Pasión en Bali

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Capítulo 5 ¡Me fascina!

—¡¿Bromeas?! ¡Me fascina! — Teresa me sonríe para luego aventarme mis maletas como diciendo “De nada por la ayuda y por la hermosa casa que te he conseguido”, a lo cual me río y la abrazo. — Gracias es simple y sencillamente espectacular.

—Lo sé, aunque no es por presumir, pero mi casa está más bonita, ¿En serio, que no quieres quedarte con nosotros? ¡Los niños estarían encantados!

—Lo siento, Teresa, pero si hay niños no puedo pasearme desnuda por la sala mientras bailo y grito obscenidades a los transeúntes. — me río y mi hermana también lo hace junto a mí para luego pellizcarme la nariz, digo, era eso o decirle que ni loca desayuno, almuerzo y meriendo en la misma mesa que Alan y su mirada que me recrimine gritándome “Solterona que huye de los compromisos a propósito”.

—Es hora de irme, los niños saldrán pronto de la escuela, así que te doy indicaciones rápidas, esta playa la ocupan en su mayoría surfistas pero no son tantos como crees y tu villa es la única que da hacia esta playa más otra residencia que se encuentra en el acantilado, así que puedes ser egoísta y creerte dueña del lugar, Oh y si en la noche te sientes en ánimos aquí mismo caminando sobre la playa hacia la parte este, a un par de kilómetros hay un precioso bar que se llana todas las noches llamado “El Edén” hay música en vivo y el ambiente es genial, los dueños son personas sumamente amables, también…

—¡Demasiada información, es suficiente!

—¡Pero si todavía no te digo donde comprar comida ni otras cosas básicas!

—Vamos Teresa no tengo tres años, con que me digas que muchachos guapos nadarán frente a mi rostro y que hay alcohol a un par de kilómetros me basta para sobrevivir estos días.— mi hermanita se vuelve a reír y a abrazarme para ahora si por fin despedirse e irse dejándome sola, por lo cual, apenas se va, grito como una maldita poseída para literalmente quitarme la ropa hasta quedarme en ropa interior y correr hasta la terraza gritándole al mundo en general.— ¡Por fin soy libre! ¡Por fin sola, carajo! ¡Sin trabajo, sin preocupaciones y sin remordimientos! ¡Todos pueden irse al demonio si así es como lo quieren! ¡¿Me oíste, Nicolás?!

Sonrío orgullosa con las manos en la cintura hasta que escucho una risita que me hace girar y ver como claramente dos personas se ríen de mí, qué lista eres Ana Laura , qué lista y empoderada eres, un larguirucho con sonrisa de piano en traje de baño, cargando una tabla y una chica peliazul de brutales curvas, la cual se cubre la boca para que no vea que se burla de mí ahora casi se cae al piso de la risa por mi escena señalándome sin pena. — Mierda, carajo… tenían que ser surfistas.

—¡Vaya loca desnuda, debes aprender a bailar!

—Shh… no la molestes, ven vámonos, Paula.

La chica se disculpa y lo toma de la mano para luego salir corriendo mientras yo sigo estática, supongo que no debí haber gritado eso pero sinceramente no me interesa, aunque ponerme un traje de baño tal vez no sea una mala opción, digo, por si las dudas, una vez cambiada y bañada en bloqueador solar salgo a la arena bastante determinada hasta que noto lo jodidamente caliente que está, no sé porqué pensé que la arena estaría fría, por lo que, comienzo a resoplar y a correr como desquiciada hacia el mar.

Conforme atravieso la arena suave como talco no puedo evitar sonreír, eso, sonreír, debo sonreír y tal vez conquiste a algún tipo guapo, millonario, toda una fiera en la cama, inteligente… basta Ana Laura , esos hombres no existen o ¿Sí?, ¡Esperen! ¡Yo también quiero un poco de acción!, vuelvo a sonreír hasta que escucho un par de chiflidos, gritos y demás ovaciones de un grupo de chicos a varios metros a mi derecha que hacen girar.

Miro como señalan algo en el mar que nuevamente me hace voltear, en cuanto lo ubico sé por primera vez en la vida que todo tiene un orden y un sentido y que yo estoy aquí en este preciso momento un orden y un sentido, que yo estoy aquí en este preciso momento porque tenía que mirarlo a él y a nadie más que a él.

Trago saliva sintiendo mi corazón latir con demencia, a mil por hora, con brutalidad amenazándome con salirse de mi pecho, mi estómago se contrae mientras mi cuerpo arde no solamente por el sol sino por aquel que acabo de ver, es una atracción que nunca había experimentado antes, literalmente siento cada gota de sudor deslizarse por mi piel mientras mis poros se abren y me estremezco de pies a cabeza por él.

Aquí frente a mí quizás a unos treinta metros mar adentro yace un animal salvaje, no, es un hombre, definitivamente es un hombre, pero más que un hombre parece un dios deslizando entre el agua sobre una tabla, específicamente atravesando una inmensa ola que haría temblar a más de uno, pasa entre ella rozando las barreras con la punta de sus dedos como si fuera su territorio, su cuerpo aún de lejos luce bastante tonificado y musculoso, recubierto por un traje especial negro, sin embargo, todo es perfecto, es como si se fundiera en el océano.

Ya que aparte del mar furioso y el cielo amplio tanto su cabello mojado que vuela como el viento como sus ojos feroces que someten el agua que atraviesa son azules, ¿Quién es él? Aún cuando ya se ha fundido en el agua para sumergirse mi vista no se aparte del lugar por donde pasó, ¿Creen en el amor a primera vista? Yo no, pero si no es amor no sé qué demonios sea porque lo que he sentido en este momento dentro de mí, va mucho más allá del amor, o bueno eso creo.

Ana Laura , veinticinco años, en primavera, y me he enamorado por primera vez, sí, definitivamente estoy enamorada, mírenme, realmente he perdido la cabeza, lo he perdido todo pero mi sonrisa no se borra hasta que de repente un tono musical extraño me hace salir de mis pensamientos, me toqueteo por todos lados hasta que noto que lo que suena es mi celular que vibra desenfrenadamente, ¿Por qué rayos pensé que necesitaría un celular para ir al mar? Realmente he perdido la cabeza, yo no estoy en la ciudad por dios.

Pero en ese segundo que miro quién llama, contesto y demás he perdido al peliazul y aunque lo busco no lo encuentro, no me digas que se ahogó ¡No, por favor!, mi alma descansa cuando lo veo muy a lo lejos juntándose con esos chicos que le gritaban, la que habla es mi amiga Débora quién me pregunta cómo he llegado pero solo escucho su voz en mi oído, ya que, no puedo contestar, más bien las palabras no salen, ya que, continúo demasiada entretenida mirando a ese peliazul que me cautiva con cada mirada que le regalo.

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