No te dejaré ir, esposa mía.

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Capítulo 3 Eres toda una Zorra

El silencio se volvió denso, sus palabras dolieron porque siempre quiso darle un hijo a Vincent, pero cada vez que estaban juntos él se cuidaba, jamás en esos tres años le dio la oportunidad de ser madre, y era obvio que con Scarlett no se había cuidado, por algo hablaba de esa manera, pero no dejaría que ella la humillara en su propia casa así que sonrió de lado.

—Fíjate que yo también quiero lo mismo, hoy le llevé los papeles del divorcio… —cruzó los brazos, manteniendo la calma— y que crees, los rompió.

Scarlett frunció el ceño.

—Eso solo me demuestra solo una cosa… quería Scarlett

Antonella dio un paso hacia ella, acortando la distancia con una seguridad que no había mostrado antes.

—Que no quiere dejarme ir —sus ojos brillaron con una frialdad nueva— porque yo soy su esposa… y tú…

Se inclinó ligeramente hacia ella, lo suficiente para que sus palabras fueran un susurro cargado de veneno. La recorrió de arriba abajo sin disimulo.

—Tú solo eres la amante, una zorra a la que ni siquiera es capaz de mostrar en público.

—¿Cómo te atreves?

Scarlett levantó la mano para bofetearla, pero una sombra se interpuso, sujetándole la muñeca con fuerza.

Ambas miraron. Y ahí estaba él. Esos ojos azules… fríos como el hielo. Miró a Nella y luego a Scarlett.

—¿Qué crees que estás haciendo? —le dijo a Scarlett, sin soltarla.

—Vin… yo… tú deberías estar en la oficina a esta hora… yo solo vine a aclarar lo de las fotos, y Nella no me dejó hablar y me insultó…

—No hay nada que aclarar —dijo Vincent con voz cortante.

Antonella lo miró con asco.

—Deberías decirle a tu amante que conozca su lugar… y que no vuelva a molestarme.

Su voz no tembló. No esta vez, su corazón había dejado de sentir con tanto dolor acumulado.

—O le demostraré que yo también puedo ser una vulgar zorra como ella.

El silencio se volvió denso, Vincent la miró fijamente, su mirada se oscureció, su mandíbula se tensó.

—Con permiso.

Se giró, pero se detuvo un segundo, lanzando la última estocada.

—Ah… y si van a revolcarse, por favor ten la decencia de llevarla a un motel… y no hacerlo donde yo vivo, no quiero vomitar del asco de escuchar cómo se aparean como perros en celo y como grita por puta barata, porque estoy segura que eso es lo que te gusta por algo buscas ese tipo de zorras.

La mirada de Vincent era fría, fija en ella como si quisiera atravesarla, mientras la veía subir las escaleras con esa altivez que siempre la había caracterizado. Sin voltear atrás. Sin quebrarse frente a ellos, aunque por dentro se estuviera cayendo a pedazos.

Vincent soltó la muñeca de Scarlett con brusquedad y se volvió hacia ella.

—¿Qué le dijiste?

— Nada Vin, aunque creo que podríamos salir juntos esta noche, tengo muchos planes para nosotros.

Antonella subió las escaleras y entró a la habitación con el corazón completamente roto, sintiendo que cada paso le costaba más que el anterior, porque tan solo imaginar a su esposo teniendo sexo con Scarlett le revolvía el estómago, provocándole una sensación de asco que se mezclaba con un dolor agudo que atravesó su pecho sin piedad, obligándola a llevarse una mano al corazón como si así pudiera contenerlo, pero era inútil, porque las lágrimas no dejaban de caer, silenciosas al principio y luego imparables, desbordándose sin que pudiera detenerlas.

Se dejó caer sobre la cama, respirando con dificultad, tratando de recomponerse, pero cada recuerdo la arrastraba más profundo, cada imagen era más cruel que la anterior, y entonces escuchó la puerta abrirse en la planta baja, lo que la hizo incorporarse de inmediato, caminando casi por inercia hacia la ventana, como si necesitara confirmarlo con sus propios ojos, como si el dolor no fuera suficiente sin verlo.

Y ahí estaba. Scarlett saliendo de la casa, siendo escoltada por Vincent.

Su esposo, su Vincent al que había amado con la esperanza de alguna vez ser correspondida, aunque fuera un hombre que nunca la miraba con dulzura, que nunca la había esperado, que nunca había regresado temprano por ella, estaba ahí, acompañando a otra mujer con una atención que Antonella jamás había recibido, y el sonido del motor del auto fue lo último que escuchó antes de que el silencio volviera a caer sobre la mansión.

Sus lágrimas no se detuvieron. Su corazón se estaba cayendo a pedazos, se puso una pijama, y tomó su celular y se fue a la habitación de invitados, no pasaría la noche en esa cama, donde seguro llegaría Vincent después de estar con ella, tan solo pensarlo le daba asco.

Se metió debajo de las mantas y entró a una de sus cuentas falsas, miró las redes sociales de Scarlett y ahí estaba, la foto del auto de Vincent que conocía tan bien.

“Él siempre me cuida, ahora me lleva a casa, para que nada me pase, los años pueden pasar, pero el amor sigue intacto”

Luego otra foto, su mano en el manubrio, reconocía perfecto ese reloj, era el que le había dado ella para su aniversario número tres. Ya no pudo resistirlo y dejó su teléfono a un lado y se echó a llorar, tratando de sacar todo ese dolor

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