Capítulo 7 Baño hot
El agua estaba bastante rica, Theo y Lana se habían quedado platicando sentados juntos, es más, casi ni nos ponían atención.
—Ven conmigo —me dice Damán, tomándome de la mano y llevándome hacia las rocas donde Lana y yo nos lanzamos la otra vez. Aquí Damián nos puso en un lugar donde no podían vernos. Era como una poza en donde solo cabíamos los dos.
—La se preguntará en donde estamos —murmuré, sabía perfectamente a lo que veníamos aquí. Damián acaricia mi pelo y se acerca para besarme. Recibí su beso con mucho deseo, le tenía muchas ganas desde la última vez. Damián me desabrochó el brazier, quedando mis pechos al aire.
—Aquí nadie vendrá, ni siquiera Lana —murmuró, mirándome con esos ojos negros que tiene. Puso mi brazos en una roca para después quitarme mis bragas.
—Siéntate aquí —mandó, señalando una roca.
Hice lo que me dijo, me sentía allí, era una roca pequeña, apenas y cabía mi trasero. Pero el quería que me sentara allí por otra cosa, le quedaba Justo a la perfección para meter su lengua en mi va*gina. Jadeé un poco de placer, tomando el cabello de Damián, acariciandolo.
—¿Te gusta? —me preguntó.
—Obvio que sí.
Damián hacía maravillas con su lengua aquí abajo, sentía mucho placer, deseos de tenerlo dentro de mi. Metió dos dedos, acariciando adentro, haciéndome apretar su cabello con fuerza. Los sacaba y los chupaba. Los metía y sacaba, en movimientos circulares también.
—Quiero que te pongas en cuatro allá —señaló otra roca más blanda. Me bajé, besando a Damián con mucho deseo. Damián no dejaba de meter sus dedos en mi vaggina. Me subí a la roca y me puse en cuatro a como el me había pedido, le di una buena vista de mi trasero a plena luz del día. Me podía ver todo ahorita. Damián se subió y, sin pensarlo, me nalgueó dos veces que creo que me dejó rojo. Pero no me importaba, estaba muy excitada como para pensar en eso ahora. Sentí como Damián se quitó el bóxer y lo dejó donde estaba mi demás ropa interior. Pude ver su pene, erecto y duro. Damián jugó un poco con nuestras intimidades. Me hacía desear rozando la cabeza de su pene con mi clitoris una y otra vez, de arriba hacia abajo.
¡Quería tenerlo dentro!
—Damián, por favor.
—Lo quieres dentro verdad.
—Sí, mucho.
—Bien, aquí va.
Damián metió su pene súper fuerte, haciéndome gemir algo alto, Temí que nos hayan escuchado. Damián me embistió una y otra vez, nalgueándome de vez en cuando. Me tomaba de pelo y tiraba de él mientras metía y sacaba. Yo no podía estar aguantado gemidos, el golpe de nuestras caderas excitaba. Damián me encantaba sinceramente. Me hizo girarme para que chupara su pene un poco, lo hice, acaricié la cabeza con la lengua, haciendo movimientos lentos y excitantes. Podía verlo recibir placer, podía escucharlo gemir también.
—Acuéstate —me dice. Me acosté para que el pudiera venir donde mi—Ábrete lo más que puedas, ¿vale?
Asentí, lamiendo mi dedo. Damián vio ese gesto, miré la chispa de placer en sus ojos. Me penetró fuerte, tomé mis piernas y las abrí lo más que pude a cada lado.
Excitacion al maximo nivel. Damián estaba muy a punto de terminar, se le podía ver y saber eso sentí la necesidad de hacerlo yo también. Enrosque mis piernas a su espalda para tomar el control, empecé a moverme a mi manera, funcionó, Damián ya no aguantaba... verlo tener ese tipo de placer, escucharlo gemir era todo lo que estaba bien en este mundo.
—Angelique...
—¿Que, te gusta?
—Me fascina —puso su mano en mi cuello mientras me besaba. Su lengua encontró la mía. Fue un beso apasionado, sucio, excitante. Hice más movimientos bajo el, sentía que tendría mi orgas*mo en cualquier momento.
Una, dos, tres, cuatro movimientos y ¡bum! Explosión de estrellas. Damián tuvo su orgas*mo al mismo tiempo que también tuve el mío. Volvió a terminar dentro de mi y sabía que no podía estar tomando la pastilla del día después a cada rato. Quedamos tontos en esa roca, desnudos allí.
—Eres increíble, Angelique... —me dice, besándome lento. Había sido increíble el más bien. La forma en que me nalgueó, la forma en la que me hizo el amor. Sinceramente Damián era increíble.
—Tu lo eres —le dije, sintiéndome súper bien. Me sentía con menos estrés, menos carga en mi cuerpo. —Oye, no me puedo estar tomando la pastilla del día después a cada momento. Pienso que es mejor si me inyecto cada mes o tienes que usar protección.
—Mejor inyéctate, quiero sentir tu piel siempre.
—Creo que Lana nos estaría buscando.
—No lo creo. ¿No crees que debe de estar en las mismas con Theo? —me miró pícaro.
—No —respondí.
—Ven aquí —me dice, metiéndonos al agua. Seguimos desnudos—Shh no hagas mucho ruido. Damián me llevó fuera de la poza y nos asomamos por unas rocas. Puse mi mano en la boca al ver a Theo y Lana teniendo sexo en nuestro picnic. No puede ser. —Te lo dije. —Theo estaba encima y ella tenía sus piernas arriba. Se besaban.
—Dejémosle su privacidad —nos fuimos de nuevo a nuestro lugarcito. —Vaya, ¿crees que nos hayan venido a vigilar a nosotros también?
—No lo creo, pero seguro se lo imaginaron. Dejémosle un rato que hagan lo suyo y después salimos —Damián se volvió a acostar en la piedra plana. Hice lo mismo. Se sentía bien estar desnuda, se sentía libre.
—Me gusta todo de ti —me dice, mirándome el cuerpo: los pechos, el abdomen, mis piernas, mi entre pierna. —Estoy loco, Angelique, loco por ti.
Mordí mi labio inferior. Me puse encima de él, sentándome en su cadera.
—¿Así que estás loco por mi? —lo miré.
El asintió.
—Demasiado. No sabía que hubiera hecho de mi vida si te hubieras ido o jamás hubieras venido.
Me puse a pensar que quizás tenía razon. Además, si las circunstancias fueran diferentes y no habría hecho cosas en todo el año me hubiera quedado en casa y quizás estuviera empacando para irme a la universidad.
—Las cosas pasan por algo —le dije—y quizás tú y yo estábamos destinado a encontrarnos.
—De hecho que si.
Me senté encima de su miembro y empecé a hacer movimientos con mis nalgas.
Damián me tomó de las caderas, guiándome un poco.
—Metetelo.
Eso hice, me lo metí de nuevo. Hice movimientos de un lado a otro y de arriba hacia abajo. Veía el rostro de Damián excitado, me encantaba verlo así. Me encantaba tenerlo dentro, era una necesidad que tenía. Fue uno rápido esta vez, teníamos que regresar. Cuando terminamos nos pusimos los bañadores y salimos de la poza. Al parecer Theo y Lana había terminado ya, estaban vestidos comiendo algo. Salimos del lago tomados de la mano, Lana me dio una mirada pícara y yo sé la devolví.
—Se tardaron mucho —nos dijo Theo.
—Estoy seguro de que si hubiéramos venido antes hubiéramos interrumpido algo —les dijo Damián. Lana quiso reírse pero no pudo. La tarde fue bonita, habíamos comido las cosas que recién habíamos llevado y también habíamos hecho la carne para las hamburguesas. Hace mucho no me sentía parte de un grupo sincero, la mayor parte de mi vida había estado rodeada de gente un tanto hipócrita la verdad. Ahora sentía que había encontrado un lugar para mi. Así como Monique encontró el suyo yo estaba encontrando el mío. Nos bañamos una última vez con el atardecer y los últimos colores, según los chicos este lago se congelaría pero que volvería a estar igual para el verano. Me dio un poco de pesar.
—Te veré después —me despedí de Damián con un beso.
—Llegaré al rato —me dice.
—Está bien.
Lana también se despidió de Theo. Las dos montamos las cosas al coche y después nos fuimos a casa.
—Iré a cambiarme —le dije a Lana ya que su madre y mi padre seguían en la sala. Subí las escaleras entrando a mi habitación. De pronto el día se había puesto muy frío. Me duché con agua caliente, cuando salí busqué mi pijama de pantalón y una camisa de mangas cortas. Peine mi cabello y me lo seque con la secadora porque sentía frío el que anduviera mojado. Escuché un coche irse así que supuse que Lana y Liana se habían ido. Dos golpes en la puerta me hicieron salir de mis pensamientos. Sabía que era papá.
—Pasa —le dije. Estaba en mi espejo de noche pintándome las uñas mientras sonaba de fondo alguna canción aleatoria.
—¿Como te sientes? —me pregunta—¿Has sabido adaptarte bien?
—Si —lo miré sonriendo—La verdad estoy tomándolo muy bien, he hecho nuevos amigos y... —iba a hablarle de Damián pero no lo hice. Se que mi padre tenía problemas con eso—... creo que me acostumbraré un poco.
—Eso me da mucho gusto. ¿Que pasa con Damián?
—¿Que pasa de que? —soplé mis uñas para que se secaran.
—Ustedes están saliendo, ¿no?
Asentí.
—¿Como te trata el chico y por qué no ha venido a hablar conmigo?
—Bueno porque no somos novios oficiales, nos estamos conociendo.
El asintió un poco.
—Espero que sea algo serio, hija, no quiero que vuelvas a salir lastimada.
Me tensé porque sabía que se refería a Colton. Mi papá estuvo ahí cuando me vio sufrir por alguien que había jugado con mis sentimientos haciéndome creer que yo le gustaba mientras solo quería darle celos a mi hermana.
—Es diferente Damián —lo miré seria—Siento que si, es algo extraño, ¿sabes? Porque siento como si nos conociéramos de toda la vida. Es un tipo de vínculo que no puedo explicarte bien, además no sé si entenderías.
Papá se quedó un poco pensativo.
—Créeme... lo entiendo. Solo espero entonces que Damián sepa cuidarte, no permitiré que nadie te haga daño, ¿ok?
Asentí. Amaba a mi padre demasiado, era la persona más importante para mi y sabía que me protegía a como de lugar. Me puse en pie y me dirigí a abrazarlo.
—Gracias, papá.
—¿Me quieres acompañar a comprar adornos navideños? Sé lo mucho que te gusta la navidad y los regalos.
Asentí como niña chiquita. Con mi padre podía actuar así sin ningún problema.
—¡Vamos!
—Vamos entonces.
Salimos en mi coche esa noche, no importaba que anduviera en pijama. Papá y yo entramos al centro comercial, compramos luces navideñas, bolas navideñas, muñequitos navideños. Papá compro muchas luces para decorar afuera y adentro. También compró un árbol de navidad en color blanco. Era un poco grande. Estuvimos comprando algunos regalos para Liana y Lana. Me atreví a comprar regalos para cada integrante de la familia Brown, simplemente sentí la necesidad de hacerlo. Sentía que sería una buena cena. La cena del 24 de diciembre estaba a la vuelta de la esquina.
—Hablé con tu hermana hoy y acepto venir a cenar el 24.
Estábamos afuera de una tienda comiéndonos una pizza. Me había comprado un gorro de lana y una bufanda que andaba puesto. El carro y iba lleno de cosas. Pero me sentía satisfecha. Mis ahorros se estaban acabando así que me pondría a trabajar pronto en algún lado. Bueno, después que pasase la navidad y Año Nuevo.
Sabía que mi hermana no se perdería el estar con papá en navidad y menos en Año Nuevo, pero no sabía si venía con Colton... quizás sea la oportunidad perfecta para disculparme y empezar de cero. Para esos son estas fiestas, ¿no? Para dejar de lado las cosas malas y empezar un nuevo año bien.
—Está bien.
—¿Harry? ¿Eres tú? —un señor de la edad de mi padre se acercó—Tanto tiempo, amigo.
—¿Mike? No sabía que habías vuelto.
—Mi esposa y yo vinimos a pasar la navidad aquí.
—Que alegre. Mira, ella es mi hija Angelique...
—Claro, Angelique, quizás no me recuerdas porque la última vez que te vi estabas muy pequeña.
—Hola, señor.
Nos habíamos terminado la pizza ya.
—Pá, en vista que hablarás mucho con tu viejo amigo me iré adelantado a la casa con las cosas.
—Está bien, vete con cuidado.
Me monté al coche y manejé hacia la casa. Conocía a papá y sabía que cuando se encontraba a un viejo amigo hablaba demasiado. Manejé hasta llegar a casa, metí el coche en la cochera pero no saqué nada porque cuando viniera papá lo haríamos juntos. Entre a casa, pero en eso me llegó un mensaje a mi celular. Lo leí:
De privado:
Angelique, Angelique. ¿Quien es Angelique? ¿Por qué se mudó aquí? ¿Acaso hizo cosas malas que la hicieron huir de su hogar? Angie, quiero que sepas que estoy al tanto de tu vieja vida así como estoy al tanto de los planes que tiene Damián contigo. Créeme, no es amor, solo te está usando así como tú lo haces para olvidar a ya sabes quien. Aléjate de Damián o sino le contaré toda la verdad sobre lo zorra que fuiste.
Psdta: El bosque será tu nuevo enemigo, querida.
Me quedé en el mismo sitio tratando de procesar lo que había en ese mensaje. ¿Quien demonios se atreve a mandarme algo así? ¿De que verdad estaba hablando? ¿Damián, jugando conmigo? No entendía. No podía responder al mensaje porque era privado. ¿El bosque será mi nuevo enemigo, a qué se refería? Solo una persona se me vino a la mente: Lara. Era la única que quería verme lejos de Damián y lejos de aquí. Claro, tenía que ser ella.
Sin embargo, ahora Lara sabía lo mal que me había portado con mi hermana al pelear por un hombre y me daría mucha vergüenza si se lo contaba a Damián. Además, mi hermana vendría en unos días y Colton también, ¿sería mejor contarle a Damián toda la verdad? Estaba muy confundida. Subí a mi habitación, cuando abrí la puerta me llevé una mano al pecho al ver una silueta de hombre mirando mi tocador.
—Damián, me asustaste —cerré la puerta detrás de mi con seguro. —¿Que haces? ¿Llevas mucho tiempo aquí?
—No... acabo de llegar —murmuró sin mirarme.
—¿Que pasa? —quise saber.
—Nada, ¿o tienes algo que contarme? —sacó su celular y me enseñó un mensaje que decía:
Angelique es una zorra, ¿quieres saber con que hombres se acostaba antes de venir aquí?
Sentí rabia en ese momento y muchas ganas de matar a Lara.
