Querido ex, ahora soy tu tía

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Capítulo 3 Capítulo: ¿Me acosté con él?

Por la noche, Aradia llegó a la mansión Mancini.

Desde el momento en que el enorme portón se abrió, sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza.

Aquel lugar no era cualquier sitio: era territorio de una de las familias más poderosas del país… y del mundo, el clan Mancini.

Blake siempre hablaba de ello con orgullo, como si ese apellido fuera una corona invisible sobre su cabeza.

La mansión brillaba bajo las luces nocturnas, elegante, imponente, casi intimidante.

Cuando entró, la música ya vibraba en el ambiente.

Era una fiesta en la piscina: risas, cuerpos moviéndose al ritmo de la música, copas elevándose, agua salpicando bajo luces de colores. Todo parecía perfecto… menos ella.

Aradia avanzó lentamente, sintiendo cómo los nervios le oprimían el pecho.

Llevaba un vestido blanco, delicado, que contrastaba con su piel, pero no se sentía hermosa… se sentía expuesta. Perdida.

Su mirada recorrió el lugar… hasta que lo encontró.

Blake. Estaba junto a Kendra, su mejor amiga. Reían, demasiado cerca, demasiado cómodos. Algo dentro de Aradia se tensó.

Se acercó.

—Hola… —dijo en voz baja.

Kendra la miró de inmediato, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

—¿Qué tal la pasaste ayer? —preguntó con tono burlón—. Blake dice que no fue contigo… ¿lloraste toda la noche?

Las palabras fueron como una bofetada.

Kendra sonrió.

“Maldita estúpida, no le abrió la puerta al hombre que envié para consolarla, pero seguro la pasó muy mal sola”, pensó.

Aradia bajó la mirada, sintiendo cómo el calor de la vergüenza le subía al rostro.

Blake la abrazó por los hombros, como si nada.

—Nena, no llores… —murmuró—. Ya tendremos tiempo.

Su cercanía la incomodó.

Había algo distinto ahora. Algo que no encajaba.

Aradia levantó la mirada, reuniendo valor.

—Cariño… ¿podemos hablar?

Blake frunció el ceño apenas un segundo, antes de sonreír con ligereza.

—¿Ahora? No… —miró a su alrededor, levantando la copa—. Ahora es tiempo de la fiesta.

Se separó de ella con facilidad.

—¡Que comience la fiesta!

La música subió de volumen, envolviendo todo. La gente comenzó a bailar, a reír, a perderse en el ambiente.

Pero Aradia no pudo. Se sentó a un lado, sintiendo que el ruido la ahogaba.

Su mente estaba en otro lugar… en esa habitación, en ese hombre, en lo que había pasado.

No sabía cómo decirlo. No sabía si podía.

Entonces, uno de los amigos de Blake se acercó, con una sonrisa cargada de burla.

—Oye, Blake… —dijo en voz alta—. ¿Ya domaste a tu conejita?

Las risas no tardaron en estallar alrededor.

Aradia sintió cómo algo dentro de ella se rompía.

Blake río también, como si fuera normal, como si ella fuera un chiste.

Tomó su mano y tiró de ella hacia sí, intentando besarla.

Y entonces… El recuerdo.

Los labios de aquel hombre. La intensidad. La forma en que su cuerpo había reaccionado.

Fue como un golpe.

—¡Blake, no! —exclamó, apartándose de inmediato.

El silencio fue breve.

Luego vinieron las miradas… y las burlas.

Blake la miró, esta vez sin dulzura.

Con rabia. Apretó su mano con fuerza.

—Aradia —dijo entre dientes—. Me perteneces. Puedo besarte cuando quiera.

El miedo recorrió su cuerpo.

No reconocía a ese hombre. No era el mismo.

Antes de que pudiera reaccionar, unas luces iluminaron la entrada. Un automóvil de lujo se detuvo frente a la mansión.

La música bajó poco a poco.

Las conversaciones se apagaron.

—Oh, no… —murmuró alguien.

Blake giró de inmediato, soltándola.

—¡Cállense todos! —ordenó—. Llegó mi tío… ¡Llegó Don Vittorio Mancini!

El ambiente cambió en un instante, todo fue respeto, miedo y silencio.

Aradia sintió un nudo en el estómago.

Era el tío de su novio, que recién volvía de Estados Unidos, luego de ir a trabajar ahí por un año.

Era el dueño de la empresa, el heredero, y el rey absoluto de la familia Mancini.

Aradia se puso nerviosa por conocerlo, este hombre también era el presidente de la empresa en que laboraba.

Se levantó, dando un paso hacia atrás.

Pero entonces… lo vio.

La puerta del auto se abrió. Un hombre bajó con calma.

Elegante, imponente, muy seguro de sí mismo.

Su sola presencia parecía dominar el espacio.

Aradia dejó de respirar.

Él caminó con pasos firmes, sin prisa, como si todo le perteneciera. Sus ojos recorrieron el lugar con frialdad, evaluando cada detalle.

El mundo de Aradia se detuvo.

Y entonces… Se paralizó. Su mirada se elevó.

Y la encontró. No hubo error.

Sus ojos se clavaron en ella con una intensidad que la hizo retroceder un paso.

La reconoció. Una sonrisa lenta, peligrosa, se dibujó en sus labios.

El corazón de Aradia comenzó a latir descontrolado.

No. No podía ser.

Blake, ajeno a todo, se acercó con entusiasmo.

—Tío, bienvenido —dijo con orgullo—. Déjame presentarte… mi amiga Kendra Flores… y mi novia, Aradia Muñoz.

El aire se volvió pesado.

Vittorio no apartó la mirada de ella. Ni un segundo.

—¿Así que ella es… mi sobrina? —murmuró, acercándose lentamente—. ¡Qué interesante!

Se detuvo frente a ellos. Demasiado cerca.

—Qué buen gusto tienes, sobrino —añadió, con una sonrisa que no prometía nada bueno.

Aradia sintió que el mundo se le venía encima. El miedo la paralizó.

El recuerdo de la noche anterior quemaba en su piel. Su mente gritaba.

“Dios mío… ¿Qué hice? Me acosté con… el tío de mi novio”

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