Regresando a los brazos de mi ex

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Capítulo 2 2

—¡Deja de exagerar, Maggie!— Lucas la alcanza y la toma de la mano. Ella siente un inmenso asco de que él la toque, así que se suelta de su agarre y lo abofeteó.

—¡No me vuelvas a tocar! ¡Tú y yo terminamos!— espetó con dureza.

—¡¡Estamos comprometidos, Maggie!! Nuestros amigos de la alta sociedad ya lo saben. Deja de hacer un escándalo por algo que no significa nada, ella no me importa. Tú serás mi esposa y eso debería ser suficiente para ti.

—¡Tú y tu dinero de mierda se pueden ir al infierno!

—¡Bien! Pero ten en cuenta que los Carter somos importantes. No tienes familia, no tienes a nadie aquí en esta ciudad. No pienso ser la burla solo porque te dieron celos. Si no te casas conmigo, te cierro todas las puertas, Maggie; nadie te dará trabajo y morirás de hambre. ¿Eso es lo que quieres?

—Prefiero mil veces vivir bajo un puente que estar contigo— dice ella, y con la frente en alto continúa su camino.

—¡Debes casarte conmigo! ¡No te dejaré en paz porque no pienso pasar vergüenza! ¡Maggie! ¡Maggie, te estoy hablando!

Maggie se marcha destrozada y llena de odio. Abrirle el corazón a alguien, después de que te haya costado mucho hacerlo porque hace tiempo le habían traicionado, duele. No tiene a dónde ir, no tiene familia, no tiene nada. Y es cierto lo que dijo Carter: se encargó literalmente de cerrarle todas las puertas para que ella no consiguiera trabajo.

Ella ya no tenía qué comer, no tenía sustento, y no le quedó más remedio que hacer una llamada.

—¿Bueno?

—Sofía... Sofi, soy yo, Maggie.

—¡Ay, Maggie, por fin te comunicas conmigo! ¡Tanto tiempo! Me tenías preocupada.

—Lo lamento, de verdad lo lamento— dijo intentando contener las ganas de llorar—. Necesito que me ayudes, por favor…

—Sé que algo te pasa, Maggie; somos como hermanas, siempre estaré para ti— Las palabras de su mejor amiga, Sofía Mangano, que la conoce como la palma de su mano, le hicieron un nudo en la garganta—. No tienes que decirme ya lo que te pasa. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?— Sofia Mangano es su mejor amiga. Una amistad de largos años como su fueran hermanas

—Necesito... que me prestes dinero para regresar. Voy a volver.

—¿De verdad? Eso me alegra. Ya mismo lo hago. Te esperaré con ansias.

México.

Maggie no esperaba regresar, pero bien dice el dicho que la vida da sorpresas. Pensó que se casaría con el hombre perfecto, que tendría una familia y sería feliz, pero se estrelló contra la realidad. Al llegar al aeropuerto, lleva su maleta rodante y siente una presión en el pecho. No se esperaba ver a su amiga esperándola y que, cuando la viera, corriera a sus brazos y la abrazara como si no hubiera un mañana. Era todo lo que Maggie necesitaba. Sin cruzar palabras, se dirigen al auto.

—¡Lucífero, llévanos, por favor, a la mansión!— ordena Sofía al escolta de la familia Di Napoli

—¡Tiempo sin verte, Maggie!— le saluda con una gran sonrisa el hombre tatuado y tallado por los dioses.  Conoce a maggie hace años y siempre discutían por cosas sin sentido

—Lucífero, pues he vuelto— intenta sonreír y sube al auto.

Antes de llegar a la casa, Sofía no se aguantó y le pide a Lucífero detener el auto. —¿Pasa algo?— Maggie la mira con intriga.

—Lo siento, pero lo mejor es hablar antes de llegar a casa. Los niños... y mi hija, bueno, casi no tendremos tiempo. Lucífero, por favor, baja del auto y danos un poco de privacidad.

—Como ordene, señora Di Napoli.

Al quedar a solas, Sofía mira a su mejor amiga y le dice: —Estoy para ti. Saca lo que tienes retenido. Te conozco, Maggie, y sé que estás qué gritas a los cuatro vientos. ¿Qué pasó con Lucas? Se supone que se iban a casar, ¿te hizo daño?— Maggie asiente con la cabeza.

—Me engañó, y mentí— confiesa—. Pero lo peor es que me mentí a mí misma.

—¿Pero... por qué?— Sofía no lo comprende.

—Porque yo…— pasa saliva—. Pensé haber encontrado al hombre perfecto. Tú me conoces, sabes que mi estilo de vida es lleno de rebeldía, pero me fui dejando cambiar totalmente por alguien, dejé de ser yo. Ya vestía como una mujer de alta sociedad, rodeada de lujos y puras estúpidas reglas que tuve que cumplir. Y al descubrir su engaño, tiré la toalla, me harté. No tenía porqué soportar semejante humillación. Yo solo iba a ser un objeto más en la gran mansión Carter, mas no una esposa— se le salen las lágrimas.

—Ay, Maggie…— Sofía se pone triste—. Debiste contarme todo. Cuando se ama, se acepta a la persona tal cual es.

—Lo siento, amiga… Es que verte a ti —y no lo digo por envidia, sino que...—, tienes un lindo hogar, te has casado, tienes hijos, te aman, y yo preferí tomar otro rumbo porque me sentía una carga para ti. Y luego pensé en sentar cabeza, y con todo lo que pasó con Alexander, preferí marcharme. Luego, cuando conocí a Lucas, pensé que era el indicado, pero ya veo que el amor no es para mí.

—¡No digas eso, por favor, amiga! Tú eres hermosa, con un lindo corazón.

—Vamos, Sofía, no nos digamos mentiras. No soy nadie, no soy profesional, he vivido una vida desordenada, y pensé que si me unía a Lucas todo sería diferente. Pero para ellos jamás dejé de ser una chica ordinaria y pobre. ¡No los quiero volver a ver en mi vida, los odio!

—Él no te merece, porque tú eres una gran mujer, y yo te quiero. Eres mi hermana, eres la tía favorita y tus sobrinos se pondrán felices de verte. Y respecto a Alexander… yo creo que— Maggie la interrumpe.

—No hablemos de él. Es un pasado enterrado. Cada quien tomó su camino. Se supone que la familia Di Napoli dejaría la mafia atrás, pero él eligió continuar un legado donde la muerte es lo más seguro. Eligió eso en vez de formar una vida conmigo, y ya pasó. Alexander Di Napoli murió para mí, y yo necesito renacer, necesito convertirme en mi mejor versión, necesito encontrarme conmigo misma.

—pero debes saber que Alexander…— Sofía intenta darle una información, pero ese hombre es el que menos quiere escuchar Maggie así que la interrumpe

—no quiero saber nada de él, es más espero no tener que verlo— Maggie suelta un largo suspiro y sus manos empiezan a sudar

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