MI JEFE ES UN PELIGRO

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Capítulo 6 CAPITULO 6

A la mañana siguiente, me despierto por un fuerte golpe y veo que es Dante.

—Levántate, vamos a correr. —¿Qué? Donde corra, moriré al instante.

—No quiero —él me mira con rabia, entonces toma mi brazo y me saca de la cama con fuerza, haciéndome gritar.

—No te pregunté, así que ponte algo cómodo y sal.

—No quiero ir, Dante. Por favor, no me obligues —le digo, casi suplicando.

—¡Haz caso! —¿Qué le pasa? ¿Por qué está así?

Bajo las escaleras ya lista, pero con mucho miedo, ya que el médico me dijo que nada de actividad física, pero no le pienso decir ni una sola palabra a Dante

-Vamos - dice serio. Salimos de la casa y él comienza a correr, pero cuando ve que no lo hago, me toma del brazo y me obliga a correr con él. A medida que vamos corriendo, empiezo a sentirme fatigada y con dolor en el pecho. El sudor comienza a salir y las ganas de vomitar me empiezan a llegar.

-Dante, para, no puedo más

-Dios, Valerie, llevas 2 minutos corriendo - sigue arrastrándome hasta que siento un mareo muy fuerte que me hace caer al suelo.

-Valerie - se agacha y cuando ve mi cara, esta se contrae, - estás muy pálida

-No me siento bien - digo en un susurro. Entonces él me carga y me lleva a la casa, pero cada vez me siento peor. Cuando llegamos a casa, él llama a un médico y en media hora este llega.

-Voy a examinarla - dice el doctor.

-Dante, ¿te puedes salir? - No quiero que se entere

-Ni loco, yo me quedo

-Dante, por favor - suelta un bufido y se va.

-Doctor, tengo una arritmia en el corazón. Estoy en espera de un donante. Dante me hizo correr y bueno, por eso estoy así

-Ya veo, voy a revisarte -El doctor me revisa y efectivamente, mi corazón está débil.

-Te voy a inyectar unos medicamentos para que te ayude a sentirte mejor. Ahora ya sabes, nada de actividades físicas o impresiones fuertes. Tu corazón está muy débil, Valerie, y en cualquier momento puede dejar de funcionar - Cuando dice eso, me lleno de miedo y una lágrima se me escapa. El médico se va y a los segundos entra Dante.

-¿Cómo te sientes?

-Mejor, gracias - Veo que él está serio, pero no me dice nada.

-¿Por qué no quisiste que estuviera en la revisión?

-Porque sí, porque por tu culpa estoy así. Te dije que no quería y tú me obligaste

-Eres una floja -Me lleno de ira y comienzo a llorar.

-¡LÁRGATE! - Siento dolor en mi pecho, así que trato de calmarme. -Vete, Dante, quiero estar tranquila

-Como quieras, yo me voy

-¿Por qué es así? ¿Por qué es tan cruel? - Y así es como rompo a llorar.

Después de estar toda la mañana acostada en la cama, como ya me siento mejor, decido meterme a la ducha y darme un baño largo. A la media hora, salgo y me coloco una falda y una blusa.

Cuando voy a salir, el gorila me detiene.

-No la puedo dejar salir, señorita Jones.

-¿Y por qué no puedo salir? -digo seria.

-Órdenes del señor Giordano -ese hijo de puta piensa dejarme aquí todo el puto día, pues bueno, vamos a ver quién gana.

-Mira, perdón, ¿cuál es tu nombre?

-Zeus.

-Ok, mira Zeus, voy a salir quieras o no quieras, así que no me obligues a utilizar la fuerza -parece que le dio gracia mi comentario, ya que se le alcanza a levantar un poco los labios.

-Lo siento, señorita, pero no puede pasar -miro hacia el techo y suelto un suspiro.

-Bueno, Zeus, que consté que yo te lo advertí -este frunce el ceño y, en un rápido movimiento, le doy una patada en sus partes íntimas, haciéndolo doblar de dolor-. Te lo dije, Zeus

salgo corriendo de la habitación y tomo el ascensor para irme a dar una vuelta. Si Dante pensaba que me iba a quedar en esa habitación, pues está muy equivocado. Salgo del hotel con una sonrisa triunfante y comienzo a hacer un recorrido por toda Venecia, ya que no había tenido la oportunidad de hacerlo. Después de un rato, decido regresar al hotel, pero voy por un café al restaurante que hay.

-Hola, ¿me puedes dar un capuchino de vainilla?

-Claro, señorita -comienzo a mirar todo el lugar hasta que un hombre se sienta al lado mío.

-Mesero, ¿me puede dar un café doble? -este se voltea y me regala una sonrisa.

-Hace mucho que no veía a una mujer tan hermosa -cuando dice eso, siento cómo mis mejillas se ponen coloradas, ya que el hombre es bastante lindo, aunque no tan lindo como Dante... por dios, Valerie, ¿qué dices?

-¿Cómo te llamas?

-Valerie Jones -extiendo mi mano y él la besa.

-Un placer, Valerie, soy Arturo De Rosa -casi me muero de la risa por su apellido, pero me la trago porque sería una falta de respeto-. Bueno, ¿y qué te trae a Venecia?

-Vengo por negocios con mi jefe.

-Oh, ya veo. ¿Y quién es tu jefe?

-Dante Giordano -cuando digo su nombre, veo cómo Arturo se pone serio- ¿Pasa algo, señor De Rosa? -cuando él dice eso, cambia la cara y me vuelve a sonreír.

-Dime, Arturo, ¿pasa que Dante y yo no tenemos muy buena relación, que digamos?

-Oh, ya veo -el mesero llega con nuestras bebidas y comenzamos a conversar un rato de nuestras vidas. Al parecer, el hombre es empresario y tiene 28 años. Cuando ya es hora de partir, esta toma mi mano.

-¿Puedo invitarte a comer esta noche? -Dante me matará, pero él no es mi dueño.

-Claro, me encantaría.

-Nos vemos en la recepción a las 8 pm.

-Dale -este me da un beso en la mejilla, lo que me hace sonrojar, y luego me voy a la habitación. Pero al llegar, me encuentro una gran sorpresa: Dante está gritando por todos lados y la habitación está destruida.

-Por dios, ¿qué pasó aquí? -digo algo alterada, y cuando él me ve, corre hacia donde estoy, estampándome contra la pared.

-¿DÓNDE MIERDAS ESTABAS? -dios, sí que está enojado.

-Oye, Dante, suéltame, que me lastimas -trato de moverme, pero este aprieta más fuerte.

-Responde, Valerie.

-Estaba dando una vuelta, ya que tú ya te fuiste.

-Di la orden de que no salieras, ¿y lo que haces? ¡Golpear a uno de mis hombres!

-No puedes retenerme como si fuera tu prisionera.

-Claro que puedo, nena -acaricia mi mejilla y luego da besos en ella-. Tú eres mía -me susurra al oído, así que saco fuerzas de donde no las tengo y lo empujo.

-Vete al diablo, Dante -me encierro en el baño y escucho sus golpes, pero no salgo. Al rato, salgo y veo que no hay nadie, así que aprovecho y me arreglo para la cena con Arturo.

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