Capítulo 5 05
Decidí volver a casa luego de despedirme de Darcy; necesitaba darme una ducha que durara horas para poder sentirme limpia luego de aquellos inodoros de dudosa higiene. Preparé la tina, me serví algo de vino blanco, y me relajé mientras tomaba un placentero baño de burbujas.
Intenté descansar, dejando mi mente en blanco, pero lo ocurrido aquella tarde no paraba de dar vueltas en mi cabeza de una manera realmente tortuosa; dejando a un lado las bromas, sabía que Darcy tenía razón, un embarazo era algo que debía esforzarme por evitar. Tenía que hacerlo, claro que sí, un bebé no estaba en mis planes en lo absoluto, con Leo me era más que suficiente. De eso estaba segura, solo, no podía dejar de preguntarme lo que pensaría Elías de toda aquella situación, y cuál sería su reacción al enterarse.
A pesar de ser jodidamente caliente y bueno en el sexo, él continuaba siendo un hombre un tanto tradicional y chapado a la antigua, así que nada me aseguraba que no tuviese planes de formar una familia más adelante, y de ser así, la verdad no sabría lo que haría, porque un hijo era algo que no estaba dispuesta a darle.
No podía… ¡no quería!
El sonido de mi celular en un mensaje entrante me hizo salir de mi ensimismamiento y, un tanto perezosa me estiré para tomarlo, observando la pantalla para saber de quien se trataba, al mismo tiempo en que bebía un poco de vino. Al ver lo que figuraba en aquel mensaje y de quien era, escupí el vino fuera de la bañera, al mismo tiempo en que hacía un esfuerzo abismal para no dejar caer mi teléfono en el agua.
No pude contener la emoción y chillé, mientras me apresuraba a salir de la tina para ir a vestirme. El viaje de Elías se había acortado un día, y estaban por aterrizar en menos de una hora. ¡Finalmente lo tendría de regreso!
—¡Hugo, vamos de salida!
Minutos más tarde, avanzaba a pasos apresurados por los pasillos del aeropuerto, casi corría abriéndome paso entre las personas que deambulaban por el lugar, mientras escuchaba la voz de Hugo pidiéndome ir más despacio, ya que por poco me perdía de vista.
Pero no podía, ni quería, ir más despacio. Estaba ansiosa por llegar a la zona de abordaje, y en el momento en que divisé a quien esperaba con tantas ansias, no hubo manera de que pudiera detenerme y evitar comenzar a correr hacia él, deseosa de encontrarme pronto entre sus brazos.
—¡Chére! —exclamó con emoción una vez que me vio yendo en su dirección y no dudó en extender los brazos para recibirme.
Salté hacia él, enroscando las piernas en su cintura y envolviéndole el cuello con mis brazos, haciendo que tuviese que pararse firme para no perder el equilibrio por el repentino asalto, y entonces, me sujetó con firmeza de la cintura para sostenerme.
—¡Te eché mucho de menos! —expresé con emoción, antes de adueñarme de su boca, loca por probar sus embriagantes labios.
Estaba actuando como una cursi adolescente enamorada, lo sabía, pero poco me importaba que estuviésemos a mitad de un transcurrido pasillo y que todos nos estuviesen viendo con curiosidad y algunos con desdén. Realmente había extrañado a ese hombre.
—Solo fueron tres putos días, ¡por todos los cielos, exageran! —gruñó Maura, pasándonos de lado. —. Definitivamente estoy cansada de ambos. Me iré por mi propia cuenta…
—Maura —Elías la interrumpió, y ella se detuvo, rodando los ojos mientras se giraba para verlo con una expresión de pocos amigos.
¿Era yo o se encontraba más molesta e irritada de lo común?
Esperé a que Elías le dijera lo que fuese que tenía que decirle para tener una mínima idea de lo que ocurría entre ambos, pero lo único que hizo fue dedicarle una mirada que no pude descifrar, y como si se estuviesen comunicando telepáticamente, ella asintió de mala gana y continuó su camino.
—¡Maura! —insistió Elías, en aquella ocasión en un tono serio y demandante que la hizo frenar en seco. —. Que los chicos se vayan contigo, quiero pasar un tiempo a solas con Ma Femme.
—¿Por qué me lo dices a mí? —respondió, no ocultando su molestia mientras se giraba para verlo.
Cielos, la tensión entre aquel par era tanta que se podía cortar con una navaja.
—Solo dile a Ander que no quieres que te acompañe y ordénale marcharse, tal y como lo hiciste al momento de irte a ese restaurante. —señaló, frustrada, antes de darnos la espalda y retirarse a grandes zancadas, seguida por los chicos.
Fruncí el ceño en confusión y fijé la mirada en el rostro de Elías, quien al voltear y encontrarse mis ojos puestos en él cambió su expresión a una más risueña, mientras bajaba sus manos hasta mi trasero para sujetarme de él, sosteniendo todo mi peso y manteniendo mi vestido corto en su lugar con algo de recelo.
—¿Nos vamos a casa?
—Sí, pero… —volví la mirada hacia la salida. —. ¿Qué ha sido eso?
Él se alzó de hombros.
—Maura siendo Maura… está molesta porque reorganicé la agenda sin consultarle y me reuní con alguien a quien ella no le guarda el más mínimo respeto, o aprecio.
Presioné un poco los labios para no reír al pensar en si existía sobre la faz de la tierra alguien a quien Maura West le tuviese respeto o aprecio. En ocasiones sentía que ni siquiera a su hermano adoptivo respetaba.
Su actitud no era algo que me sorprendía, así que decidí ignorarlo y cambiar de tema, sentía que había cosas más importantes que tratar con mi ardiente esposo.
—No me sorprende su actitud entonces —presioné más mis brazos alrededor de su cuello, aferrándome a su cuerpo como un coala a un árbol. —. Mejor vamos a casa. Muero por besar cada parte de tu cuerpo.
Sentí como se tensó en lo que pasaba saliva, y sus manos se cerraron en mis glúteos de una manera tan deliciosa que no pude evitar morderme el labio inferior, antes de inclinarme para dejar un beso en su mejilla.
—Compórtate, estamos en público. —le dije, para luego morderle el lóbulo de la oreja.
Él sonrió con picardía, antes de comenzar a andar hacia la salida conmigo en brazos, y no pude evitar reír a carcajadas mientras imaginaba lo que el resto de las personas en aquel lugar estarían pensando al vernos pasar.
Una vez que nos subimos al auto, Elías lo puso en marcha. Durante las primeras cuadras, luego de salir del aeropuerto, solo hablamos de cosas triviales, más que todo sobre cómo iba el trámite en mi nuevo club, pero luego de un rato, ya no soporté solo ver sus apetitosos labios moverse, pronunciando cosas sobre su viaje a las que ya no le prestaba atención, y no me contuve al momento de quitarme el cinturón e inclinarme hacia él para adueñarme de su boca, obligándolo a callar.
Él gimió gustoso, activando el piloto automático, mientras estiraba su mano para sujetarme de la nuca y así profundizar aquel beso que, aunque comenzó suave, rápidamente se tornó en uno cargado de anhelo. Me sentía en las nubes, mientras sus labios acariciaban los míos con vehemencia, y ni hablar del momento en que su lengua se abrió camino hacia el interior de mi boca, para explorar cada centímetro de ella.
—Joder, te eché tanto de menos —reí sobre sus labios, mientras me subía en su regazo, aún con el auto en marcha. —. Me debes muchos orgasmos.
Dejé un camino de besos por su mejilla y mandíbula, hasta llegar a su cuello, al mismo tiempo en que sentía su mano deslizarse bajo la tela del vestido, acariciando mi muslo.
Me estremecí.
—Te los pagaré todos, Chére, comenzando desde ahora. —declaró, antes de tomar el control del auto para desviarse del camino que nos llevaba a casa.
—¿Adónde vamos? —pregunté, riendo bajo, mientras observaba el exterior a través de la ventana.
Para mi sorpresa, entre medio del bosque había un lugar pavimentado similar a un estacionamiento, ubicado frente a un barranco que daba una hermosa vista a la ciudad, acompañado de un anochecer realmente adorable.
—Le compré a la ciudad esta parcela para tener un lugar donde apreciar esta hermosa vista, con la promesa de no construir nada en ella, más que un estacionamiento para mi auto, ya que es parte del área verde. —me contó, una vez que se estacionó.
—La vista es hermosa —declaré embelesada, antes de observarlo de reojo. —. ¿Cuántas otras mujeres has traído aquí, Elías Odell? —entorné los ojos.
Él comenzó a reír.
—Te juro que eres la primera —guio su mano hasta mi rostro para ahuecarme la mejilla. —. Eres mi todo, Chére, lo sabes ¿no?
Esbocé una sonrisa titubeante… «¿A qué viene eso?»
—Y-Yo… sí, sí lo sé —tragué saliva, antes de girar el rostro para besar su palma, acomodándome mejor en su regazo. —. ¿Y acaso tú tienes la menor idea de cuánto te deseo? —pregunté, sonriendo con un ligero toque de picardía, antes de guiar las manos hacia su corbata, quitándola de una manera lenta y provocativa, para seguir después con los botones de su camisa, sintiéndome ansiosa por tocar su piel marcada de tinta.
Él mantenía su intensa mirada puesta en mi rostro, mientras una sonrisa traviesa tiraba de sus labios.
—Eso es más que mutuo —respondió, colando las manos por el borde de mi vestido, y deslizándolas bajo mis finas bragas, hasta que su palma tocaba directamente mis glúteos, dándoles deliciosos masajes.—.J'aime ce…
—¿Aimes-tu mon cul? —me adelanté a preguntar al saber lo que estaba a punto de decir, y hundí mi rostro en su cuello, dejando un beso húmedo en la piel de esa zona.
—Oh, Oiu, Chére —respondió jadeante. —. J'aime beaucoup.
—C'est à toi, mon cher. —declaré, entrelazando mis brazos alrededor de su cuello y apretándolo contra mi cuerpo.
Mi pronunciación era terrible, temía que dañara lo sexi de aquel momento, pero por suerte, Elías estaba igual de excitado que yo, por lo que no le prestaba atención a los detalles y solo se dejaba llevar. Atrapé sus labios, saboreándole con ansiedad la boca, al mismo tiempo en que inhalaba profundo, sintiéndome embriagada por su delicioso aroma masculino; mi deseo por él era tan intenso como lo había sido siempre, y en aquel momento, era aún más fuerte y creciente… solo quería sumirme en él.
Pero antes, un poco de tortura.
—Chére… —jadeó, al sentirme sujetar con firmeza su muñeca y detenerlo cuando intentaba deshacer el nudo de mi vestido traslapado.
—Shh —posé un dedo sobre sus labios, mientras guiaba mi mano libre hacia el reproductor de sonido del auto para encenderlo y emparejarlo con mi teléfono, bajo la mirada desconcertada de Elías, quien aún intentaba regular su respiración agitada. —. Se suponía que esperaría a llegar a casa, pero un lugar en medio del bosque me parece una aventura más divertida —entoné, casi chillando una vez que la sensual melodía comenzó a sonar. —. Quédate aquí.
Salí sin darle más explicaciones, para luego avanzar a pasos lentos hacia la parte delantera, contorneando mis caderas a cada paso que daba con mis zapatos altos, luciendo así más sexi y provocativa. Me detuve una vez que estuve frente al auto, notando como me observaba curioso desde el parabrisas, y sonreí con picardía antes de guiar las manos hacia el nudo de mi vestido para deshacerlo, abriendo aquella tela cual alas de mariposa.
La manera en que dio un respingo, abriendo sus hermosos ojos ámbar de una manera tan amplia que parecía que se saldrían de sus orbes me hizo esbozar una sonrisa burlona. Su reacción al ver aquella sexi lencería había sido exactamente la misma que Darcy y yo predijimos. Había planeado un excitante encuentro para cuando llegásemos a casa, con sorpresa incluida, pero no estaba demás aprovechar la situación que se presentaba y salir de la monotonía.
El murmuró algo, y aunque no logré escucharlo, pude leer el “Zut” que sus labios formularon, mientras pasaba saliva. Dejé que el vestido se deslizara por mis brazos hasta caer por completo, dándole una mejor visión de la preda; el aire frío me envolvió, haciendo erizar mi piel, pero no me encogí, estaba dispuesta a seguir hasta el final.
Me concentré en la música, sensual, caliente y comencé a moverme a ese ritmo, provocativo e insinuante. Guie las manos hacia mi nuca y las alcé, levantando mis rizos, para luego dejarlos caer en cascadas. Las deslicé por mi torso hasta acunar mis senos en ellas, antes de girarme para dejarle ver mi trasero mientras aprovechaba a desabrochar el sostén, entonces me volví hacia él, guiñándole un ojo en tanto aventaba aquella prenda contra el parabrisa.
Mis senos saltaron, y tanto el frío, como la excitación causaron un efecto predecible en mis pezones.
Una carcajada traviesa me brotó de los labios y apuñé mi mano para dar un par de golpecitos sobre el capó del auto para llamar su atención, como si estuviese tocando una puerta, ya que noté en él la intención de salir. Me observó con ojos desorbitados y procedí a torcer una sonrisa maliciosa mientras alzaba mi dedo índice para comenzar a negar con él, moviéndolo de un lado a otro, indicándole que debía permanecer en donde se encontraba.
—Revisa mi bolso, hay un obsequio para ti —le guiñé un ojo, recargándome sobre aquella superficie de metal fría y un gemido tembloroso se escapó de mis labios cuando mis senos entraron en contacto directo con ella.
Lo vi tragar saliva, antes de apresurarse a buscar mi bolso en el lado del copiloto. No tardó en encontrar la cajita, y procedió a abrirla, frunciendo el ceño en confusión al encontrar en su interior solo un pequeño control remoto junto a una nota que decía púlsame.
Me observó con un ligero aire de desconcierto, mientras pulsaba el botón y aunque ya me esperaba lo que pasaría en el instante en que lo hiciera, la intensidad de aquel objeto vibrando en mi interior me provocó un escalofrío que me hizo estremecer y gemir alto, mientras apoyaba totalmente mi torso sobre el capó del auto.
—Chére… —lo detuvo.
—Que no pare —jadeé, sonriendo perversa mientras fijaba la mirada en su rostro, notando lo tenso que lucía. —. Quiero venirme.
—Entonces permíteme complacerte. —torció una sonrisa insinuante.
Negué con la cabeza.
—Tú solo podrás controlar la velocidad de ese vibrador… y verme a través del parabrisas, hasta que me venga. —indiqué, alzando la barbilla.
Joder, estaba saliendo demasiado bien, para ser improvisado.
—Eso es muy cruel, Chére. —respondió serio.
—¿Lo es? Bueno, te dije que habría conse…
No me dejó terminar de hablar, cuando volvió a encender el aparato en mi interior, y sorpresivamente para mí, no estaba utilizando el maldito control remoto, sino su jodido teléfono.
—Aceptaré este castigo, Chére —sonrió con malicia, antes de deslizar su dedo de arriba abajo en la pantalla, lo que provocó que el ritmo de aquel aparato variara de una manera que hizo mis piernas temblar. —. Según las instrucciones, se puede ser más creativo con el celular que con él control… Je vais te torturer, ma chére.
