Capítulo 5 Un posible encuentro
Capítulo 3
En la casa Collins.
Taisha llegó a casa y se dio un baño. Desde que comenzó a trabajar, algunos días eran complicados, pero quería dar lo mejor a su princesa.
—Aisha, es hora de comer —anunció colocando la comida en la mesa.
—Sí, mami. Hoy vi a la tía Jasmín y al tío Alfred —dijo la niña con una sonrisa, sentándose.
—En serio, qué bueno.
—Pronto será mi cumpleaños —recordó.
—Lo sé.
Chloe entró a la casa con unas bolsas.
—Hola —dijo mientras las dejaba en la mesa.
—Chloe, ¿cómo te sientes? —preguntó Taisha.
Chloe se acarició el vientre.
—Bien, aquí con tu sobrino —recordó.
—Hola, bebé —dijo Aisha tocando la pancita.
—Nace en tres semanas —informó Chloe.
—Qué emoción. ¿Y Ellis? —preguntó Taisha.
—En la casa, solo vine de pasada —contestó Chloe.
—Qué bien, hermanita —sonrió Taisha.
—Tía Chloe, pronto será mi cumpleaños, ¿qué me vas a regalar? —preguntó Aisha.
—Es una sorpresa —respondió Chloe, alegre.
—Me asustan tus sorpresas —dijo Taisha; su hermana siempre exageraba con los regalos.
—Mañana iremos al parque con Olivia y el pequeño Andrés —anunció Chloe.
—Perfecto, mañana lo tengo libre —respondió Taisha.
—Nos vemos mañana —se despidió Chloe, alejándose.
—Ok —contestó Taisha, observándola marchar.
—Mami, mañana vamos a jugar mucho, ¿verdad? —preguntó la niña, emocionada.
—Claro que sí, preciosa —respondió Taisha con alegría.
—A comer.
—Sí —dijo Aisha, y ambas comenzaron a comer. Taisha la miró fijamente, sorprendida por cuánto se parecía la niña a su padre.
—¿Por qué me miras tanto, mamá? —preguntó Aisha, inocente.
—Por lo hermosa que eres —respondió Taisha, sonriendo.
—Gracias, mami. ¿Cuándo conoceré a mi papá? —insistió la niña. Siempre quería saberlo.
Taisha se puso nerviosa.
—No sé, depende de cuándo llegue de su viaje —dijo, levantando el plato para retirarlo.
—Mami, ¿pero mi papá es guapo? —preguntó con curiosidad.
—¡Uff, guapísimo! —exclamó Taisha, casi enamorada.
—Lo quiero conocer, mami.
Taisha pensó: Ojalá sea pronto, hija.
…
En la casa Johnson.
—Hans, mañana vamos al parque para que te distraigas un poco —le dijo Maddie sonriendo.
—Está bien —respondió sin ánimo.
Hans solo pensaba en Taisha y en todas las preguntas que quería hacerle.
La noche pasó rápido. Taisha se despertó un poco tarde, pero no le dio importancia: era su día libre y podía descansar más. Luego recordó que iban de paseo y que tenía que despertar a su hija. Entró al cuarto y la despertó a besos en la mejilla y con cosquillas; adoraba la complicidad que tenía con ella y cómo la maternidad la había transformado.
Antes no pensaba en realizarse como mujer; solo quería casarse con Hans y ser la típica ama de casa que se queda a criar a los hijos. Pero el destino tuvo otros planes y ella prefirió desarrollarse como profesional, para que su hija se sintiera orgullosa y sus hermanas no la vieran como una carga.
Su hermana Olivia terminó casándose con Adam, su exjefe. Cuando empezaron a salir fue algo extraño, pero nunca había visto a Olivia tan feliz. Cuando se casaron, Taisha comprendió que Olivia lo amaba y que se merecía esa felicidad: había asumido el rol de madre durante años y necesitaba un buen hombre a su lado; Adam lo era para ella.
Chloe se había casado con Ellis, su novio de toda la vida, que la amaba por completo. Taisha se alegraba por la dicha y realización de sus hermanas.
Vio a su hija aún somnolienta y le dio una palmadita en el trasero.
—Es hora de levantarse, amor. Tenemos que salir.
Aisha se levantó de mala gana, pero quería acompañar a su mami.
Taisha la llevó al baño y la bañó con paciencia, enseñándole a disfrutar el momento sin prisas. Al salir, eligió para ella un conjunto rosa con blusa blanca y unas gomas rosadas con negro. Taisha la peinó.
—Ya estás lista.
—¿Cómo me veo?
—Muy bien, preciosa —respondió, sonriéndole.
—Mamá, apúrate —dijo Aisha, impaciente.
—Ya voy —contestó Taisha, levantándose de la cama para vestirse mientras la niña brincaba emocionada—. ¡Yupi! ¡Ya quiero irme!
—Oye, Aisha, pásame ese pantalón —le pidió señalándolo.
—Está bien —dijo la niña, bajando de la cama, agarrándolo y entregándoselo.
—Gracias. Nada de perderte —la reprendió en serio.
—Lo sé —contestó Aisha, también seria.
—Nada de meterte con los niños —la advirtió, sabiendo que era un poco traviesa.
—Lo sé, mamá —dijo ella, ya cansada.
—Aisha —habló Taisha con autoridad.
—¿Qué? —preguntó mirando a su madre.
—Nada —dijo Taisha, riéndose.
—Mami, apúrate —se quejó la niña.
—Ya voy.
Taisha terminó de arreglarse, preparó el desayuno y salieron hacia el parque, donde ya estaban sus hermanas con sus esposos.
