Propiedad del lobo

Descargar <Propiedad del lobo> ¡gratis!

DESCARGAR

Capítulo 5 Cena

La cena estaba bastante animada, la familia Brown era enorme. Estando estos minutos aquí me he dado cuenta de ciertas cosas:

  1. Damián no soporta a su hermano Gabriel y no se por que.

  2. La mayoría son amigos pero se tratan como si fueran una sola familia.

  3. Todos están demasiados chicos de físico, como si el tiempo no hiciera efectos en ellos.

En verdad, veo a Carolina y parece que estoy viendo a una chica de preparatoria, también a Kayler, quien tiene un porte de chico malo. Lo mismo con Anne y Thomas. Ahora tengo curiosidad de conocer a toda la familia, me parece que son muy interesantes.

—¿Que dices, Angie? —me pregunta Carolina.

—¿Como? —parpadeé varias veces ya que no escuché bien lo que me dijo anteriormente porque estaba sumida en mis pensamientos.

—¿Quieres venir a cenar con nosotros en navidad?

La pregunta me sorprendió un poco, apenas me conocían y ya me estaban invitando a la cena navideña. Quizás porque vieron que su hijo está saliendo conmigo, no lo sé. Me parece que agarran confianza bastante rápido.

—Tendría que preguntarle a papá pero esta bien. Yo vengo encantada —asentí, tomando un poco de vino. Damián puso su mano en mi muslo, apretándolo un poco. No entendí bien que había querido decir ese gesto.

—Harry no tendrá problemas con que vengas me imagino, es más, hasta el puede venir con Liana.

Kayler carraspeó un poco, como negándose ante eso. ¿Acaso no les cae bien papá o Liana? Si he notado qué hay un tipo de rivalidad entre esta gente con mi padre, lo que no sé es por qué.

—Liana estará encantada de venir —murmuró Anne, quien hasta ahora había permanecido callada. Me parece que era un poco tímida.

—Hablaré con Harry, es hora de dejar los malos entendidos de lado —siguió Thomas. ¿Malos entendidos? Tenía curiosidad por saber bien que pasaba entre ellos.

—¿Malos entendidos? —quise saber. Todos se miraron entre sí—¿Papá les hizo algo o... habló algo? —los miré, esperando una respuesta que sabía no iba a llegar.

—No, Angie, son cosas que por ahorita no podrás entender. Pronto nos sentaremos a hablar sobre eso, no te preocupes—respondió Carolina.

—¿Y Gabriel vendrá a la cena navideña? —quise saber. ¿Ahora por qué demonios había preguntado eso? Si sabía que Damián no quería. Sentí como Damián se tensó, me quise abofetear en ese momento.

—Claro que si —respondió Kayler—Todos estarán aquí, tendrás la oportunidad de conocer a la familia completa.

—Así es. Angie, creemos saber que tienes una hermana gemela, ¿no es así? —preguntó Carolina.

—Así es, se llama Monique...

—¿Son de Francia? —me sorprendió la pregunta de Teo, no tanto la pregunta sino el que haya hablado. Había estado silencioso hasta ahora.

—Si, nacimos en Francia y vivimos la infancia allá.

—¿Tu hermana vendrá para navidad? Ella también está invitada —siguió Carolina.

Carraspeé un poco mientras tomaba vino. No sabía si Monique vendría para la cena, además si viene tendrá que venir con Colton y no sé si eso sea una buena idea. De alguna forma no quería que estas personas supieran lo mal que me porte con mi hermana y todo producto por querer estar con un chico que de viaje se veía que no le interesaba.

—Creo que si. Ella está yendo a la universidad y si le da tiempo vendrá.

Carolina me sonrió. En eso, se escucharon lobos aullando. Me puse rígida y tensa en ese momento. Los lobos estaban aquí, habían vuelto. La mayoría no pareció sorprenderse y menos tener miedo.

—Me gusta tu collar —murmura Teo—¿Lo has llevado siempre?

—No, mi padre me lo dio hace unos días —respondí un poco insegura—según el para protegerme. Aun no se de que.

—Tiene razón. Es bueno estar protegido aunque aún no sepas para que —dijo Kayler tomando de su vino. La cena de pronto se había tornado un poco extraña desde ese aullido de lobos.

—¿Siempre han habido lobos aquí? —me atreví a preguntar. Una pregunta bastante normal pero al parecer para ellos no porque se tensaron. Lo pude notar. Incluido Damián que casi no hablaba. ¿Será que era como la oveja negra de la familia?

—Siempre —respondió Thomas—Desde que tenemos uso de razón.

—Pero no te preocupes por eso —añadió Anne—Son indefensos.

¿Indefensos? Hoy justamente casi me mata uno y Damián lo sabía. Tenía ganas de decirles lo que había pasado pero había algo que me lo impedía. Damián... el siguió apretándome la pierna. Tomé su mano y se la quité. Ya hasta me dolía.

—bueno, indefenso no tanto —había terminado mi comida ya. Estaba rica.

—Ignóralos —me dice Carolina. Ella y Anne empezaron a levantar los platos de la mesa—Podemos pasar a la sala.

Nos levantamos, sintiéndonos satisfechos. Kayler siguió a Anne y a Carolina hacia la cocina. Damián me tomó de la mano y me dirigió cerca de la ventana que daba al lago.

—¿Que estás haciendo? —preguntó a lo bajo. Fruncí el ceño.

—¿De que?

—Hablas de lobos, no me parece el momento exacto para hablar sobre eso.

—Oye, escuché un aullido y me pareció conveniente preguntar si habían lobos siempre. Me parece completamente normal y la pregunta no estaba fuera de lugar. No se por que actúas tan extraño, ¿en que te afecta? Quizás estés acostumbrado a convivir con ellos toda la vida pero yo no, es normal que quiera saber.

Damián no dijo nada ante mi monólogo, sabía que lo que había dicho era verdad. No tuvo respuesta para eso.

—Solo no digas más de lo que piensas por favor.

Suspiré profundo y me aleje un poco de él, en busca de Teo.

—¿Aburrido? —le pregunté, notando que estaba sobándose la sien.

—Las cenas familiares suelen ser aburridas.

—Yo no estoy aburriéndome para nada. Es más, me da curiosidad tu familia.

Theo me miró.

—¿En serio?

—Ujum.

—Bueno, ¿que te da curiosidad?

—Lo numerosos que son. —le dije, Carolina y los demás venían para la sala donde estábamos. Anne y Thomas hablaban entre sí y Cristine solo estaba escribiendo en una libreta.

—No es nada fuero de lo normal eso. —me guiñó un ojo.

—Angelique, mejor vámonos —Damian se acercó, tomándome de la mano.

—¿Que pasa? —nos pregunta Carolina.

—Iré a dejar a Angelique.. —le dijo Damián.

—¿Tan pronto? ¿Estás aburrida o algo?

—No, la verdad que no estoy para nada aburrida.

—Que bueno, porque pensábamos ir afuera un rato. Es temprano aún, Kayler hace una fogata.

Miré a Damián, este solo se encogió de hombros. No entiendo por qué le molestaba que estuviera aquí, ¿acaso tenía miedo de algo? No lograba entenderlo. Fuimos afuera y nos sentamos en unas bancas enormes que habían allí. Había una fogata en medio, la luna llena y el lago le daban un toque bastante bonito al estar aquí. Tuve un sentimiento extraño al sentirme así, como si fuera parte de todo esto, como si fuera mi lugar o mi hogar. Era algo ridiculo obviamente pero sentí la necesidad de no irme de aquí.

—Carolina odiaba a Kayler cuando recién se mudó aquí —murmuró Anne. Estábamos hablando de cómo era cuando estaban en la preparatoria y como se conocieron todos.

—Solo un poco —admitió Carolina.

—Era porque no podía aceptar que estaba loquita por mi —le dijo Kayler, pinchándole la nariz. Parecen dos adolescentes en verdad.

—Quizás un poco. Tengo problemas en aceptar que me equivoco a veces. Y bueno, cuando vine aquí también tenía miedo de los lobos, Angie, pero después me di cuenta de que son indefensos. Algunos —admitió.

—Quizás tengas razón: algunos —le dije—Porque a decir verdad cuando vine por primera vez tuve un encuentro con uno y me pareció sanguinario.

—¿Encuentro? —quiso saber Kayler poniéndome más atención—¿Que color era?

—Era un lobo negro. Si, venía en mi coche cuando se me atravesó uno y casi lo atropello, pero solo se me quedó viendo y se fue.

Kayler miró a Damián por alguna razón.

—¿Iba solo? —tanteó Thomas.

—No, iba persiguiendo a un venado creo yo.

—Ah —la mayoría pareció aliviarse. No entiendo por qué se aliviarían. —Entonces eso te dice que los lobos no comen humanos —menciona Theo, tomando algún refresco en su vaso.

—Así es, Theo, los lobos no comen humanos.

Cristine no estaba entre nosotras, al parecer se había ido a su habitación, parecía tan alejada de lo que nosotros hablábamos, como si no entendiera nada.

—¿Que pasa con Cristine? —quise saber—¿No quiso venir ?

—No, es solo que Cristine es un poco tímida, siempre esta alejada de la gente.

—Nosotros tratamos de protegerla, es mejor así —añadió Kayler.

¿Por qué Damián estaba tan callado? Sumido en sus pensamientos, alejado de la conversación.

—Angelique se tiene que ir —dijo al fin—Su padre la debe de estar buscando —Damián se puso de pie.

—Le dejé una nota a mi papá no te preocupes—me apresuré a decir.

—Pero ya es tarde, mamá, la iré a dejar.

—Está bien, cariño, ve a dejarla. Angelique, gracias por aceptar mi invitación. De verdad, puedes venir cuando quieras. Esta es tu casa —Carolina se acercó—si necesitas a alguien con quien hablar de lo que sea aquí estaré yo, créeme que no pensaré que estás loca ni nada por el estilo—me dijo a lo bajo. Creí saber a qué se refería. A los lobos, ya que ni a mi padre le contaba el temor que me daban—¿Esta bien?

—Gracias, Carolina, lo tendré muy en cuenta.

—Cuídate.

—Buenas noches, —me despedí.

—Buenas noches.

—Adiós.

—Gracias por venir.

Me monté al coche de Damián con algo de pesar la verdad, quería quedarme más tiempo. Sentía que esa familia tenía mucho más por contarme, además me parecieron algo misterioso pero buenos. Sentí algo de calidez con ellos.

—¿Lista?

Asentí.

Damián arrancó, de hecho no estábamos tan alejados de mi casa.

—¿Por qué estás tan enojado? —quise saber.

—¿Enojado? Para nada.

—Casi no hablaste en la cena ni en todo el rato.

—Soy de pocas palabras —fue lo que dijo.

—¿Que te hizo ser así?

—No lo se, Angelique... —sentenció para que no siguiera por ese camino. Quizás algo le moleste a Damián para que actuara tan callado como si todo el tiempo estuviera molesto.

Damián se estacionó frente a mi casa, el auto de papá estaba allí.

—Lo siento —me dice después bajando la guardia—es un asunto complicado.

—Tranquilo, algún día me contarás tus cosas —acaricié su mejilla. Fue un instinto, luego me arrepentí y la quité pero Damián la volvió a poner allí—Me pasa algo extraño —suspira—solo cuando estoy contigo tengo paz y puedo ser yo mismo... bueno, casi del todo.

Sonreí.

—Me da gusto saber eso —me incliné y le di un beso en los labios.

—Deja la ventana abierta, ¿quieres? —siguiera. Me separé un poco frunciendo el ceño.

—¿Para que?

—Es una sorpresa.

Mordí mi labio inferior pensando en que vendrá por la noche y se meterá por mi ventana como en los libros de romance.

—Claro. Tengo que irme, te veo al rato —bajé del coche y caminé hacia la puerta. Escuché el coche irse. Abrí, papá venía bajando las escaleras Justo para donde mi.

—Angelique, tenemos que hablar —me dijo.

—¿De que?

—Leí tu nota. Estabas en la casa de Kayler Brown, ¿no?

Asentí.

—Si, Carolina me invitó a cenar y la verdad estuvo todo muy bien. Me hacía falta convivir con otras personas a parte de ti, papá. ¿No es eso lo que quieres?

Papá pareció entenderme, no se veía enojado ni nada. Había algo que me ocultaba y yo quería saber que era para poder entenderlo. Pero parecía que no me quería contar.

—Angie... quiero que te diviertas y salgas, aquí no estás presa es solo que...

—Nada, olvídalo —sonrió y me dio un beso en la frente—Cuéntame como te fue, ¿te trataron bien? —me preguntó, mientras caminábamos a la cocina.

—Si, la verdad muy bien. Sentí que son buenas personas y una familia muy grande. Eso si, quisiera tener el secreto de todos ellos para no envejecer, papá, era como si estuviera cenando con adolescentes de mi edad. Bueno, excepto Cristine que está más pequeña.

Papá medio rió.

—No creo que quieras, cariño, pero si, están en muy buena forma.

Y así pase un rato hablando con papá de la extraña familia Brown.

Capítulo Anterior
Siguiente Capítulo