Pequeña Pervertida

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Capítulo 8 8. ¿Por qué no quería eso?

—Como puedes ver, no es como las demás —Antonio mira a Vittorio —. Ella es virgen, nadie la ha tocado desde que llego aquí, por esa razón la he guardado para ti —el rubio sonríe abiertamente.

El CEO vuelve la vista hacia ella, le da otra calada a su cigarro y es cuando nota que ella no levanta la mirada. Nunca se había involucrado con una de las mujeres de Vittorio, de hecho, no le agradaban las putas.

Pero ella…

Frunce el ceño puesto que le causaba intriga. Mira sus ropas, debía de ser muy pobre y necesitada para buscar empleo en la casa de Vittorio. Pero no aparentaba ser una de esas mujerzuelas.

—Levanta la mirada—musita entre dientes Isabella y es cuando Bianca alza la mirada.

Cuando ella ve a aquel hombre ante ella sus ojos se agrandan un poco.

Antonio mira los ojos de esa chica y se queda helado, eran tan azules como cielo. Y esa cara de niña ingenua era muy atractiva, realmente ella era como una extraña joya. El CEO vuelve a fumar su cigarro, luego suelta el humo.

—¿Así que es para mí? —apaga el cigarro sobre el cenicero.

—Toda tuya…—Vittorio la agarra por el brazo para acercarla a él bruscamente.

En cuanto Bianca queda a pocos centímetros de ese hombre puede notar que sus ojos eran más oscuros que la misma noche, realmente daban miedo. Y no solo ella le temía, hasta el miso imbécil que la empujo a los brazos de ese hombre le atemorizaba.

Antonio mira hacia abajo, era una joven muy baja de estatura, su pelo rubio era muy largo, aunque algo maltratado, y aquellos carnosos labios eran bastante tentadores y provocativos. El CEO relame sus labios y hace amago de posar su mano sobre la mejilla de ella.

Pero justo en ese instante percibe que una lagrima pensaba asomarse en los ojos de ella y eso lo detiene en seco.

—Tengo una habitación especial para ustedes dos, estoy seguro que querrás pasártela en grande. Preparare champaña para ambos, y…

—¡Cállate! —dice mirando a la rubia ante él—. Ella se ira conmigo.

—¿Qué?

Vittorio no esperaba que su jefe pidiera llevársela, la verdad es que pensaba quedársela. Luego de que Antonio la usara esa noche ella pasaría a su cama. y de allí la dejaría trabajando en el negocio, pero ¿llevársela? 

—¿llevártela? —sonríe con burla —. ¿Cómo que llevártela? ¿A dónde? Si la llevas a algún hotel, ya te dije que aquí estarán muy cómodos, nadie los va interrumpir.

—No me la follare en tu asqueroso antro —dice aun mirando a la rubia quien no le quitaba los ojos de encima —. Es un obsequio ¿no? En ese caso, me la llevare y no te importa a donde.

Isabella mira a su jefe, luego a Bianca y luego al sujeto que se la iba a llevar. Las chicas le contaron que ese hombre era muy malo, siempre hablaba mal de todas ellas, y decían que Vittorio le tenía mucho miedo.

La joven castaña sintió pena por esa joven, seguramente no pasaría de esa noche.

—No, claro que no…—aprieta la mandíbula al mirar a la rubia, no le agradaba que Antonio se la llevara, pero ¿Qué demonios podía hacer?

El CEO mira a la chica quien palideció de un momento a otro, la sujeta por el brazo y la hace avanzar al mismo tiempo que él.

Vittorio se hace a un lado mientras que ve como se llevan a la mejor joya de su baúl.

—Maldita sea, maldito Antonio…

[…]

Antonio camina a la salida con aquella chica perezosa. Prácticamente la estaba arrastrando, sin embargo, no pensaba liberarla. En cuanto llegan a la salida traen su coche de inmediato y camina con la chica hacia el mismo.

Hace amago de meterla en el auto, pero ella se niega. Él la ve con el ceño fruncido.

—Entra—le ordena con voz ronca y es cuando ella lo mira y niega mientras que lo mira con odio. Su respuesta lo saca de quicio —. Entra en maldito coche.

Ella seguía negando al mismo tiempo que empieza a llorar y aquello si no lo soportaba, tensa la mandíbula al punto de que los huesos se le marcaban en la cara. Abre la puerta del coche bruscamente y en esa fracción de segundos ella se le escapa.

Pero no va muy lejos ya que él la sujeta por la cintura envolviéndola con fuerza.

—¿A dónde demonios crees que vas? 

Oye como esa mujer empieza hipear como chiquilla al mismo tiempo que forcejea para liberarse de él… Antonio alza su cuerpo del suelo y con facilidad logra meterla en el interior del coche para terminar cerrando la puerta de un solo portazo.

—Maldita sea, ¿Qué demonios es?

Al entrar en el coche la rubia salta sobre él para empezar a golpearlo, como puede lograr sujetar las muñecas de ella para impedir que siguiera agrediéndole.

—Quédate quieta, maldita sea, me estas cabreando…

—Déjame irrrr…—dice entre lágrimas.

—¡Ah! ¿Sabes hablar? —le dice al mismo tiempo que la regresa a su asiento.

Pero esa mujer no se quedaba quieta por ende no iba a poder conducir con ella toda histérica a su lado.

—Maldita sea contigo…

—Dejameeeee…

Vuelve a bajarse del coche, como puede saco a la rubia del coche y abre la maletera. La carga con un solo brazo y la lleva hasta la parte de atrás del coche.

Bianca al ver que la llevaría en esa cajuela se tensa y se pone más intensa que antes, sabía que no estaba bien ponerse con esa actitud, pero si la iban a violar y luego asesinar era mejor luchar hasta el final y morir con virtud.

—Noooo, miserable maldito, suéltame. Eres un patán, no vales nada.

Antonio mete su cuerpo en la maletera y suspira, siente que su sangre hierve en ese preciso momento. Pone las manos en puño sobre la parte trasera del coche mientras que oye a esa rubia insultarlo hasta morir. 

No se veía tan agresiva allá dentro, en cuanto salieron se convirtió en otra. Por otro lado, estaba a tiempo de dejársela a Vittorio y que hiciera con ella lo que quisiera.

Pero… ¿Por qué no quería eso?

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