Capítulo 4 Familia
Cuando llegué a casa me sentí un poco extraña, pensé en lo que había hecho... ¿me arrepentía? Por supuesto que no, sentía que era algo que había estado buscando durante mucho tiempo, que había estado esperando. Llámenme loca pero lo necesitaba. Mañana tendría que comprar la pastilla del día después. Esa noche dormí tranquila y relajada. A la mañana siguiente me desperté algo tarde, me duché y bajé a hacerme el desayuno. Papá aún no venía, creo recordar que me había dicho que vendría tipo diez de la mañana. Me comí un huevo entero y plátano frito, subí de nuevo a cepillarme los dientes, tomé la llave de mi coche y salí.
Era la primera vez que venía al pueblo así de día, miré todas las casa y tiendas. Era un pueblo bastante bonito, medio rústico, pero también tenía sus partes lujosas. Había un centro comercial a lo lejos, era grande. Me dirigí hacia la farmacia, compré la pastilla y me la tomé en seguida. No quería sorpresas a estas alturas de mi vida cuando ni siquiera he terminado la preparatoria. Aproveché que andaba por ahí para explorar el lugar. Fui al centro comercial y empecé a chismear el lugar. Había un cine en el segundo piso, tiendas de ropa de marca, me sorprendió un poco. Me dieron ganas de que la Angelique antigua saliera y empezara a comprarse cosas. Extrañaba ser yo misma. Me adentré a una tienda de ropa, probándome vestidos playeros y más. No me aguanté: compré mucha ropa. El centro comercial se llenaba mientras pasaba el tiempo. Sería navidad pronto y la gente buscaba los regalos, ropa nueva etc. Pensé en Damián y en si se arrepentía de lo de ayer. Si no me había buscado era porque se arrepentía, entonces una voz en mi cabeza me dijo qué tal vez solo me buscó para eso, que vio lo fácil que era y como caí entonces lo pudo comprobar. Una oleada de tristeza invadió todo mi ser, busqué un lugar para sentarme. Elegí una cafetería. Puse las bolsas en los asientos a mi lado mientras pedí un capuchino. Tomé el celular, pensando en llamar a Monique... pero me arrepentí.
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Al llegar a mi casa bajé del coche y saqué todas mis bolsas. Abrí la puerta principal con dificultad, la casa estaba sola, pensé que papá vendría temprano. Dejé las bolsas en el piso, cuando iba a cerrar la puerta un golpe fuerte seguido de un gruñido me aventó al piso. No me dio tiempo de gritar, me había golpeado la espalda. Miré a un enorme lobo que había atravesado mi casa, era un lobo grande color café, le gruñía dispuesto a comerme.
—¡Ahhh! —grité, poniéndome en pie y subiendo las escaleras con algo de dificultad. El lobo me siguió. Me adentre a mi habitación y cerré la puerta tras de mi. Retrocedí un poco, el lobo estaba arañando la puerta. No puede entrar aquí, ¿verdad? Palmeé los bolsillos de mi pantalón en busca de mi celular pero no lo encontré. Seguro se me cayó en la entrada. El lobo estaba mordiendo y arañando la puerta, tanto así que no resistiría más tiempo. Me metí al baño, a la tina, donde cerré la cortina. Allí me hice bolita. No puedo creer que un lobo enorme esté dentro de mi casa y me quiera comer. Mi vista pasó a una cosa brillante arriba de mi. El collar. Creo que recordar que mi padre y otra gente decían que eso me protegería. No creo mucho en esas cosas pero nada perdía en probar. Tomé el collar cuando escuché un estruendo más fuerte en la puerta, supongo que ese lobo entró. Me puse mi collar para esperar lo peor. El lobo había entrado porque ahora estaba arañando la puerta del baño.
Necesito salir de aquí.
Me puse en pie e intenté abrir la ventana a mi lado, con algo de suerte puedo caber perfectamente y salir de aquí. Me apresuré al notar que el lobo mordía más y más fuerte. La abrí, pero miré la caída. Era bastante alta. Podría romperme una pierna o un brazo. Me crucé, en el momento en que el lobo había destruido la puerta, me miró, lo miré, me gruñó corriendo hacia mi. Me tropecé y caí de espaldas. Grité fuerte esperando el golpe, pero jamás sentí el golpe. Sentí que unas manos rodearon mi cintura. Cuando abrí los ojos lo primero que vi fue a Damián, me había agarrado evitando mi caía. ¿Como llegó tan rápido? ¿Acaso ya estaba aquí?
—Damián —murmuré. Me bajé de sus brazos, mirando al lobo en mi ventana. De un momento a otro se fue—Viene para acá —le dije.
—No vendrá —trató de tranquilizarme. —Tranquila, ¿si?
—¿Como estas tan seguro? —trate de hacer que corriéramos lejos de la casa pero el simplemente no quería. Estaba tan tranquilo, como si un lobo enorme no me hubiera perseguido mucho antes y hubiera arruinado las puertas de mi casa.
—Porque lo estoy, confía en mi, ¿quieres? —me hizo que lo mirara. Su vista pasó a mi cuello, donde colgaba el collar—Veo que lo volviste a usar.
—Si, no se por que.
—Es mejor así. Ven, vamos dentro. —me tomó de la mano y me llevó al interior de mi casa. La puerta de entrada estaba intacta, mis cosas estaban en el piso. Ahí estaba mi celular—Te ayudare a llevar esto arriba —tomó mis bolsas y subió las escaleras. Yo lo seguí. Mi puerta estaba destruida, la del baño también. Estaba esperando que papá viniera.
—¿Lo ves? No entiendo por qué estas tan tranquilo, Damián, un lobo enorme entro a mi casa y trató de matarme.
—Lo sé y estoy pensando en ello. Mientras tanto no quiero que salgas sola y mucho menos de noche. Quiero que cuando Harry no esté te encierres, ¿de acuerdo?
Asentí un poco confundida.
—Está bien pero ¿qué es lo que quieren? ¿Los lobos siempre son así? ¿Acechan a las personas?
Damián suspiró profundo.
—No —vino hacia mi y me acarició la cara—que suerte que vine porque sino...
—Sino estaría muerta.
Asintió y me abrazó.
—No puedo volver a perderte —susurró—Tienes que confiar en mi y cuidarte.
—Lo hago. Y también confío en ti.
—Tenemos que arreglar esto antes de que tu padre venga. —me dijo. Asentí. Damián había ido al pueblo a comprar dos puertas, pensé que simplemente las quitaríamos y que quedaría así pero no. El fue a comprar dos puertas con su dinero. Trajo las herramientas y se puso a trabajar antes de que viniera papá. Mientras tanto yo le ayudaba en lo que podía. Habíamos pasado toda la tarde en esas, era un milagro que papá no haya venido ya que me había mentido con la hora. Habíamos terminado, Damián guardó las herramientas y lo acompañé a su coche.
—Gracias, te debo mucho —le dije.
—No me debes nada —se acercó, tomándome de la cintura. Un claxon nos hizo separarnos, bueno, yo me separé. Un coche negro se estacionó frente a nosotros. Era una mujer rubia.
—Damián, estuve buscándote —le dijo.
—Ya voy, mamá.
Ah, con que ella era si madre. La señora que en realidad parecía jovencita se bajó del coche y se dirigió a nosotros. Era rubia, blanca, muy bonita.
—Hola —me saludó—Soy Carolina Lane, madre de Damián —me tendió la mano. Se la estreché igualmente.
—Angelique —sonreí.
—Mucho gusto, Angelique. Oye, tendremos una cena hoy, ¿quieres venir? Sería bueno conocer a la nueva vecina. Y en especial si es muy amiga de mi hijo.
—Mamá... —sentenció Damián.
—¿Que dices, Angie? ¿Vienes?
Lo pensé un poco. Me daba algo de vergüenza pero eran los padres de Damián y sería muy descortés decir que no.
—Claro, ahí estaré.
—Perfecto. Entonces te esperamos a las siete. Te veo en casa, Damiansito.
La señora Carolina se montó en su coche y se fue para el camino de tierra a unos metros.
—Perdona a mi madre, es muy confianzuda —me toma de nueva de la cintura y me besa.
—Pues a mi me cayó bien.
—Vendré por ti a las siete entonces —Damian se monta en su coche.
—Vale.
Damian se va. Estaba sonriendo sola, luego recordé que no podía estar afuera así que me metí rápido a casa y cerré con llave. Aunque ya me convencí de que una puerta cerrada no detiene a un lobo. Agradecí haber ido al centro comercial en la mañana y haber comprado algunos vestidos bonitos. Tendría la cena con la familia Brown, de alguna forma esa familia me intimidada... tenían algo que me hacía sentir así. En espacial si conoceré a su padre: Kayler Brown. Me empecé a vestir porque eran las seis de la tarde, solo tenía una hora. Papá nada que venía y no me llamaba. Elegí un vestido rosa pastel pegado a mi cuerpo pero no tan corto, también elegí unas sandalias de tacón color beige. Peiné mi pelo y me hice una media cola, dejando algunas mechitas sueltas cerca de mi cara. Estaba sencilla pero elegante. Me daba pena llegar con las manos vacías pero no tenía nada mas que llevar, además de que me habían invitado ya casi a la hora. Bajé, el auto de Damián estaba estacionado frente a la casa. Le había dejado una nota a papá diciéndole que estaba cenando en la casa Brown.
Damián salió de su coche y vino hacia donde mi, me abrió la puerta del copiloto así que entre. Rodeó el coche y se montó al asiento principal.
—¿Nerviosa? —me pregunta manejando.
—Un poco.
Manejó hasta llegar frente a una casa de dos pisos, era de madera como todas las demás, en color blanco. Justo aquí ellos tenían el enorme lago en frente. Esa sí es una buena vista. Habían dos autos más estacionados ahí. Nos bajamos, el ambiente era más frío por aquí, quizás sea por el lago.
—Ven —Damian me tomó de la mano y me encamino hacia la puerta, donde la misma chica de la otra vez nos abrió.
—Hola —me saluda—Soy Cristine.
—Hola, Cristine, soy Angelique.
—Mucho gusto, Angie. Damian, te están esperando —nos dice, nosotros pasamos. La casa era muy bonita, paredes blancas, habían cuadros con fotos de Damián pequeño, de Cristine también y otra chica, supongo que era Kelsey. También habían fotos de Carolina joven, bueno, está igual.
—Llegaron —Carolina bajó las escaleras. Me sorprendí al ver que llevaba un vestido del mismo color que el mío. —¿Como estas, Angie?
—Bien.
—Ven, acompáñanos a la mesa
Nos dirigimos a la sala donde estaba la mayoría de personas a quienes no conocía.
—Cariño, ven —le dijo a un chico... wow, ¿es el padre de Damián? Es un hombre tan atractivo. —Ella es Angelique, la novia de Damián.
Carraspeé un poco porque no éramos novios, apenas nos estamos conociendo.
—Somos amigos —me apresuré a decirle mientras reía nerviosa.
—Por ahora —añadió Damián.
—Mucho gusto, Angelique.
—Igualmente, señor Brown.
—Dime Kayler, tranquila.
—Está bien... Kayler.
—Ella es Anne Stevens, me mejor amiga casi como mi hermana.
También saludé a Anne, una chica bastante joven también. ¿Que pasaba en esta familia que nadie envejecía? Parecían de la misma edad que sus hijos, bueno, que Damián. De verdad, es como si estuviera hablando con chicos de mi misma edad. Están iguales.
—El es Teo, el hijo de Anne.
Teo... un chico alto y serio también. Muy guapo.
Solamente le sonreí porque me dio miedo.
—Thomas, el esposo de Anne.
Esta familia era como de las películas definitivamente.
—Hola, Thomas... digo, señor Thomas.
Rieron.
—Es mejor que no nos digas ni señor ni señora, a nadie aquí les gusta —susurró Thomas.
—Sentemonos si —Carolina se sentó junto a sus esposo. Todos nos sentamos. —Tenemos más familia fuera pero ellos estarán por aquí a finales de la semana, vendrán para las fiestas navideñas. Tendrás la oportunidad de conocerlos mejor. —Nos da gusto que estes aquí, Angelique, así Damián no se siente tan solo.
—Si, a mi también me da gusto estar aquí —susurré.
—Tengo un hijo mayor que se llama Gabriel también —me dijo Carolina. Fruncí el ceño porque Damián no me había comentado nada de ese chico—Pero el está en la universidad, casi por salir. Al igual que Kylie, ¿verdad, cariño? —le preguntó a Kayler.
—Si, también podrás conocerlos pronto.
—Tu familia es muy grande. —murmure, mientras Anne y Carolina servían la comida.
—Claro que si. Algún día te contaremos la historia —me guiñó un ojo. Creo que sería una cena muy dinámica. Le di una mirada a Damián porque parece que se había incomodado.
—¿Por qué no me dijiste que tenías otro hermano?
—Porque no vale la pena.
Al parecer Damián y Gabriel no se llevaban bien.
