Propiedad del lobo

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Capítulo 3 Conocerse

Retrocedí lentamente hasta llegar a la puerta de mi casa, el lobo seguía allí afuera. Lo único que hice fue cerrar las ventanas y asegurar las puertas para que ese animal no pudiera entrar. Papá no estaba y era mal momento para que Liana tampoco. Pensé en llamarlo, pero un ruido proveniente de la cocina me hizo saltar del susto en mi mismo lugar. ¿Será que Liana estaba ahí? Avancé hacia la cocina, deteniéndome en seco al ver la silueta frente a mi.

—¿Damian?

Damián se giró y me sonrió de lado. Pero sabía que no era una sonrisa amigable.

—¿Que estás haciendo aquí, como entraste? —lo encare, cruzándome de brazos.

—La puerta estaba abierta —respondió.

—Adivinaré: vienes a decirme que me vaya de aquí —comente en tono aburrido. No puedo creer lo que Damián podía hacer para conseguir lo que quería. No lo podía creer.

Damián suspiró un poco.

—No, ya veo que no lo harás —por alguna razón su mirada pasó a mi cuello. —¿Donde está tu collar? —me pregunta un tanto interesado.

—Hmm ¿para que?

—Se supone que no debes de quitártelo.

—¿Por qué te interesa? —cuestioné. Damián pareció captar lo que me estaba diciendo.

—Tienes razón: no me interesa —se acercó—Jamás había conocido a alguien como tú —murmura rodeándome. Me sentí como un animalito indefenso siendo rodeado de su agresor—Tu pelo naranja, esas pecas que resaltan en tu cara, tu piel pálida... y tu olor... es diferente y extraño.

Pensé en que no era tan diferente que se diga, Monique existía y era igual a mi, en realidad era mucho mejor que yo, por eso los chicos la elegían. Estoy segura de que si Damián la conociera la eligiera a ella. Así que no me sentí especial y menos importante con las palabras que me dijo.

—Estoy segura de que no es así —musité.

—¿Lo dices por tu hermana gemela?

Lo miré de inmediato.

—¿Como sabes sobre Monique? ¿Acaso la conoces?

Damián tenía ojos muy negros, parecían la noche, la oscuridad. Sin embargo, aún podía ver su pupila dilatándose mientras me veía. Era más alto que yo, más fuerte obvio. Su piel era bronceada pero no tanto, pude notar un pequeño tatuaje de un árbol en su hombro izquierdo, cayendo un poco a sus bíceps.

—Claro que la conozco. ¿Creíste que no investigaría la vida de la persona que se mudó a Mi Pueblo?

—¿Tu pueblo? —casi reí—¿Tu lo fundaste o que?

—Digamos que es una herencia.

—Estas loco. —quise salir de la cocina pero Damián me tomó de la mano, haciendo que nuestros rostros quedaran muy cerca.

—¿Me dejas besarte?

Me sorprendí por su pregunta, ¿estaba borracho? ¿Se había fumado algo? Porque definitivamente no era normal que me dijera eso si apenas me conocía o a menos que... esté jugando conmigo.

—Claro, hazlo —le seguí el juego. Lo que no vi venir fue las manos de Damián en mi cara y después sus labios en los míos. Fue tan rápido que no me dio tiempo de reaccionar y menos de apartarme. Damián me estaba besando, sus labios estaban fríos, sus manos tibias. Cerré mis ojos y me dejé llevar por el beso, busqué su cabello con mis manos y tiré un poco de el. No sabía que demonios estábamos haciendo pero me gustó, si, Damián me acercó a la isla de la cocina, tomó mis glúteos con sus manos y me subió allí con facilidad. Fue excitante la manera en que me tomó de mis glúteos. Enroque mis piernas en su cintura, atrayéndolo más a mi. Si Damián estaba besándome apasionadamente significaba que le gustaba, entonces no entendía el por qué de su insistencia en que me fuera.

—Por más que quise evitarte no pude —me dijo entre el beso—Estás destinada a mi y por desgracia no lo puedo cambiar. —volvió a besarme. No entendí nada de lo que me dijo pero lo ignoré un poco. Sentí algo cuando dijo estás destinada a mi. Jamás en la vida alguien me había dicho algo igual, ni siquiera para ligar conmigo o de mentiras. Se sintió bonito. Me dejé llevar por Damián, no lo conocía pero me hacía sentir bien, es más, sentí como si lo conociera desde siempre.

—No sé por qué hacemos esto —le dije, separándome.

—Déjate llevar —me dio un beso corto—Todo eso que sientes ahora —otro beso—confusión, sentimiento de conocerme toda la vida —otro beso—es normal —otro beso—un día lo entenderás. —otro beso—ahora si tú quieres —me miró a los ojos—si me lo permites... quiero empezar a tratarte, ¿me aceptas? —Damián hablaba medio sofisticado, decía cosas muy de hombres respetuosos. Pensé que su madre lo había criado muy bien.

—¿Tratarme... como tener citas?

Damián asintió.

—Si, tratarte. Venir a tu casa, salir juntos para que me conozcas mejor.

Fruncí un poco el ceño, no entendía el interés repentino de Damián hacia mi. Hasta hace poco se portaba mal conmigo y me decía que me fuera de aquí y ahora viene, me besa y quiero empezar a salir conmigo.

—Espera... —lo empujé con mi mano—... ¿es una broma? ¿Están tratando de jugar conmigo?

Damián pareció no entender.

—¿De que hablas? Solo quiero tratarte. Me interesa, Angelique... —acarició mi cara.

—Pero si tienes novia —me quité de la isla y me aleje un poco de él.

—Hmm técnicamente no somos novios.

Lo miré con aburrimiento.

—¿En serio?

—Si. Si quieres puedo hablar con tu padre o lo que sea, solo déjame estar contigo.

Me sentía insegura, demasiada amabilidad de su parte era muy sospechosa. O simplemente desconfiaba de todo mundo a este punto de mi vida.

—Pues... —me llevé un mechón de pelo detrás de mi oreja—... no es necesario que hables con papá, yo lo haré. Si quieres acercarte a mi como amigos —hice énfasis en la última palabra—estaría bien. Podemos empezar a tratarnos.

Damián sonrió de lado y me besó nuevamente.

—¿Quieres ir al lago conmigo?

—¿Ahorita? —quise saber. La noche caería pronto.

—Si, ahorita. —me tomó de la mano llevándome para la puerta de la cocina—Es bueno salir a caminar por las tardes. Siempre lo hago.

—Está bien. Vamos.

—Y dime, ¿qué te hizo venir acá? —me preguntó cuándo salimos y empezamos a caminar por el bosque.

Me tensé en ese momento, si Damián supiera que intenté separar a mi hermana del chico que le gustaba porque yo estuve obsesionada con el... no es un buen inicio de conversación y menos cuando conoces a alguien. Damián es guapo, muy atractivo.

—Hmm quise estar más tiempo con papá ya que casi no lo veo. Lo echaba mucho de menos y ahora que me quedaría sola en casa fue buena decisión venir.

—Sí, lo fue —murmuró no muy convencido. Damián me llevaba de la mano, estábamos llegando al lago. Tenía un color bonito el agua, producto del atardecer.

—¿Siempre has vivido aquí? —pregunté para hacer plática ya que Lana me había dicho que si.

—Si, toda mi vida. No me veo yéndome para otro lado como tú.

—Hmm eso es bueno, al menos tienes a toda tu familia contigo. —señale a unas personas que andaban por su casa. Solo veía el movimiento, no las caras.

—Si, supongo.

—Cuéntame de ti. —me senté en la roca—¿Tienes hermanos? ¿Tíos?

Damián se sentó frente a mi, sonriendo de lado.

—Tengo dos hermanas, una mayor y la otra menor. Kelsey es la mayor y Cristine la menor. Tengo tíos, no viven aquí si. Alejandra y Will. ¿Tu?

—Solo tengo a Monique, no tenemos más familia aquí. Solo somos nosotros tres.

—Eran. Ahora tienes a Liana y Lana.

—Ellas... bueno, Liana solo es la pareja de papá.

Damián frunció el ceño.

—¿No se habían casado? Digo, hace poco hubo una boda en el pueblo y según escuché se casó tu padre con Liana.

Me quedé sorprendida ante lo que Damián había dicho, ¿mi papá se había casado? ¿Por qué no nos dijo nada? Ni siquiera nos invitó a su boda. Me sentí confundida en ese momento.

—Seguro estás equivocado.

—Quizás. No me hagas mucho caso.

—¿Damián? —una voz femenina lo llamó. Era una chiquilla, tez blanca, cabello amarillento. Era muy bonita.

—¿Que quieres, Cristine?

—Mamá te está buscando, se nos hace tarde para la cena con tía Anne.

Lo miré. Se le había olvidado mencionarme a esa tía.

—Está bien, voy en seguida.

—Claro.

La Niña me dio una mirada rápida seguido con una sonrisa y se fue por donde vino.

—Tu hermanita es muy bonita —le dije, era la verdad. —Pero no me contaste sobre tu tía Anne.

—Porque solo es amiga de mamá, la mejor amiga —se puso de pie. —Te veo después —se acerca, inclinándose a mi. ¿Piensa besarme? —¿Como quieres que me despida a partir de ahora: beso en la mejilla o beso en la boca? Tu decides.

—No te sabría responder a eso. Decide tu.

Damián no dudó ni un momento en besarme en los labios. Lo tomé de la cara atrayéndolo mas a mi. Damián se acercó, acariciándome mi pelo. Se sentía bien, repito que es como si ya nos conociéramos. O simplemente estoy necesitada de afecto, por eso actúo así. Damián me tomó de mi cintura haciendo que me quitara de la roca para luego sentarse el, me hizo engancharme al rededor suyo, sentándome encima. No nos dejábamos de besar. Damián acarició mis glúteos, apretándolos. Se sintió bien. Como instinto o como respuesta empecé a hacer movimientos lentos encima suyo. Cada movimiento que hacía me excitaba más. ¿Por qué me pasaba esto con Damián? ¿Que tenía este chico que me hacía sentir diferente desde el primer día? ¿Por qué dejaba que me besara y que me tocara como si toda yo fuera suya?

—Angie... —susurró entre el beso. La noche había caído por completo. Me olvidé de todos a nuestro al rededor, ahora nadie nos podía ver. También me olvidé del lobo, de que pueda andar por aquí. Esta sensación con Damián me gustó—No pares... —susurró. No paré, seguí moviéndome encima suyo a pesar de que estábamos vestidos. Era increíble. Damián me apretó los glúteos mas fuerte.

—¿Por qué no quiere que pare? —quise saber.

—Porque te deseo.

Ver la chispa en sus ojos afirmándome que me deseaba me alentó a seguir y hacer lo que hice después, quizás piensen que soy una fácil pero fue algo que no planeé, simplemente sucedió.

Damián me quitó la camisa, desabrochó mi brazier. Me quité el pantalón, las bragas quedando desnuda ante sus ojos. Damián también se quitó su ropa, me hizo acostarme en la arena y el se puso encima mío. Acarició mis pechos y los lamió, metió sus dedos en mi vagina, bajó su boca hasta ella y la lamió. Una oleada de placer me invadió desde la cabeza hasta los pies, esto se sentía increíble. Me lamia mi vagina mientras me acariciaba las tetas.

Damián me besó de nuevo, esta vez puso su miembro encima de mi vagina y lo rozó. Uf, era increíble. Apreté sus músculos con mis manos, enterándole mis uñas. Damián por fin metió su pene dentro de mi, primero empezó suave... me abrí de piernas, sosteniéndolas con mis manos. Damián me tomó del cabello y tiró un poco de él. La metió una y otra y otra vez. Damián me puso en cuatro, dándole la vista de mi trasero, siguió metiéndola una y otra vez hasta que acarició mi cara.

—Angie, solo quiero que sepas que después de esta noche serás mía. No podrás pensar, no podrás sentir algo por nadie más porque te marqué, eres mía —me susurró—¿Lo entendiste?

—Si —asentí, dejándome llevar por el deseo—Solo tuya.

Damián me puso de frente de nuevo, besándome y dándome suave y duro. Ahogue mis gemidos para evitar que alguien escuchara.

—Lo supe desde que te vi —añadió en mi oído—Supe que eres mía, que soy tuyo. —dio más rápido y más rápido hasta el punto en que ninguno de los dos aguantó, simplemente tuvimos nuestros orgasmos a la misma vez, sabiendo que Damián había terminado dentro de mi.

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