Pasión en Bali

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Capítulo 7 ¿Una leona azul?

Nuevamente esa terrible vibración me hace salir de mis sueños, abro los ojos mirando oscuridad borrosa y difusa hasta que logro aclarar mi vista y levantarme ya que al parecer me quedé dormida sobre el sillón, me estiro un poco notando que una deliciosa ráfaga de viento caliente se cuela desde la terraza, ya que, dejé la puerta abierta, genial Ana Laura , pudieron haberte robado y tú ni enterada, me levanto con cuidado hasta que logro encontrar las luces las cuales enciendo viendo que todo está hecho un desastre debido a que saqué mis pertenencias de mis maletas.

Suspiro derrotada, yendo hacia el comedor de donde tomo mi celular y miro que tengo varios mensajes perdidos de Teresa más algunas llamadas de mis padres, sin embargo, el último es el único que llama mi atención, “Ana Laura , olvidé decirte que el dueño del bar de la playa me conoce, su nombre es Raúl, únicamente dile que soy tu hermana y seguro que te invita un trago gratis, espero que disfrutes tu primer día en Bali”

Por lo que, me arrastro y meto a dar una ducha, ya que, estoy bastante sudada para luego ponerme una bermuda y una camiseta fresca, ya que, aunque es de noche el ambiente sigue tan o más ardiente que en el día, una vez listo salgo nuevamente de la villa sonriendo al disfrutar la brisa marina y ver las olas a varios kilómetros estrellarse contra el acantilado, por un momento miro hacia arriba viendo que evidentemente hay una casa de tres pisos bastante grande y lujosa, la cual tiene unas escaleras que bajan por todo el empedrado del risco hasta la arena de la playa, sí que los dueños deben de tener mucho dinero.

No le presto más importancia comenzando a caminar por la preciosa arena suave rumbo al bar de la playa, que realmente se alcanza a ver a algunos kilómetros más adelante por las luces y demás, un par de minutos más y por fin llego quedándome con la boca abierta al ver lo lindo que es el lugar rodeado de preciosas antorchas, se trata de una linda palapa y todo desde los peldaños, las mesas, el cuadro del centro que funge como barra y demás son de preciosa madera rústica que le da un aspecto a corteza de palmera.

Algunas lámparas chinas caen desde el techo, las cuales iluminan tenuemente dándole un ambiente íntimo y relajado mientras que la música resuena, camino entre muchas personas, ya que, se encuentra totalmente lleno a pesar de que aún no es fin de semana, logro atravesar a la multitud que baila o que simplemente se ríe y convive llegando hasta la barra donde me siento en un banco en una esquina libre.

Inmediatamente miro del otro lado de la barra no solo una colección tremenda de licores sobre bellas tarimas de cristal sobre la pared, sino también  un hombre maduro y atractivo de largo cabello castaño y barba abundante mezclando en algunos vasos especiales lo que parecen ser cocteles, deslumbrando a su público al hacer uno que otro malabar con los vasos hasta que sirve las bebidas en lindas copas, sonrío entretenida con el acto escuchando los chiflidos y demás mientras tomo un par de maníes de los bataneros.

—Hola, jamás te había visto por aquí, ¿Qué te doy?

Volteo viendo frente a mí a un amable hombre de expresión dulce y largo cabello blanco.— Acabo de mudarme a la zona, soy Ana Laura , mucho gusto.

—Ya veo, Ana Laura , qué gusto me da conocerte, yo soy Carmen.

—Mucho gusto, disculpa Carmen, ¿Conoces a Raúl?

—Claro que lo conozco, es mi marido.

Me sorprendo sonriéndole a Carmen quién amablemente me devuelve el gesto.

—Es el barman, el mejor de todos, por cierto.

Me señala al hombre de cabello castaño que ahora destapa un par de cervezas con un cuchillo de paso bebiéndose una y recibiendo en el proceso un manotazo en la nuca por Carmen quién ha ido por él y ahora me lo trae de una oreja como si fuera un niño pequeño que está siendo castigado.

—Deja de beber mientras trabajas Raúl, ya te he dicho que debes ser profesional.

—Lo siento cariño, es que hace tanto calor que se me es inevitable no hacerlo.

—No es pretexto, pero mira, ella es Ana Laura  y estaba preguntando por ti.

—Hola muchacha no recuerdo conocerte, de casualidad, ¿Te atropellé o te debo dinero? Porque si es así no soy el hombre que buscas, me estas confundiendo, sé que mi rostro es inolvidable, pero en definitiva no he sido yo.

—¡Raúl, ¿Haz atropellado a alguien?!

—¿Qué? No, claro que no, por supuesto que no, bueno, no recuerdo claramente en este momento.

El hombre se ríe mientras la pobre Carmen rueda los ojos. — Mi hermana Teresa, vive aquí y me dijo que la conocías.

—¡Ah! ¡¿Teresa es tu hermana?! ¡Haberlo dicho antes! ¡Es la estrella de este lugar!

—¿Eh? No lo sabía. — Raúl se cruza de brazos asintiendo muy enérgico y orgulloso para luego señalarme atrás de él un par de fotos que hay, de al parecer personas famosas que han venido a su bar y entre ellas está Teresa la cual tiene un coco dorado como trofeo que la reconoce y le da el título de estrella del bar, ya que, se ha tomado quince piñas coladas en menos de treinta minutos. Me río avergonzada de mi hermana ebria, quién casi se desmaya en la foto, sin embargo, sostiene su coco con orgullo. — Mañana no se la va a acabar, a partir de mañana le diré Teresa a quién le zumba el coco.

—¡No me digas que vienes a robarle el título! ¡Esto es un reto! ¡Carmen trae más ron que lo necesitaremos! — manda a traer emocionado.

—¡No, no, no! Solo vine a saludar. — trato de detenerlo, pero Raúl se ríe ya preparando una piña colada, la cual, me da para luego guiñarme un ojo.

—En ese caso, esta va por la casa muchacha, diviértete y si estás lista para participar dímelo y yo mismo te prepararé tus bebidas.

—Gracias.— Raúl grita emocionado yéndose con sus demás clientes que ya lo esperan para seguir conversando, bebiendo y demás mientras yo me quedo estática, qué personas para más…enérgica.

—Perdónalo, siempre es así, cuanto más lo conoces, menos raro parece.

Le sonrío a Carmen, quien limpia la barra y cambia los botaneros.— Así que ambos son los dueños del bar.

—Bueno tenemos otros negocios en la ciudad y en otros lados, pero este es el único que atendemos directamente nosotros, es el primero y lo cuidamos personalmente.

—Ya veo.— continuo hablando con Carmen hasta que suena el teléfono del lugar y ella se va a contestar mientras yo miro que la música sube de intensidad al igual que el ambiente, también conforme la noche avanza más gente llega y yo por supuesto me dedico a probar cada bebida que hay, piñas coladas, daiquiris y diez clases más de cocteles todos hechos por Raúl y debo decir que son las mejores bebidas que he tomado en mi vida, embriagantes, dulces y deliciosas.

—Ana Laura , tienes bien gusto, ¿Te preparo el trago más especial del bar? ¿Una leona azul?

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