Mi gran sorpresa.

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Capítulo 7 El reencuentro

Capítulo # 4

En el parque.

En otro lado.

—¡Ja, ja, ja, en serio, Ellis! —dijo Taisha divertida.

—Sí —afirmó Ellis.

—Hey, ¿dónde se metió Aisha? —comentó ella, levantándose.

—Es verdad, no la veo —dijo Chloe, preocupada.

—La voy a buscar —anunció Taisha.

—Te acompaño —se ofreció Adam.

—Vamos.

Chad se acercó.

—Hola.

—Chad, acompáñame. No encuentro a Aisha —dijo Taisha angustiada.

—Sí, vamos —respondió él.

En otro lado.

—Oye, nena, tranquila —dijo Hans.

—Sí —la calmó Maddie.

—Dime, ¿cómo se llama tu mamá? —preguntó él.

—Este…

—Hans, pregúntale cómo se llama —intervino Maddie.

—Perdón, ¿cómo te llamas? —repitió él.

—Me llamo Aisha —respondió la niña.

—Aisha —repitió él.

—Oye, Aisha, dinos, ¿cómo se llama tu mami? —insistió Maddie.

—Mi mamá se llama… —iba a decir cuando de pronto se oyó a Taisha gritar.

—¡Aisha! ¡¿Dónde estás?!

—Me llaman —dijo la niña emocionada al escuchar la voz de su madre.

—Debe de ser tu mamá —comentó Hans.

—Sí —afirmó feliz.

Taisha y Chad llegaron corriendo; Hans estaba de espaldas.

—Aisha, ¿dónde estabas? —preguntó Taisha mientras corría hacia ella.

Aisha la abrazó.

—Mami.

—Taisha —murmuró Maddie impresionada.

—Maddie —respondió Taisha, atónita.

Hans se dio la vuelta y se quedó impactado al verla.

En su mente solo resonó: —Taisha…

Ella lo miró.

—Hans.

Aisha, rompiendo el silencio:

—Mami.

Hans no daba crédito a lo que oía.

—¿Dónde estabas? —preguntó Taisha.

—Me caí.

Taisha se mostró asustada.

—¿Estás bien? ¡Dime!

—Estoy bien, solo fue un rasguño —dijo Hans.

—Gracias por ayudar —respondió ella, cortante.

—¿Qué pasó, hermosa? —preguntó Chad.

—Chad —dijo Aisha abrazándolo.

—Aisha, ve con Chad, yo me llevo la bicicleta —dijo su madre.

—Sí, mami —respondió la niña.

—Vamos a comprar un helado —ofreció Chad.

—Sí, de chocolate —pidió alegre Aisha.

—Claro que sí, princesita —sonrió él.

—Gracias por retenerla —dijo Taisha mirando a los hermanos.

—No sabía que tenías una hija —soltó Maddie, asombrada.

—Sí, es mi hija —dijo Taisha, recogiendo la bicicleta.

—Se parece mucho a ti —comentó Hans.

—Gracias, tengo que irme.

—Espera —dijo él, intentando acercarse.

Ella percibió la intención y retrocedió un poco.

—Lo siento, tengo que irme. Mi familia me espera —respondió Taisha, cortante.

Se marchó dejando a Hans y Maddie atónitos.

—Estoy perpleja —dijo Maddie.

—Yo más —murmuró Hans.

Taisha estaba completamente nerviosa; no podía creer que Hans estuviera en Estados Unidos ni que padre e hija se hubieran encontrado así. Debía calmarse. Se reunió con sus hermanas y decidió que era momento de irse.

—Me voy —anunció.

—¿Por qué? Apenas llegaste —preguntó Chloe.

—Sí, mami, ¿por qué? —preguntó Aisha, seria.

—Nos vamos y punto —respondió Taisha, firme.

—Es mejor irnos —dijo Chloe, levantándose con ayuda de su esposo; su vientre estaba enorme.

—Sí —afirmó Olivia.

—Pero —dijo Aisha, triste.

—Luego volvemos —animó Adam.

—Está bien —aceptó Aisha, afligida.

—Chad, ¿me llevas a casa? —pidió Taisha.

—Sí.

Taisha cargó a su hija en brazos.

—¿Puedes llevar la bici? —le preguntó a Chad.

—Sí —respondió él.

Se fueron en silencio. Al llegar, Taisha curó la herida de Aisha y la bañó para que durmiera un poco.

—Estás muy seria —observó Chad.

—No voy a estarlo, acabo de ver a Hans —respondió ella.

—¿Dónde? —preguntó él, incrédulo.

—El hombre que estaba hablando conmigo, él es Hans.

—¿Conoció a su hija? —dijo él, sorprendido.

—Sí.

—Ha vuelto… ¿y ahora qué harás? Tiene derecho a saber que tiene una hija contigo —le recordó mirándola.

—No lo sé. Cuando lo vi cerca de Aisha me sentí insegura —confesó ella.

—Pero habla con él.

—No lo sé —dudó, levantándose del sofá y paseando por la sala.

—Es tu oportunidad; quizás aún te ama.

—No lo creo, Chad —dijo ella, insegura. Ya habían pasado cinco años desde que se fue.

—Piénsalo bien. Él merece saber que tiene una hija; tú no puedes ocultárselo.

Taisha lo miró. En parte tenía razón: no era justo negarle a Hans ese conocimiento. Chad, por su parte, sentía celos de la reaparición de Hans, pero también sabía que el hombre merecía saber la verdad. Lo mejor era que ella reflexionara en calma.

—Me tengo que ir —anunció, levantándose—. Tienes que pensar y eso se hace en soledad. Piensa en el futuro de tu hija; ambos merecen conocerse.

—Gracias por todo, Chad —le dijo agradecida.

—De nada.

Antes de marcharse, él le dio un beso en la frente y salió de la casa.

Taisha estaba confundida: al principio quería que él reapareciera y conviviera con su hija, pero con el tiempo se había resignado a creer que no volvería y que su hija sería solo suya.

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