Capítulo 4 Tres
Al otro día llego tarde a mi primera clase, algo comprensible dado que me quedé dormida mientras soñaba con pingüinos rosados que visitaban la universidad. Maldita sea, ahora que entro al salón soy el centro de atención. El profesor pregunta mi nombre para pasar lista y me manda a sentar atrás.
―Señorita ―¿ahora qué quiere este?―. Los junté en parejas para que entreguen un trabajo, su compañero es Tristán Diener.
¿Trabajos en equipo? Es lo peor, se rompen amistades con eso y si le agrego el apellido me queda claro que tengo mala suerte. Sabía que debía enviar a diez personas esa cadena que me llegó por correo para evitarme los diez años de mala suerte.
Por favor, que no sea el rubio.
―Soy Tristán.
Dice una voz grave y de tono hostil. Increíble, es el rubio. Quisiera decir algo, pero se me corta la respiración cuando lo veo recorrerme con la mirada de arriba abajo.
―No eres la compañera ideal para practicar Anatomía.
El salón no irrumpe en carcajadas como si estuviéramos en la preparatoria, pero escucho las risas bajas de dos compañeros cercanos.
¡Hijo de la gran puta! No tengo el mejor cuerpo, pero me considero bonita, gracias.
―¿Fue una intento de ofensa? ―tomo asiento sin mirarlo―. Supongo que tu creatividad está por debajo del promedio.
Mi atención se centra en el pizarrón por el resto de la clase, llegar tarde el primer día no me define como estudiante. Aun poniendo atención es difícil, sé que la materia no es pan comido, pero no creí que fuera tan complejo; es mucha información.
Los últimos cinco minutos son para reunirnos con nuestra pareja y discutir sobre el estúpido proyecto. El profesor intenso quiere que hagamos un modelo de cuerpo humano con las venas, arterias, vasos linfáticos y nervios más importantes.
―Tenemos dos meses para hacerlo ―comienza Tristán―. Quiero pensar que es suficiente tiempo para hacerlo.
―Si insinúas que no tengo la capacidad ―le lanzo una mirada irritada―, te equivocas. Tú eres el poco creativo.
Sus ojos reflejan una mirada carente de emoción, parece que ni está vivo, qué miedo.
―De una vez te advierto que no aceptaré menos que un diez, si algo llega a ocurrir...
―Mira, campeón ―lo miro de arriba abajo, ahora sí me enojé―. Estoy jodida porque me tocó estar contigo, está bien, pero no voy a aguantar tus intentos fallidos de ofensas. Así que mete tus palabras por donde te quepan y cuando quieras hablar profesionalmente, lo hacemos.
Y me largo de ahí. Lo atractivo se le quita cuando abre la maldita boca.
La última clase del día se trata de Geometría Analítica, ahí conozco a Raquel, una chica de ojos color miel y sonrisa amable. En cuanto me siento junto a ella, me hace la plática. Es alegre y vivaz, me cae muy bien.
―Se supone que estudio Leyes ―comenta mientras salimos del aula―, pero la verdad estoy en Ingeniería. Es mi secreto.
―¿Qué tipo de Ingeniería?
―Civil ―sonríe y alza la mano por encima de su cabeza, como si fuera porrista―. Voy a construir una autopista que atraviese el país y será hermosa.
¿Qué hace alguien que entrará el próximo año a la licenciatura en medicina tomando Geometría con el tronco común de Ingeniería? Ni idea, supongo que quien hizo el plan de estudios de la universidad estaba drogado cuando lo redactó.
La mayor parte del día lo paso con Raquel quien me acompaña a hacer las compras. Ella no vive en la residencia, pues desde su nacimiento ha vivido en el pueblo; su casa está a veinte minutos de camino, dice que la ventaja es que no tiene que cocinar porque su padre es experto en la comida. Incluso me invita a comer algún día que tenga libre y así podemos hacer ejercicios de Geometría juntas.
Por primera vez desde que llegué a Yesca, siento que el semestre no será un martirio.
Más tarde, llego con los alimentos y los guardo en una alacena pequeña en la cocina, no es que piense mal de las compañeras, pero la cierro con candado. Más vale prevenir que lamentar y sí lamentaría ver que mi comida ha desaparecido misteriosamente.
El resto de la semana transcurre tranquilo; las clases son monótonas, livianas y al ser la primera semana, no dejan tanta tarea, Giuli trata de socializar conmigo, pero es muy extrovertida para mi gusto, prefiero pasar tiempo con Raquel, somos más afines.
Y entonces llega el viernes y como una tormenta, pone de cabeza mi vida.
Metí dos clases con Juan Pablo, una era Bioética, esa sí es útil para mí, pero la di de baja porque puedo cursarla intensiva intersemestral, pero la otra es una optativa y como en primer año metí ninguna, tengo que cubrir esos créditos o me atrasaré. Se trata de Pintura en lienzo, no puedo creer que la metiera por mi ex.
Para mi pésima suerte, al intentar entrar al aula, me raspo con el marco metálico de la puerta y salto debido al dolor. La buena noticia es que apenas me hice un raspón leve, sale poca sangre; la mala noticia es que colisiono con alguien que suelta un quejido de desagrado. Me volteo para pedir disculpas y me encuentro de frente con Marlene Diener.
Me mira como si fuera una cucaracha que ansía pisotear. De frente es mucho más hermosa aun con la mueca de desagrado pintada en el rostro. Y los ojos... Tiene heterocromía, un ojo es color verde esmeralda y el otro es café, si fueran cuchillos, ya estaría muerta.
Pasa de mí después de hacerme sentir como escoria. La golpeé por accidente, pero ahora me siento como la peor persona por haberle causado molestia. Ay, bueno, ni fue para tanto.
Aparte de tener que tomar clase con mi ex, tendré que tomarla con una Diener. Hoy es mi día.
Juan Pablo entra al salón sin mirarme, sabe que estoy ahí, pero finge que no. Maldito idiota, lo mandé a la mierda, pero su indiferencia me hiere. Está un par de lugares atrás de mí, junto a él hay un espacio vacío y después está Marlene; solitaria y con cara de tener mierda bajo la nariz.
Y entonces ocurre lo imposible: A Marlene se le cae el lápiz con el que dibujaba las líneas que nos dejó el profesor y rueda hasta el lugar de Juan Pablo. Mi ex se da cuenta y se agacha para recogerlo, voltea a ver a Marlene y se lo ofrece. Juraba que ella le haría el feo y rechazaría el lápiz porque ¿cómo sus regias manos tocarían algo que estuvo en las manos de alguien de la plebe? Pero la chica le dedica una sonrisa encantadora y le agradece, cuando toma el lápiz, incluso se avienta a tocar la mano de Juan Pablo quien la mira embelesado.
