Capítulo 2 Sueño
Lana me llevó primero a los carritos chocones, nos montamos y estuvimos quizás media hora jugando a atropellar a los demás. Luego nos fuimos a la montaña rusa, estuvimos gritando por lo alto que era. Después fuimos a la rueda enorme. Estaba súper alta, me dio cierto temor. A mi mente se vinieron imágenes de un posible accidente. Iba a dar un paso para seguir a Lana pero alguien me empujó.
—Fíjate por dónde vas —le espeté. La chica se giró a mi, con aires de grandeza. Era esa chica Lara. ¿Donde habrá dejado a su novio?
—¿Escuchaste que alguien me habló? —le preguntó a su amiga, haciendo como si yo fuera invisible.
Son unas idiotas.
—No, aquí no veo a nadie —le respondió ella.
—Escuché como un zumbido de un bicho raro nada mas.
Las dos estallaron en risas. Sentí enojo en ese momento pero me contuve, no dejaría que la Angelique de antes saliera a la luz. Prefería ignorar a esas dos estupidas. Se dieron media vuelta para hacer fila. Avance un paso pero alguien se puso a la par mía. Miré a la persona junto a mi, el chico alto del lago.
—Damian —murmuré su nombre. Damian me miró, cara inexpresiva como siempre.
—Sigues aquí —fue lo que me dijo.
—¿A donde más podría ir ?
—Digamos que podrías volver al lugar donde perteneces —me guiñó un ojo, me hizo sentir tan mal que me sentí no querida. Sentí que tampoco me querían en Lewiston. Me detuve en seco y salí corriendo de ahí.
Dios, andaba tan sensible últimamente. No quería soportar los desprecia de Damián y menos las burlas de Lara y sus amigas. Corrí hacia mi coche, donde no había nada más que autos, tenía tanto dentro de mi que había evitado sacar, furia, dolor, tristeza, decepción. Marque el teléfono de mi hermana, era nuevo número así que no sabría qué era yo. Contestó casi al momento:
—¿Bueno?
No respondí nada, solo quería escuchar su voz un momento, quería decirle que estaba arrepentida, que me perdonara, que quería que todo volviera a ser como antes entre nosotras. Pero sabía que no era tan fácil, mi hermana me perdonaría, lo sé.
Corté de inmediato, recostándome en el capo de mi coche. Estaba oscuro, a lo lejos se escuchaban los gritos de las personas. En realidad eran gritos más fuertes, como caos, me pareció extraño. Corrí hacia la entrada para ver qué pasaba, todos venían saliendo muy a prisa. A lo lejos pude ver cómo se desprendían cosas de la enorme rueda.
—No puede ser. Lana —corrí esquivando a las personas en busca de la chica. Era todo un caos, habían algunos cuerpos en el piso. Avancé pero unas manos me detuvieron. —Suéltame —le dije a Damián.
—Contrólate —me dijo—todo está en tu cabeza.
No entendí a qué se refería.
—Cierra tus ojos —con su mano hizo que mis ojos se cerraran. El ruido de la gente era menos, sus gritos se perdieron en la oscuridad. Cuando abrí los ojos estaba recostada en el capo de mi coche con el celular en la mano pero ahora Damian estaba aquí.
—¿Que demonios está pasando? Lana... —empecé a decir algo desorientado.
—Lana esta bien, relájate —me dijo.
—Pero... ¿tu? La rueda... los cuerpos en el piso. ¿Que está pasando aquí? —lo miré con terror. ¿Como había sido posible eso? ¿Como había pasado? ¿Que estaba pasando? Sentía que me estaba volviendo loca, más loca de lo que ya estaba. Mi mente, mis pensamientos estaban fuera de si. —¿Estaba soñando de pie? Estabas ahí, ¿como es posible que nada hubiera sido real?
—No lo sé, simplemente vine a buscarte y estabas con los ojos cerrados, balbuceabas cosas. Yo solo traté de despertarte.
Qué vergüenza.
Jamás me había pasado algo así.
Algo había cambiado en mi, lo podía sentir.
—Qué extraño. ¿Y que haces aquí? ¿Para que venías a buscarme? ¿Para seguirme diciendo que me largue de este maldito pueblo?
Damian suspiró profundo.
—Lo mejor sería que te fueras, niña.
—Tu no eres el dueño —abrí la puerta del coche.
—Es por tu bien, Angelique, después no digas que no te lo advertí.
Me adentre, ignorando a Damián por completo. ¿Quien en su sano juicio ignoraría a Damián? Un chico sumamente atractivo pero su carácter era difícil, complicado. Encendí el coche y arranqué, volviendo por esa carretera oscura. No iba ni a mitad del camino cuando el coche empezó a hacer un ruido extraño.
—No puede ser —murmuré, el coche se fue apagando poco a poco. Empezó a salir humo del motor. —Mierda.
No quería salir, ha decir verdad me aterraba salir de mi coche pero no me podía quedar aquí. Busqué mi celular para llamar a papá pero no había señal. Típico de las películas de terror, cuando se necesita llamar a alguien no hay señal o el celular está descargado. Genial. Me armé de valor y salí, esperando que no aparezca nada extraño. Abrí la tapa del coche, no sabía nada de mecánica. ¿Que hago? En medio de la nada, sin celular, sin coche, a oscuras. Que mala suerte la mía. Tomé el celular, intentando buscar señal, sin embargo, me quedé de piedra al escuchar un aullido un poco cerca. La feria no está tan lejos y a diferencia de mi casa me sale mejor volver. Aseguré el coche y empecé a caminar por la carretera con la linterna de mi celular. Mientras más me alejaba del coche más desprotegida me sentía.
Llegué a la feria con facilidad, empecé a buscar a Lana por todos lados hasta encontrarla platicando con Luka.
—¡Lana!
—¿Angie? Pensé que te habías ido.
—Si, pero mi auto se averió a medio camino y me salió mejor venir hasta acá.
—Lo siento. Luka, tenemos que ir a dejar a Angelique.
—Con gusto —Luka pasó su brazo alrededor de mi cuello. Nos dirigimos a su coche, buscando la salida. Al parecer las amigas de Lana ya se habían ido. A mi mente vinieron las imágenes de ese sueño extraño que tuve cuando estuve en el coche. Pareció tan real. No se que me pasa, estoy volviéndome loca y viendo imágenes que no son reales. Me pregunto si todo lo demás había sido real. El lobo y eso. Damian... Damian sabía lo que me pasó, estuvo ahí, sentí que fue real su toque cuando vi todo ese desastre.
Nos subimos al coche de Luka y este arrancó.
—¿Harry está en casa? —me preguntó Luka.
—Si, lo estaba.
—¿Mi madre no estaba ahí o si?
—No, ya se había ido.
—¿estás bien? Te noto extraña —me preguntó Lana.
—Si, lo estoy.
—Te vi hablando con Damian cuando estaba a punto de subirme al juego, pero después te fuiste corriendo ¿que te dijo? No pareces del tipo de chica que se deja amedrentar por los demás.
—Damian quiere que me vaya del pueblo —confesé.
—¿Que? —fue Luka quien pareció desconcertado. —¿Por qué qurria Damián eso?
—Si, no entiendo su punto. Además apenas te conoce.
—No lo se, eso fue lo que me dijo y la verdad me hizo sentir muy mal. —me abracé a mi misma.
—Tranquila, Damián ni nadie puede hacerte daño. —murmuró Lana, mirando de paso a su hermano.
—No entiendo por qué me lo haría. No nos conocemos y no le he hecho daño a nadie. Apenas vine ayer a este pueblo —les dije. Pasamos por donde estaba mi coche y Luka se estacionó más adelante.
—Esperen aquí, arreglaré tu coche —nos dijo, bajando de la camioneta.
—Damián es un chico un poco prepotente, se cree dueño de todos y de todo pero no es malo, es solo que... así es su sangre, es decir, así son en su familia.
—Ya pero dile que me deje en paz.
—Casi no nos hablamos, trato de no relacionarme con ellos. Luka es quien se la pasa con el, son amigos.
—Entonces dile a Luka que le pase el recado porque no quiero tener problemas con nadie aquí.
Lana pareció entender. Minutos después Luka apareció.
—Tu auto ya está listo.
—Me iré a casa entonces, nos vemos después, Lana —me despedí de ella bajando del coche—Gracias, Luka.
Avance hacia mi coche y entre. Si, encendía. El auto de Luka retrocedió y volvió por donde vino. Arranqué, yéndome por fin a casa.
•
A la mañana siguiente no me quería levantar de la cama. Me sentí cansada, con mucho sueño. Pero las gallinas de papá empezaron a hacer ruidos y no me pude dormir más. Revisé mi celular, tenía los mismos mensajes de antes. No quería responderle a nadie de mi antigua preparatoria. Me tenía que acostumbrar a estar sola, tenía que hacerme a esta vida aunque no me gustara mucho. Me levanté con pereza y fui a ver por la ventana. Papá estaba dándoles de comer a las gallinas. A lo lejos veía el lago. El día estaba medio soleado.
Fui al baño y me duché, sintiendo el agua tibia recorrer mi cuerpo. Me toqué el collar, me dieron ganas de quitármelo porque no era mi estilo, además de que no creía que me protegiera. Lo desabroché y lo dejé encima de la toalla. Salí de la ducha, busqué algo de ropa cómoda para pasar el día: pantalón flojo, camiseta corta de tirantes.
Cuando bajé a la cocina me sorprendió ver a Liana aquí, estaba haciendo el desayuno.
—Buenos días, ¿como dormiste?
—Bien, gracias. Hmm ¿dormiste aquí? —quise saber.
—No —me sonrió—a veces le cocino a tu padre mientras está trabajando.
—Entiendo.
—El desayuno está listo, siéntate por favor.
Me senté, sintiéndome un poco incómoda. Estaba acostumbrada a la compañía de mi padre nada más, que el me diera el desayuno, que desayunáramos solo los dos. Papá entró por la puerta de la cocina.
—Buenos días, cariño, ¿qué tal dormiste?
—Bien —respondimos Liana y yo al unísono. Papá pareció un poco confundido.
—Pues que bueno por las dos.
Si, me pareció un poco incómodo. Supongo que mi padre también le dice cariño a Liana pero él nos dice así a Monique y a mi desde chiquitas, desde que tenemos uso de razón. Así que ese sobrenombre es solo mío, lo siento, Liana.
La celosa Angelique estaba apareciendo de nuevo, es solo que siempre he sido así con mi padre. Tomé mi café tranquila mientras me comía el huevo entero con tocino.
•
Por la tarde salí un rato al jardín trasero, regué las plantas e incluso planté unas flores amarillas que había traído papá. Estuve bastante distraída que no me di cuenta de que la noche caía lentamente. De este lado de la casa había una cerca para proteger al jardín de los demás animales así que me sentía un poco segura. Mi padre me había dicho que esta noche le tocaba turno pero no quería dejarme sola, me preguntó si Liana podría acompañarme pero le dije que no, que estaría bien sola para poder acostumbrarme. Tenía ganas de comer pizza, me levanté del césped y tomé la canasta con las cosas del jardín. Cuando elevé mi vista al bosque me quedé de piedra al ver al enorme animal que estaba a tan solo unos metros de mi. Era el mismo lobo de las otras veces, sus ojos estaba solo en mi, como si viniera solo por mi. Solté la canasta y retrocedí con cuidado, a pesar de que había una cerca en este lado sabía que eso no era impedimento para que el lobo pasara y me comiera.
