan fuerte que pareciera que se le fuera a salir del pecho.
—Para nada, Alexander, se me hace extraño verte aquí— responde Sofía, mirando a su amiga, quien pudo notar su reacción.
Alexander frunce el ceño. Esa figura de Maggie la conoce perfectamente. —Al parecer, no soy la única visita el día de hoy— comenta Alexander. Suena tan prepotente. Esa apariencia de un hombre malo le recorre la sangre. Su mirada es penetrante, siempre quiere imponer con su presencia, y su forma de vestir tan casual lo hace ver sumamente atractivo con su cabello algo despeinado y largo. Sus tatuajes, parecen arte en su piel y que decir el que tiene en el cuello, es una cosita bien hecha.
Maggie, con la frente en alto, lo voltea a mirar, y fue un silencio sepulcral entre todos. Se sabe que la relación entre ellos dos hace años terminó muy mal. Y que se vuelvan a ver, no se sabe qué podría pasar. —Maggie— la menciona Alexander. No podía dejar de verla. Es ella, la chiquilla rebelde que lo sacaba de mal genio. Aquella con quien compartió momentos agradables e inolvidables, pero su última discusión fueron las últimas palabras que cruzaron.
Flashback.
Maggie se encontraba con un profundo dolor en su alma, con sus mejillas empapadas de lágrimas. No sabía por dónde empezar, cómo decirle a Alexander que ella estaba embarazada y no lo sabía. Que había perdido al bebe. Lo único que deseaba era verlo y darle un fuerte abrazo que confrontar su alma. En cuanto Alexander llegó, ella de inmediato lo miró con preocupación.
—Maggie, tenemos que hablar— Alexander está algo ebrio y tenso por lo vivido antes de llegar a casa
—yo también tengo que hablar contigo…— le fue a comentar lo sucedido ya que tenía la valentía de hacerlo para compartir su dolor y Alexander la interrumpió dándole una noticia que la dejó en silencio
—¡TOME EL MANDO DEL IMPERIO DI NAPOLI! Sere el lider, el mafioso que siempre quise ser
En cuanto ella proceso las palabras, frunce el ceño lentamente. Sus ojos cafés intensos, lo eran aún más sobre el hombre que era su perdición total.
—¿¡Dime que eso son mentiras!? — el silencio de Alexander la hace empuñar sus manos —¿Acaso olvidas que casi me matan, que casi matan a tu familia? ¿Qué ese camino nos hizo irnos de Italia? ¿¡acaso lo olvidas!?— pregunta a gritos
—¡Lo llevo en la sangre, esto es lo que soy! Las cosas serán diferentes, yo seré un mafioso impecable y tú, mi reina. Ve el lado bueno
—¡¡Solo estás pensando en ti!! Pense que tendriamos una vida diferente
—Este soy yo, y el legado Di Napoli no morirá.
—bien, has tomado tu decisión, entonces quedate con tu mundo de mala muerte porque yo no pienso poner mi vida en riesgo y vivir de un lado a otro— ella se dirige a la habitación para recoger sus pertenencias y Alexander la sigue
—Maggie, tu me conociste asi y asi te guste. No compliques las cosas, no tienes porque irte
—sabes que Alexander, pensé que tú y yo íbamos por el mismo rumbo— lo mira con decepción
—¿de qué hablas? tú y yo somos tal para cual, nos entendemos muy bien. Viajamos, salimos, tenemos tiempo libre, nada te hace falta
—veo que me equivoque, hasta nunca— se apresuró a salir con todo y equipaje
—¡No vas a ningún maldito lado Bell! tu lugar es aqui conmigo como mi mujer— la agarra del brazo y el ambiente se vuelve más tenso
FIN DEL FLASHBACK
Sofía al verla sumergida en sus pensamientos, le da un codazo disimuladamente.
—Alexander— saluda ella como si nada hubiera pasado. —Sofi, ¿me llevas a mi habitación, por favor?— pide y Sofía entiende.
—Claro, ven aquí. ¡Qué dicha tenerte de regreso!— dijo y Maggie se adelantó, por lo que Sofía se acerca a Alexander y le dice: —Cierra la boca, se te pueden entrar las moscas. Ah, y recuerda que tienes novia.
